Una vida “accidental” y plena

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Mónica Oriol tiene seis hijos, un marido y una carrera vasta en el mundo empresario. Dice que no sólo es posible conciliar la vida laboral y familiar, sino que es necesario.

“Aquello que algunos llaman intuición, es el ángel de la Guarda al que me encomendó mi abuela materna con quien tanto aprendí de la vida…un ángel que me ha ayudado en muchos momentos personales y profesionales, inspirándome respuestas sabias a problemas que me superaban”.

Maneja una moto y llega montada en ella la mayor parte de las veces para enfrentar la lucha con los endiablados atascos madrileños. “La trayectoria de Seguriber es parecida a la de mi vida: accidental, llena de paradojas y sorpresas aunque a vista de pájaro muy lineal”, dice la presidente del grupo, Mónica de Oriol e Icaza.

-¿Cómo surge Seguriber?
-También fue casualidad que naciera Seguriber, una empresa que empezó con apenas una docena de personas y que hoy tiene 2.300. El que es hoy mi marido, también emprendedor y dueño de su tiempo, le era difícil aceptar mis rígidos horarios en la empresa en la que trabajaba y me propuso llevar una microempresa que él había fundado. Había una oportunidad de comprar otra de similar tamaño, la compré, luego las fusionamos y ahora somos socios: es decir, soy empresaria por casualidad y la causa fue el acomodar mi horario en vez de a un jefe al de mi marido y socio. Eso fue en el ´89.

-¿Imaginaste en algún momento este horizonte para la compañía?
-A 16 años de aquel momento, debo decir que nunca planifiqué un horizonte a largo plazo. No ha nacido de un business plan: es producto de una entrega apasionada, diaria, continua, de mucha exigencia, de importarnos sí, las relaciones a largo plazo con márgenes razonables y sin obsesionarnos por crecer y crecer en tamaño, si no más bien por aportar valor al cliente y recibirlo en forma de rentabilidad y fidelidad.

-¿Cuáles son para ti las claves del éxito?
-Creo francamente que hay pocas claves para el éxito. Siempre he buscado personas con quien compartir afinidad en lo profesional y en lo ético, personas a quienes admiro por su conocimiento y su capacidad, personas que saben entender que los problemas se resuelven en la mesa camilla de un despacho, hablando con sinceridad y transparencia y siempre buscando soluciones y no culpables. Personas que escuchan, que entienden y que atienden, que piensan y resuelven.

-¿Las personas en primer lugar?

-Es en todo caso un espíritu que ha prevalecido, el de darle valor a aquellos para quienes el compromiso y la palabra valen más que la rentabilidad en el corto plazo, personas para quienes un incidente perjudicial para un cliente es un disgusto y para quienes un acierto es motivo de alegría; personas que vienen a compartir su trabajo en cuerpo y alma.

-Decidiste montar la empresa para conciliar familia y trabajo…

-Mi receta ha sido aplicar las mismas fórmulas en casa y en la oficina: enfocarme en tres o cuatro temas fundamentales, vitales, y delegar el resto en equipos alineados, en comunicación sincera y profunda, la simplificación de tareas, la normalización de la rutina, el compartir problemas, buscando soluciones entre los implicados, dándose mucho, sembrando, regando y abonando …y paciencia, tesón y esperanza por supuesto.

-¿Entonces se puede?
-Os aseguro que el equilibrio entre vida familiar y profesional es posible y sobre todo deseable: yo estoy donde estoy y confieso que mis hijos son mi mayor orgullo. Les he dedicado tiempo y cariño. Y a mi marido, tiempo y atención; le acompaño como consorte a menudo, y él a mí también.

-En tu discurso has destacado a tres personas que te acompañaron en este camino…
-A Josefina Trancón porque ha llenado nuestro hogar en todos los momentos en que yo he faltado y ha sido durante 22 años mis manos y mis pies en casa ayudando a criar y educar a cada uno de mis hijos; a Isabel Satrústegui, actualmente Directora de Calidad y atención al Cliente en SEGURIBER, porque la compañía no sería lo que es sin ella, y a mi marido Alejandro, porque fue el gatillo que me puso en este camino y porque creyó en mí. Porque compartimos tanto, porque es un buen socio y porque es una escuela en estrategia empresarial además de mi aliento cuando en alguna ocasión he estado a punto de tirar la toalla.

:: Perfil ::

Más allá de la humildad que exhibe, Oriol a los 44 años fue merecedora del premio a la mujer empresaria y por muchas razones. Por ejemplo, el hecho de que su dilatada trayectoria profesional no le haya impedido conciliar su carrera laboral con su vida personal. A los 21 años ya tenía a tres de sus 6 hijos. Es doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y Diplomada en Economía de la Unión Europea por London School Of Economics, además de haber participado en cuanto curso de gestión y finanzas haya habido, sin contar con que habla inglés, francés y alemán.
Fue una destacada académica y de esa época recordó las sesiones “sesudas” de charlas entre pares, en las que ella no paraba de hablar porque como dice su marido, Oriol “habla hasta debajo del agua”.En realidad, se reconoce economista por azar. “Yo de pequeña quería ser primero misionera, luego médico, luego arquitecto, y acabé siendo economista por defecto: eran pocas las carreras que se podían estudiar a distancia y yo me había instalado en Londres al casarme al poco de terminar COU….”. Premio Empresaria por Fedepe, el azar, en este caso acompañó al esfuerzo y al tesón.

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