El Bomber de Portal 

Semana Santa. Cambio de ciudad. Cambio de casa. Cambio de energía. Y, por supuesto…apertura de aplicación.

No hay nada como llegar a un sitio nuevo y pensar: vamos a ver qué hay por aquí. Match. Empiezas a hablar. Fluye. Quedáis. Y entonces ocurre algo que no estaba en el guión: vive puerta con puerta. Puerta. Con. Puerta.

La fantasía logística hecha realidad. Quedáis para tomar algo. Dos besos. Tres besos. Buen rollo.

Y tú piensas:bueno… interesante. Hasta aquí, todo normal. Pero al día siguiente… empieza el espectáculo.

Mensaje:
— “Eres un ángel caído del cielo.”
— “Eres justo lo que estaba esperando.”
— “Esto ha pasado por algo.”
— “Yo no pongo barreras, me entrego.”

Perdón. ¿A quién? Porque yo todavía estoy en la fase de “¿cómo se apellidaba?” Pero no solo eso. Empieza a hacer planes.
Planes. Sin haber pasado ni pantalla dos.

Te incluye en su vida. En sus fines de semana. En su agenda emocional. Y de repente…eres “amorcito”. Amorcito. En menos de 48 horas.

Sin haber tenido ni una conversación profunda. Sin haber construido nada. Sin haber pasado nada. Amorcito.

Y ahí es cuando levanto una ceja. Luego la otra. Y, sin previo aviso, aparece detrás de mi cabeza un halo rojo. No es el hilo rojo. Es un halo. Enorme. Como una bandera ondeando en mitad del salón. Red flag nivel: sal de ahí. Plot twist.

Al día siguiente te dice:

— “Tengo un niño de cuatro años.”
— “Se duerme a las nueve.”
— “Ven a las nueve y media, vemos una serie.”

Y tú piensas: ¿Perdona? No hemos tenido ni una segunda cita y ya estoy entrando en logística familiar.

Y ahí lo ves claro. No es amor. No es conexión. Es otra cosa. Es el Bomber de Portal.

Ese perfil que no te conoce… pero ya ha decidido que eres. Que no pregunta… afirma. Que no construye… proyecta. Que no avanza… acelera.

Porque cuando alguien te llama “amorcito” en la segunda cita no está sintiendo más. Está sintiendo demasiado pronto. Y eso no es intensidad bonita. Es intensidad sin filtro. Lo tengo claro.

Prefiero a alguien que tarda en descubrir quién soy que a alguien que lo tiene clarísimo en 24 horas. Porque el amor de verdad no entra así.

No empuja. No invade. No decide sin preguntar. El amor real no vive puerta con puerta. Se construye. Y si empieza demasiado rápido… casi siempre termina igual de rápido.

El proyecto El amor en los tiempos del Match vive también fuera del papel:

recientes

lifestyle

Newsletter

Otros artículos