Una pizca diaria

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¡Está claro! Raro es quien no lo necesita. Alguien habrá. ¡No lo dudo! Pero prefiero pensar que no. Me refiero al cariño. ¡Una pizca diaria y el mundo pinta de otro color! Mi teoría es que todo ser vivo, por más yermo que parezca, necesita un requiebro cada día.

En cuestión de medidas y de formas ya somos más dispares. Lo que para unos es bastante, puede que para otros resulte corto. En pareja conviene conciliar, pues es tema muy serio. Vaya a ser que donde uno crea que va sobrado la otra piense que ni llega, o al revés. Nada, nada, a comunicarse mejor que bien y a entenderse que en estos temas no hay perder ni un minuto.

Empezar el día bien cuenta mucho. Con el despertar, por más que disguste a algunos, sonrisa y achuchón. Si la soledad es la compañera, ¡te sonríes a ti y te achuchas tu!  ¡Qué caramba! Con ese empujón se desayuna de otra forma. 

Los rituales de cariño se establecen solos. Nacen porque sí. Porque las partes lo desean. Los danzan y los bailan sin pestañear. Pueden durar una vida entera, o dos semanas, pero duren lo que duren son mágicos.  RITUALES DE CARIÑO
Los rituales de cariño se establecen solos. ¡Es lo mejor! Nacen porque sí. Porque las partes lo desean.  Los danzan y los bailan sin pestañear. Pueden durar una vida entera, o dos semanas, pero duren lo que duren son mágicos. Lo son porque mientras se cumplen lo llenan todo de pequeños momentos de luz y ¡zas! aparece la sonrisa. Esa que llega de lo más profundo del corazón. No me refiero a la que salta por el chiste gracioso.

El cariño es cosa de uno, de dos o de cientos. Da igual. En las familias, en el trabajo, en tu tiempo libre.  No lo notarás, o sí, pero tantas pizcas como repartes recibes después. Para mi gusto los mejores rituales son los que se establecen en el hogar y con los amigos de verdad.  Todo lo demás, también vale, pero no es lo mismo. Forma parte del gesto de gratitud que cualquier ser humano le debe al universo y que pasa por dar lo mejor de uno cada vez que sea necesario.  Otros lo llaman buena educación pero a mi se me queda corto.

LA PAREJA
En pareja las pizcas de cariño diarias deberían de ser obligatorias por decreto que, dicho sea de paso, tal y como están las cosas, a lo mejor hasta eso nos regulan. Me permita quien me lea el chascarrillo. ¡No lo puedo remediar!

Dar y recibir en el gesto del querer es todo uno cuando de la pareja se trata. Se convierte en una experiencia tan plena, cuando es verdadera, que te deja satisfecho para todo el día. Y si la relación va bien, no hay sustituto que valga. 

Cuando aflora alguna inquietud de búsqueda de otros alicientes, por decirlo en fino, por cualquiera de las dos partes, no peco si digo que la cosa va coja. Si uno de los dos encuentra las pizcas de cariño diarias más allá de los límites de la relación ya no necesitará las que su pareja le dispense por lo que la descompensación entre el dar y el recibir estará servida.

Las pizcas de cariño son unos indicadores muy sensibles. Capaces  de hacer saltar por los aires las fortalezas mejor armadas, por eso hay que cuidarlas y  mantenerlas vivas pese a las mil vueltas que nos da la vida. Quien no entienda de eso no entiende el “primer tomo” de la cosa parejil.

¿CARIÑO EN LAS EMPRESAS?
Las pizcas de cariño son susceptibles de adoptar muchas formas y útiles para muchas cosas. Esa capacidad que tienen para “disfrazarse”, les permiten actuar en entornos muy diversos. El laboral es uno de ellos.

Pasamos un mínimo de cuarenta horas semanales en nuestros trabajos. Relacionándonos con personas que no hemos elegido y con las que no nos une gran cosa, en la mayoría de las ocasiones. Tenemos que resignarnos con  lo que nos llega, sobre todo  si no somos capaces o no podemos, por las circunstancias (nuestra edad, las responsabilidades familiares, el mercado de trabajo, etc.)  cambiarlo. ¡Hay que buscar fórmulas para no hundirse!

La resignación conlleva sufrimiento y eso no ayuda. Cuarenta horas de sufrimiento a la semana pueden crear adicción y al final acabas sufriendo por todo. ¡No! Pon rumbo hacia la aceptación inmediatamente. Cuando llegues a destino, aplica sutiles pizcas de cariño en tu día a día laboral empezando por tu espacio, por ti misma y terminando por el resto de la humanidad que te rodea. Te sorprenderán los resultados.

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