Tu energía, ¡Un valor al alza!

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Para bien o para mal en la vida todo gira alrededor de la energía y, en estos tiempos, más. Para el caso, de la que voy a hablar es de la humana que es por la que no tengo que pagar ningún canon y la que, se mire por donde se mire, es la primera y más importante. Tanto que, de no tenerla, el resto no importa.

Porque todos lo valemos
Mantener la energía no es fácil. Los niveles suben y bajan dependiendo de mil factores. Que si la dieta, que si el estrés, que si el miedo, que si los problemas a los que no se encuentra solución. La mente por un lado, el corazón por otro y el cuerpo aguantando.

Si fuésemos capaces de recrear en nuestra mente una vejez independiente, sana, plena, alegre y feliz podríamos conseguirla. Es un momento en el que sigues generando la misma energía que cuando naciste pero que lo que sucede es que la administras de otra manera.Dicen los entendidos que nuestras células se están regenerando constantemente. A mi me gusta la idea porque, por esa regla de tres, el hígado con el que nací nada tiene que ver con el actual y lo mismo para todo el cuerpo. ¡Es perfecto!. Todo mi cuerpo renovado cada equis tiempo. La cuestión pasa por encajar el fenómeno del deterioro del paso de los años dentro de semejante afirmación. En este punto mi decisión es tajante: poner en valor mi energía y pasar a la acción. Es una estupenda receta para todos. ¡Porque todos lo valemos!.

La mente y el deterioro físico y emocional
Tenemos más energía cuando somos jóvenes que cuando somos mayores. Pero yo creo que eso sucede porque tenemos metido en el cerebro que esto es así porque no queda otra. Estamos acostumbrados a ver envejecer a todo el mundo. ¿Cómo cambiar la imagen asociada a la vejez?

Me gusta pensar que si fuésemos capaces de recrear en nuestra mente una vejez independiente, sana, plena, alegre y feliz podríamos conseguirla. También me gusta pensar que es un momento en el que sigues generando la misma energía que cuando naciste pero que lo que sucede es que la administras de otra manera. Y como pensar no cuesta, proyectaré esa imagen y me esforzaré para que así sea. Al hecho de pensar le añado aprendizaje continuo (de lo que sea), higiene emocional, cero miedos, cero estrés, mucha alegría, profundo sentimiento de gratitud hacia todo, desconexión parcial de todo lo que contamine mi energía y un asumir los cambios que lleguen con talante torero.

Empezar cuanto antes
El problema es que, a lo largo de toda nuestra vida (unos más y otros menos) sólo nos ocupamos, en lo que tiene que ver con lo físico, de tener el aspecto que los cánones estéticos prediquen y de tomar lo que diga el médico cuando el cuerpo se queja.

Entre eso y el estar entretenidos con las rutinas del día a día, o buscando la forma de sobrevivir allá donde nos toque, se nos va el oremus y se nos pasan los primeros setenta años.

A eso hay que sumarle lo poquito “alfabetizados” que estamos en eso de instruir la mente, nutrir el cuerpo y entender cómo fluye la energía por él y cómo hay que relacionarse con ella y con el entorno. La mayoría no siente ni pizca de curiosidad por el tema y así nos va.

Y es que a los ochenta no se pone uno a pensar en cómo hacer los deberes, porque los deberes de los ochenta se empiezan a hacer a los cincuenta y los de los cincuenta a los treinta y así sucesivamente.

Es muy esperanzador comprobar como cada día hay más y más personas que comprenden todo lo que acabo de contar. Satisface ver como en medio de tanto, llamémoslo “jaleo social”, hay seres que entienden todo lo dicho aquí y trabajan ya para mejorar su energía y así contribuir a conciliar la del resto. Me llena de alegría comprobarlo y, lo que es mejor, me hace sentir que, por más que no vea yo la solución a todos los problemas de la humanidad porque no me de tiempo, estoy presenciando el milagro de que gran parte de ella haga el cambio a mejor.

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