¿Para qué vivir la vida?

299

Vivir la vida para nada no es vivirla,  es consumirla sin más y eso, cuando se te acaba por vía natural, acabas descubriendo que “te dejó con hambre”. La vida hay que vivirla para algo. ¡Todos tenemos una razón!.  Si das con la tuya, ejércela.  ¡Ah! y si no la encuentras es que estás buscando mal.   Mira dentro de ti, vaya a ser que estés perdiendo el tiempo “en las afueras”  cuando la razón máxima que te mueve la llevas guardada ¡vete tu a saber dónde!.

¿QUÉ ENTIENDES DE LO QUE VES?
Comprender el verdadero sentido de lo que acontece a tu alrededor es imprescindible para descubrir tus razones.  Y para entender bien hay que conectar exterior con interior.  ¡Gran desafío!.  Entre otras cosas porque para que la conexión se haga  no tiene que haber interferencias y, hoy día,  todo está diseñado para que uno se crea que está conectado a sí mismo comprando una maceta, viendo la televisión u organizando el tiempo libre de manera compulsiva. ¡Eso no estaría mal si así fuera!.  Pero lo que pasa a la mayoría es que en la agitación del ir y venir se pierde tiempo y al final, se te ha pasado la vida y no has conectado ni lo mínimo que tu necesitas para saber si estás “enfocando bien”.

Da igual que seas pobre de solemnidad o el más rico del planeta.  Al final, la receta es la misma en los dos casos: primero sobrevivir; segundo descubrir qué hago bien y por último averiguar qué pinto en este mundo. Aquietarse en la contemplación serena de lo que a uno le rodea es clave para  conectar y entender más allá de lo que se ve.

TU Y TUS CIRCUNSTANCIAS
¿Qué está pasando realmente cuando todo tiembla a nuestro alrededor?.  ¿Qué sucede cuando uno mismo es el epicentro de su propio “agujero negro”?.  ¡Podemos conocer los síntomas!. ¡Establecer diagnósticos!.  ¡Buscar soluciones!.  Pero cuando más allá de todo eso lo que reina  en ti es  el miedo, con sus mil disfraces diferentes, es que no estás conectado.

Las circunstancias de cada uno son su propio camino de aprendizaje. Da igual que seas pobre de solemnidad o el más rico del planeta.  Al final, la receta es la misma en los dos casos: primero sobrevivir; segundo descubrir qué hago bien y por último averiguar qué pinto en este mundo.

¡Hay que hacer los deberes para, contra viento y marea, entender y corregir el rumbo!. ¿Hacia dónde?.  Hacia el estado natural del ser humano: paz interior y sentimiento de plenitud.

VIDA UTIL
Una vida tiene que ser útil para quien la posea.  La utilidad debe estar enfocada a lo que dije al principio: “a que cuando se te acabe por vía natural no te deje con hambre”.

Individualidades aparte, es de todos conocido cómo nos ponemos los humanos  cuando tenemos que soltarla.  La emprendemos con la nostalgia de lo no vivido, de los amores perdidos, de lo que dejamos, por no hablar del miedo que nos entra a dar el salto al otro plano y por no hablar también de lo más o menos doloroso que nos haya resultado envejecer , enfermar, si es que hemos enfermado, y un sinfín de temas más que me dejo en el tintero.

Si necesitas sentir que tu vida es útil, quizá te merezca la pena pensar en que de aquí te vas. ¿Qué sientes que es lo importante para ti llegado ese momento?.

¡TRANSFORMAR DE A POQUITOS!
La vida es, de principio a fin,  un acto trascendente  de tu exclusiva responsabilidad  frente al mundo y que no te pertenece más allá de él.    

Lo que cuenta para convertirla en algo  valioso de verdad  es comprender que todos somos capaces de desarrollarnos  para transformar de a poquitos lo negativo en positivo abriendo un diálogo con nosotros mismos y nuestro ser profundo para dejarnos fluir en nuestra verdadera naturaleza.  ¡Tenemos el potencial!, otra cosa es que queramos darnos cuenta y lo saquemos adelante.  Quizá sencillamente no podamos. Puede ser. Sobre todo si hemos dejado nuestro destino en manos de los demás y nos hemos resignado a él.

Otros artículos de esta columnista…

¿Ya has visitado Columnistas en nuestra ZONA OPINIÓN?        

 

 

 

Artículo anteriorMercedes Wullich en el IE: Tiempo de emprender
Artículo siguienteImpulsando Pymes: una buena forma de reinventarse