¿Pandemia de miedo o solidaridad?

Eran las palabras de Michelle Obama: “Una cicatriz no es un recuerdo de que te hirieron, sino de que sobreviviste”.

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Y yo también tengo clarísimo que, cuando salgamos de esta crisis, todos tendremos unas cuantas “cicatrices” más, experiencias vitales y muchas lecciones aprendidas que nos van a dejar marcados de por vida, pero que también nos harán más fuertes.

El coronavirus nos cogió completamente desprevenidos, sin medios suficientes para luchar, provocando un efecto devastador a todos los niveles (sanitario, económico, empresarial y laboral) y generando, además, mucho miedo entre la sociedad. Y es lógico porque, de repente, nos sentimos muy frágiles frente a un trauma global, provocado por algo completamente inesperado y desconocido y, aunque es cierto que estamos más informados que nunca, el grado de desinformación también lo es.

Empresas muy conocidas por todos y también héroes anónimos han invertido su tiempo y dinero para poner un grano de arena para acabar con esta crisis sanitaria.

Por si fuera poco, hemos vivido situaciones propias de una catástrofe natural o una guerra: montones de estanterías vacías en los supermercados, la compra compulsiva de mascarillas, guantes, desinfectantes y medicamentos en la farmacia, robo de material médico en algunos hospitales y hasta la prohibición de salir de nuestras casas… ¿Cómo no vamos a tener miedo? Tanto que muchos han decidido incluso bautizar esta crisis como “la pandemia del miedo”, pero ¿realmente lo es?

Tengo mis dudas y, de hecho, me atrevo a pensar que se trata más bien de una visión un tanto miope de la realidad porque yo también observo con claridad una fuerte “pandemia de solidaridad”. Tan solo hay que abrir las noticias para comprobarlo:

  • “Llegan el millón y medio de mascarillas donadas por Inditex y las redes piden dar el Princesa de Asturias a Amancio Ortega” (20 Minutos)
  • “Llega a Madrid el millón de mascarillas y material sanitario donado por el presidente de Huawei” (Europa Press).
  • “Coronamakers: una red de solidaridad para fabricar mascarillas y respiradores” (La Vanguardia)

Y son tan solo unos pocos ejemplos de las múltiples noticias que se han publicado estos días con grandes demostraciones de solidaridad, de empresas muy conocidas por todos, pero también de héroes anónimos que han invertido su tiempo y dinero para poner un grano de arena que permitiera acabar, por fin, con esta crisis sanitaria.

Por todo ello, ¿por qué no empezamos a hacer un poco más de caso a Darwin? ¡El hombre que todo lo sabía de las emociones! El siempre decía que son un mecanismo de supervivencia y que, por ello, hay que aprender a gestionarlas con mucha inteligencia.

El miedo es el estado emocional que se genera dentro de nosotros, de forma natural, frente a una posible sensación de peligro. Es una emoción que provoca cambios en nuestro cuerpo y que nos prepara para hacer frente a una posible amenaza, activando la frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, la tensión muscular y la sudoración.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es que puede convertirse igualmente en un pensamiento boicoteador e insistente de que algo no va a salir bien. Por eso, se trata de una emoción que viaja acompañada de la parálisis, buscando con ella evitar el posible dolor derivado de un error y, por si fuera poco, puede llegar a “nublar la razón”, lo que en el caso de esta pandemia es un grave problema que podría agravar tanto la situación como el ritmo final de salida.

Por esa razón, quisiera terminar aclarando que yo también tengo miedo y que, cuando lo siento, trato de pensar en toda esa solidaridad, demostraciones de que juntos podremos conseguir acabar, por fin y cuanto antes, con esta pesadilla.