Guía para un embarazo saludable

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Para que el embarazo culmine de forma feliz y saludable, tanto para la madre como para el feto, existe un protocolo muy claro en cuanto a las pruebas a realizar durante el embarazo, por eso esta guía imprescindible. Saltarse estas pruebas conlleva riesgos innecesarios, ya que gracias a ellas se pueden detectar y prevenir numerosos problemas de salud materno-fetales.  

¿Pero en qué consiste este estrecho seguimiento? En general se fundamenta en un triple control: clínico, que consiste en acudir a las visitas médicas; analítico, que implica someterse a varios análisis cada trimestre; y ecográfico, que comprende la realización de tres ecografías.

Toda embarazada debería iniciar el control de la gestación a partir de la semana siete u ocho. Este examen clínico incluye una visita mensual al médico, en la que se vigila el peso y la tensión arterial, y se estudian las proteínas de la orina. La detección de cifras de presión altas y niveles elevados de albúmina en la orina indicarían que la mujer puede haber desarrollado hipertensión gestacional, que sería necesario analizar en profundidad.

En general se fundamenta en un triple control: clínico, que consiste en acudir a las visitas médicas; analítico, que implica someterse a varios análisis cada trimestre; y ecográfico, que comprende la realización de tres ecografías.Primer trimestre: descartar infecciones y anomalías
En el primer trimestre, se realiza una analítica general para averiguar el grupo sanguíneo de la madre y su factor RH. Se le realiza un hemograma (recuento global y en porcentajes de los tres tipos básicos de células y su morfología, vistas con un microscopio para descartar problemas sanguíneos como la anemia), un análisis de orina para confirmar que no hay infección y serologías de enfermedades infecciosas que pueden ser relevantes para la buena evolución del embarazo y el desarrollo del feto, como la rubeola, el toxoplasma, la hepatitis B y C, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y la lúes o sífilis. Es fundamental detectar a tiempo si la gestante es portadora de estas infecciones.

Además, el primer trimestre es un momento crucial para averiguar si el futuro bebé sufre alguna anomalía cromosómica. Se efectúa un cribaje analítico-ecográfico de las alteraciones cromosómicas del feto que, en los últimos años, ha mejorado y se ha convertido en uno de los avances más destacables en este campo.

Segundo trimestre: tras la diabetes gestacional y el Rh
En el segundo trimestre (semanas 24-28), se realiza el Test de O’Sullivan para descartar la diabetes gestacional. Esta prueba analiza la sobrecarga de glucosa (azúcar) en sangre. Sólo si se encuentra alterada se realiza una curva de glucemia para descartar o confirmar el diagnóstico de la diabetes gestacional, que desaparece después del parto. Este problema afecta al 10% de las embarazadas. Detectarlo es importante porque el bebé podría aumentar su tamaño en una proporción mayor de lo habitual y obligar a practicar una cesárea, además de incrementar el riesgo de obesidad en su etapa adulta.

En este periodo del embarazo se realiza también un nuevo hemograma. Si en la analítica anterior se ha confirmado que el RH es negativo, se practica el Test de Coombs Indirecto para comprobar que no existe incompatibilidad entre la sangre de la madre y la del feto, y que la madre no desarrolla anticuerpos contra ésta.

La diabetes gestacional afecta al 10% de las embarazadas. Detectarlo es importante porque el bebé podría aumentar su tamaño en una proporción mayor de lo habitual y obligar a practicar una cesárea, además de incrementar el riesgo de obesidad en su etapa adulta.Tercer trimestre: factores de coagulación y streptoccocus
En la recta final del embarazo se repite el hemograma y la prueba para descartar la infección por VIH, el Test de Coombs Indirecto y, de cara al parto, se analizan los factores de coagulación de la sangre. Además, hacia las 35 ó 36 semanas se lleva a cabo un cultivo del fluido vaginal y rectal para asegurarse de que la madre sea portadora del Streptoccocus del grupo B. El objetivo es evitar que el bebé se infecte con ese microorganismo al pasar por el canal del parto y prevenir la sepsis neonatal. Para ello, si se constata la presencia de este germen en la flora genital, que ocurre en el 25% de los cultivos, según Armengol, se le administra a la madre un antibiótico antes del parto.

Control ecográfico: uno cada tres meses
Además debe realizarse un control ecográfico cada tres meses. La primera sirve para realizar un estudio de la anatomía precoz del feto y para diagnosticar algunas malformaciones congénitas. La segunda ecografía permite estudiar, con una alta definición, la morfología de estructuras anatómicas como el corazón, el cerebro, los pulmones o el abdomen, y descubrir malformaciones como los defectos del tubo neural (espina bífida), prevenible si se toma ácido fólico al menos un mes antes del embarazo y durante éste. La tercera, tiene como objetivo diagnosticar otras malformaciones que puedan haber aparecido de forma tardía, confirmar que el feto tenga un desarrollo normal y que no sufra retrasos de crecimiento.

Recordatorio
1. Iniciar el control gestacional hacia las 7-8 semanas de embarazo.
2. No saltarse ninguna visita médica.
3. En los dos primeros trimestres, realizar una analítica general, del grupo sanguíneo y del factor RH, las serologías de las infecciones (por toxoplasma, VIH; rubeola, hepatitis B y C y lúes o sífilis), y el Triple Screening.
4. En el segundo trimestre, descartar diabetes gestacional y una analítica general.
5. En el tercer trimestre, otra analítica de los factores de coagulación, para descartar la anemia y repetir la prueba del VIH.
6. En la semana 35 ó 36, un cultivo estreptocócico.
7. Someterse a las tres ecografías de rigor que incluye el protocolo del embarazo.
8. Seguir una alimentación sana.
9. Tomar ácido fólico para prevenir los defectos del tubo neural.
10. Lavarse con frecuencia las manos.

Fuente: Sandra Hernández, obstetra del Hospital Clínico de Barcelona.

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