Confinamiento: los síntomas físicos después de un mes

No hay duda de que el confinamiento tiene efectos sobre la salud. Identificamos cuatro síntomas físicos comunes y cómo ponerles remedio.

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Cuatro síntomas físicos de un mes de confinamiento

Ha pasado un mes desde que se decretó en España el estado de alarma por el coronavirus. Con él, la prohibición de salir a la calle sin causa justificada. Este tiempo de confinamiento ha supuesto un cambio de hábitos radical que empieza a notarse en el cuerpo. Estos son los síntomas más comunes que se pueden experimentar durante un aislamiento tan prolongado, su origen y qué hay que hacer para aliviarlos.

Este tiempo de confinamiento ha supuesto un cambio de hábitos radical que empieza a notarse en el cuerpo.

Un dolor de cabeza que comienza en la mandíbula

Esta crisis está causando estrés y ansiedad, lo que favorece la aparición de trastornos respiratorios del sueño que podrían llevar a un mayor apretamiento dentario y a la aparición o agravamiento de casos de bruxismo. Es este un problema que produce molestias en la mandíbula, cuello, dolor de cabeza, rotura de piezas dentales…

La mejor manera de combatirlo es usar una férula por las noches, por lo que, quienes la tengan, no deben dejar de ponérsela. Para quienes no disponen de este elemento, la recomendación es rebajar el estrés manteniendo horarios y buenos hábitos de sueño en la medida de lo posible, y procurar dormir bocarriba o de lado, ya que son las posturas en las que los músculos de la cara están más relajados.

De las irritaciones a la dermatitis

Según varios expertos, hace un mes eran habituales los casos de irritaciones en manos y antebrazos, asociadas al lavado frecuente de manos. Sin embargo, ahora son más comunes los brotes de dermatitis. Si la piel de las manos o de los antebrazos siguen molestando, la solución es aplicar cremas hidratantes con silicona, que se fijan a la piel y resisten el arrastre del agua. Algunas personas también están experimentando sequedad en la piel, algo que es debido principalmente a las calefacciones mantenidas durante el confinamiento; esta sequedad desaparecerá cuando llegue el calor y se apaguen los radiadores.

No era difícil prever ambas circunstancias, pero el aumento de la caspa es otra cosa. Los casos son ahora más comunes porque con el estrés de la situación muchos han experimentado unos brotes de dermatitis seborreica que provocan, principalmente, picores de cabeza y caspa. En cuanto al tratamiento, es muy posible que el champú anticaspa se quede corto y que sea necesario un champú de tratamiento recetado por un dermatólogo.

Esta crisis está causando estrés y ansiedad, lo que favorece la aparición de trastornos respiratorios del sueño.

¿Por qué no tengo sueño?

Tardar en coger el sueño, sufrir insomnio, desajustar los horarios de irse a la cama y despertarse… Así se entra en un círculo vicioso, o, más bien, una espiral que gira hasta conducir el cuerpo a una patente falta de energía. Para salir de esta situación, conviene sincronizar el reloj biológico con estímulos como la luz, que está asociada a la actividad, y la oscuridad, que llama al sueño. Ayuda mucho exponerse a luces muy intensas y brillantes por la mañana; a ser posible que vengan de fuentes naturales, abrir ventanas, persianas, salir al patio, al balcón…. A la hora de irse a dormir hay que hacer todo lo contrario: favorecer el uso de luces cálidas y tenues. Es importante también seguir unos horarios de comidas y tratar de no cenar muy tarde.

Los sueños angustiosos y las pesadillas también han aumentado durante el confinamiento debido a la situación que estamos viviendo. Para frenarlos es importante evitar hacer actividad física y mental por la noche. Leer noticias sobre el coronavirus a última hora dificultará el sueño, no solo porque su contenido aumentará el nivel de ansiedad, sino también porque las luces que emiten los dispositivos electrónicos alteran los ritmos biológicos.

Dolor de espalda y rodillas

Pasar muchas horas sentado puede producir dolor lumbar, especialmente si estas horas de inactividad se pasan en el sofá porque las rodillas no forman un ángulo recto con las caderas, sino que se sitúan por encima, lo cual aumenta el riesgo de lumbalgia. Y después de treinta días adoptando esta postura durante muchas horas, el dolor puede pasar de las lumbares a otras partes de la espalda. La solución es sencilla: moverse y, siempre que se pueda, usar asientos que favorezcan una buena postura.

Las rodillas tampoco se libran de los dolores; estar todo el día en zapatillas de andar por casa puede acabar causando molestias en las articulaciones de las extremidades inferiores, sobre todo si se el calzado no tiene los refuerzos adecuados. Es recomendable aprovechar el confinamiento para andar descalzo; de este modo se estimula la musculatura de los pies y se favorece una pisada correcta.

Las horas sentado también son perjudiciales para los tobillos, ya que esta postura produce acortamiento de la musculatura posterior. La solución (además de tratar de sentarse menos tiempo), es realizar ejercicios de estiramientos de los gemelos todos los días. Los dolores y la pesadez de piernas también pueden deberse a un empeoramiento de la circulación local. La solución es, una vez más, moverse.