Los valores como tarjeta de visita

En momentos de alta presión y en medio de retos desafiantes, nuestros valores asumen un papel fundamental. En este contexto, es esencial no sólo reconocer su importancia, sino también destacarlos y mostrarlos con elegancia en nuestra carta de presentación al mundo.

Los valores como tarjeta de visita
Foto: The Brand Doctor

Vivimos en una realidad donde convergen múltiples incertidumbres que ponen a prueba nuestros sistemas de valores. Se libra un debate crucial entre el avance tecnológico y la  esencia humanista, con la inteligencia artificial y el metaverso como telón de fondo. De hecho, todo lo ocurrido en los últimos días alrededor de OpenAI no es más que un ejemplo del papel que juegan los valores en las grandes decisiones estratégicas.

Se enfrenta el imperativo del crecimiento empresarial con la urgencia de la sostenibilidad ambiental, así como el enfoque en satisfacer las necesidades del cliente (usuario, paciente o los empleados) frente a la necesidad de mantener la rentabilidad y una sólida estrategia de marketing corporativo para atraer el talento. Estas situaciones, sin duda, ponen a prueba nuestros valores y configuran la percepción  que queremos sobre el mundo, la sociedad y las personas.  

En estos tiempos, los valores se vuelven más relevantes que nunca. Aunque podría parecer una tendencia pasajera, siguiendo las palabras de José Ortega y Gasset, «quien ignora el sentido y la  importancia de esta preocupación se halla a cien leguas de sospechar lo que hoy está aconteciendo  en los profundos senos de la realidad».  

La reflexión de Ortega y Gasset nos recuerda que la atención a los valores no es simplemente una moda efímera, sino que sirve para conectar a las personas con su sentido de identidad y propósito. Y no solo es esencial para la supervivencia de nuestra realidad, sino también para la construcción de un tejido empresarial, social, tecnológico más sólido. 

¿Cuáles son nuestros valores?

En medio de los desafíos y las contradicciones que enfrentamos, nuestros valores se convierten en el faro que nos guía en medio de la tormenta y el timón que dirige nuestro  rumbo en medio de un océano de incertidumbre. No basta simplemente con tener valores; es vital priorizarlos y reflejarlos en nuestro discurso  y nuestras acciones. 

Cada uno de nosotros tiene una clara noción de lo que aporta auténtico valor: un trabajo meticuloso, llevado a cabo con un nivel de desempeño excepcional; un libro que resplandece por su escritura impecable y su uso cuidadoso del lenguaje; una conferencia que se erige como un faro de sabiduría, adaptando su contenido a la audiencia con precisión quirúrgica; un liderazgo que  se destaca no solo por sus decisiones, sino por la atención meticulosa a las relaciones con colegas y  equipos, o incluso, un artículo que pretende deslumbrar – como confío que sea este – en el que se  toman en cuenta los detalles y los intereses de la audiencia para provocar la reflexión. 

En medio de los desafíos y las contradicciones, nuestros valores son el faro que nos guía en medio de la tormenta y el timón que dirige nuestro rumbo en un océano de incertidumbre

Nuestros valores emergen en los momentos cruciales. Lo hemos constatado en las últimas  crisis que han sacudido nuestras vidas, ya sean de carácter económico o sanitario, y también  anticipamos su importancia en los desafíos que el futuro nos depara. 

Los valores ocupan un lugar destacado y es necesario que se muestren con orgullo al presentarnos en sociedad, sea dentro de nuestras organizaciones, en eventos, reuniones, o  en el ámbito profesional, donde se toman decisiones sobre quiénes ocupan posiciones de  responsabilidad, como pueden ser los procesos de selección de perfiles de alta dirección.  

Los valores, objetivamente

Desde una perspectiva subjetiva, los valores corresponden a aquellas cosas que atesoramos y que han tomado forma a lo largo de nuestras experiencias vitales. No obstante, existe otro enfoque, un enfoque objetivo, que ha sido objeto de estudio durante años y da forma a lo que se conoce como la teoría de los valores

Para alguien que aspira a liderar, esta teoría representa una herramienta poderosa que no solo se  basa en la subjetividad, sino que también incorpora aquellos valores objetivos que se consideran esenciales.

El filósofo Friedrich Nietzsche, considerado  uno de los pioneros en el estudio de los valores, sentó algunas de las bases de la teoría que sería  desarrollada posteriormente. Él los definió como algo inherentemente bueno, destinado a satisfacer la voluntad de poder. Según esta perspectiva, los valores son la energía y la motivación que impulsan a las personas en su búsqueda de mayor libertad, crecimiento, superación y mejora continua. 

En última instancia, una persona de valores no solo se esfuerza por hacer el bien para  convertirse en una mejor persona, sino también para contribuir a que su empresa se convierta en una organización mejor. La esencia de una persona líder radica en esta devoción por los  valores y en la firme creencia de que, al seguirlos, se construye un camino hacia el progreso tanto personal como colectivo. 

Sin embargo, no fue sino hasta el siglo XX que la teoría de los valores comenzó a desarrollarse de manera formal y, a partir de estas investigaciones, algunas cuestiones fundamentales comenzaron a  emerger. 

Los valores no son elementos que pasen desapercibidos en nuestras vidas; por el contrario, despiertan nuestras emociones y encienden la pasión en nuestro ser. Esta emoción, esta pasión, debe ser el motor que se conecta con nuestras motivaciones y, por lo tanto, se convierte en la razón que da forma a nuestros pensamientos y que finalmente se refleja en nuestro comportamiento. Nuestros  valores son el puente que conecta la forma en que somos con la forma en que actuamos. 

En teoría, estos valores son esencias en sí mismas, en la medida que son independientes, inmutables y absolutas, y nuestros actos individuales no pueden cambiar la esencia de un valor. De hecho, ese valor ya existía mucho antes de que lo descubriéramos. Reconocer un  valor no es crearlo, es simplemente descubrirlo, y este proceso se aplica tanto a los valores como a  sus contrapartes. 

Sin embargo, el desafío, más allá de descubrir y jerarquizar los valores, radica en su clasificación.  En este punto, vale la pena volver a mencionar a José Ortega y Gasset, quien propuso un sistema de  clasificación en el ensayo Introducción a una estimativa. ¿Qué son los valores? (Ortega y Gasset) 

valores

El objetivo, lejos de impartir una lección sobre valores, es que cada individuo reflexione sobre aquellos que posee y cuáles son los fundamentales, para luego incorporarlos en su tarjeta de  presentación o visita, como una manera de establecer los principios que guían su  trabajo. 

En mi caso, y desde una perspectiva más práctica, en mi labor de búsqueda de talento, no solo soy alguien que selecciona personas para  puestos directivos, ejecutivos y de consejo. En mi trabajo, mis valores se forjan sobre cimientos de utilidad, ya que me esfuerzo por aportar valor en cada tarea que emprendo, desde la redacción de  este artículo hasta cualquier otro encargo que se me confíe. Además, se sustentan en principios  morales, con la justicia como valor central, lo que me lleva a comprometerme con la construcción de organizaciones maduras, justas y socialmente responsables. Asimismo, mis valores abrazan una dimensión intelectual, basada en la búsqueda constante de conocimiento y aprendizaje. 

Esto no descarta la importancia de otros valores relacionados con la vitalidad, la estética o  elementos de carácter más religioso, pero en mi caso, establezco una estrategia de comunicación  basada en aquellos valores que me definen de manera más precisa o que son especialmente  relevantes para mi profesión. 

Además de la clasificación propuesta por Ortega y Gasset, que nos brinda una visión inicial de  nuestros valores desde una perspectiva reflexiva e individual, existen herramientas estandarizadas  que nos permiten evaluar y comprender nuestros valores más a fondo, como la Encuesta de Valores  Schwartz (Schwartz, 1992). Un ejercicio valioso consiste en, después de la reflexión personal,  llevar a cabo esta encuesta y contrastar nuestras reflexiones a la luz de los resultados. 

Cada persona, por supuesto, construirá su propia tarjeta de visita, conformada por los valores que mejor la representen. Contempla aquellos que mejor capturan tu esencia, incorpóralos a tu perfil profesional y plásmalos en tu tarjeta de presentación; así te distingues y te vuelves excepcional. Estos valores no solo definen quiénes somos, sino que también trazan el sendero hacia conexiones más auténticas y significativas en el ámbito personal y profesional.

Tomás Otero. Cádiz, 1975. Licenciado en Psicología. PADDB The Valley. PDD CEU IAM Business School. Master RRHH Garrigues. Profesional especializado en búsqueda de ejecutivos, experiencia de diez años en dirección de recursos humanos y miembro de comité de dirección. Conferenciante en diversas escuelas de negocio y experto en mentoring.

 

 

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Tomás Otero. Cádiz, 1975. Licenciado en Psicología. PADDB The Valley. PDD CEU IAM Business School. Master RRHH Garrigues. Profesional especializado en búsqueda de ejecutivos, experiencia de diez años en dirección de recursos humanos y miembro de comité de dirección. Conferenciante en diversas escuelas de negocio y experto en mentoring.