Ser sostenible o no ser

198

He de confesar que este verano, que ya da sus últimos coletazos, junto con mis propósitos de vacaciones, han sido los responsables de que haya dejado de lado algunas de mis actividades habituales. Hace tiempo me apetecía experimentar qué se siente al desconectarse por un tiempo de las nuevas tecnologías y, sin pensarlo dos veces, decidí prescindir del mundo digital durante mis semanas de asueto. Dejé de lado internet, enmudecí en las redes sociales y hasta olvidé una de mis aficiones favoritas, la de escribir. A todo ello se sumó el hecho de que mi ajetreado programa estival, no dejaba hueco para otra navegación que no fuera a través del relajante azul marino.

Tengo que decir que la experiencia ha sido positiva; requiere un período de adaptación, tras una fase de "mono" tecnológico que hay que superar; (no en vano se habla ya de adicciones digitales y se pergeñan nuevas técnicas médicas para tratarlas). Hay que mentalizarse de que el ciberespacio no va a tambalearse por nuestra ausencia y no correr compulsivamente a conectarse, no sea que algo muy importante espere nuestra respuesta.  Y hace falta también poder hacerlo, es decir, no estar condicionado por obligaciones laborales que no permitan la interrupción de la comunicación.

Desconectarse de la realidad es una cosa; cambiarla otra

En resumen,  le cogí gusto a la situación y pasó por mi cabeza la posibilidad de convertirme en un "Robinson" digital. El placer de la desconexión, el anonimato, marcar el propio ritmo, no enterarse de noticias que sería mejor no conocer, elegir quien está en tu entorno y configurar tu propio mundo….Demasiado perfecto para durar, demasiado utópico para ser sostenible. Nada mejor para darse cuenta de ello que volver al mundo real, volver a conectarse, conocer todo lo ocurrido en esos días de disfrute "atecnológico".

No se puede vivir ajeno al mundo si eres parte de él. Los acontecimientos continúan sucediéndose, nos enteremos o no, y sus consecuencias nos afectarán  de todas formas.No se puede vivir ajeno al mundo si eres parte de él. Los acontecimientos continúan sucediéndose, nos enteremos o no, y sus consecuencias nos afectarán  de todas formas. Aislarse de la realidad temporalmente, nos librará  de preocupaciones, pero no la cambiará.

Solo lo sostenible perdura

Y desgraciadamente, no es precisamente una cara amable la que esa realidad nos muestra hace ya demasiado tiempo. Convulsiones económicas y sociales se realimentan en una espiral sin fin, cuyo desenlace nadie se atreve a aventurar.  Modelo agotado, capitalismo salvaje, irresponsabilidad política, mediocridad de los dirigentes, "castigo divino"…. se apuntan como causas de una crisis cada vez más persistente y amenazadora.

Tal vez sea un argumento mucho más sencillo el que lo explique todo. Solo un sistema sostenible perdura en el tiempo. Y gastar más de lo que se ingresa no es sostenible. Salvo que ese mayor gasto se apoye en una deuda adquirida en base a expectativas realistas de unos mayores ingresos futuros, que permitirán compensarla. De lo contrario, un modelo apoyado en un endeudamiento creciente se derrumbará como castillo de naipes. Y no vale ya el truco de generar más y más deuda y dejarle el marrón al siguiente. Se acabó el juego.

 

 

*Sobre Rafael de Sádaba

Otros artículos de este columnista…

 

 

¿Ya has visitado Columnistas en nuestra ZONA OPINIÓN?

 

 

Artículo anteriorJornada: Mapas Mentales
Artículo siguienteMerck Serono creará cátedra de Oncología