Renta básica universal

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Renta básica universal

Hace pocos días conocíamos el resultado del referéndum celebrado en Suiza, sobre la potencial instauración de un salario universal para todos los ciudadanos, por el simple hecho de serlo. El resultado fue negativo, por una amplia mayoría.

¿Ocurriría lo mismo si dicha consulta se celebrase por ejemplo en España? ¿Qué hay detrás del voto negativo de un ciudadano, que renuncia así a percibir un sueldo por el simple hecho de existir?

Un salario existencial no es una entelequia ni un subproducto del populismo, sino algo a considerar en un patrón social cambiante.

Bien, Suiza es un país rico, con niveles de desempleo bajos, sueldos elevados en general y una presión impositiva ajustada, en relación a la cantidad y calidad de servicios públicos que sus ciudadanos reciben. Una democracia realmente participativa, donde someter propuestas a votación ciudadana es habitual. Existen oportunidades y la meritocracia (y no el nepotismo y el clientelismo) funciona.

El cambio de paradigma que supondría la instauración de esta renta, seguramente tendría repercusiones que tenderían a desestabilizar el sistema. Aparte su financiación, que no es tema baladí y recaería directamente en el contribuyente, afectaría a la concepción misma del trabajo y a la retribución del esfuerzo y por ende, al sistema económico. Consideraciones como éstas, junto con el hecho de que allí el paro no es un problema, han sustentado probablemente el voto negativo

Hay que tener en cuenta que el trabajo es en primera instancia necesario, para garantizar al ser humano unas condiciones mínimas de vida y estabilidad, que permitan fraguar un proyecto de vida sostenible. Desde esta óptica, la primera componente del trabajo es puramente económica: la vía con la que obtener un nivel mínimo para poder integrarse en la sociedad actual, tal cual está establecida.

Pero existe una segunda componente: la auto gratificación o realización personal que el trabajo conlleva o puede conllevar. Normalmente ésta es tanto más importante cuanto mayor sea el nivel de cualificación que el trabajo requiere.

Una renta asegurada repercutiría indudablemente en la fuerza laboral del país que la instaurase, especialmente en aquéllos tareas cuya componente de retorno fuera únicamente la primera citada antes.

Por otra parte, es indudable que la progresiva tecnificación y mecanización conllevan la desaparición de innumerables puestos de trabajo, especialmente aquéllos de carácter manual y/o baja cualificación. Y aunque aparecen otros nuevos, el nivel de preparación que requieren va en aumento. En consecuencia, cabe deducir que son las ocupaciones en las que la segunda componente del trabajo sea importante, las que prevalecerán. Con estas premisas, ¿será posible garantizar puestos de trabajo para todos? No parece probable.

En definitiva, el cambio de paradigma es sólo cuestión de tiempo. La renta básica o el derecho a una vida digna por el simple hecho de nacer, se presentan como componentes del nuevo modelo, en un entorno en que el trabajo pasa a ser algo cada vez más escaso y selectivo. Un salario existencial no es una entelequia ni un subproducto del populismo, sino algo a considerar en un patrón social cambiante. Ya existen precedentes: en Alaska se distribuyen los beneficios de la explotación petrolífera entre sus pobladores.

El dilema de la renta básica universal ha llegado para quedarse y, siendo así, porqué no empezar por analizar su aplicación al colectivo de mujeres cuyo trabajo no es ni reconocido ni valorado: aquéllas que por decisión propia o forzada, dedican su vida a cuidar de su familia y su hogar.

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Rafael de Sádaba es Ingeniero de Telecomunicación. Directivo jubilado de Telefónica. Colaborador para España del World Bank Group. Colaborador/asesor en Technovation Girls. Forma parte del Consejo Asesor de Media Responsable. Colabora ocasionalmente con Fundación Telefónica. Ha participado como coordinador, profesor o conferenciante con diversas Instituciones (ETSIT, CEPT, UIT-T, Unión Europea, ESIC, Escuela Superior Militar, Universidad Carlos III, EOI, etc). Autor de publicaciones y ponente en foros internacionales.