Muerte 2.0 (o sobre la vida y muerte digital)

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Gracias a las nuevas tecnologías, vivimos una profunda transformación en la forma de relacionarnos y en las herramientas que utilizamos para ello. En lo que podríamos llamar universo de relación 2.0, nuestra red de amistades y contactos se configura fundamentalmente en torno al mail, el teléfono móvil y las redes sociales, siendo en muchas ocasiones estos canales las únicas vías que tenemos para relacionarnos. Canales que son estrictamente personales, que se asocian a su usuario a través de parámetros de acceso que solo él conoce. ¿Pero qué ocurre cuando alguien fallece?

Nuestra comunicación giraba en torno el teléfono fijo y al correo postal, aparte del contacto directo, claro está.

Anteriormente nuestra comunicación giraba en torno el teléfono fijo y al correo postal, aparte del contacto directo, claro está. Pero estos medios se asocian a más a un domicilio o un entorno que rodea a la persona. Y ese entorno puede constituir una fuente de información sobre la persona en caso necesario. Como ocurre cuando se produce la muerte o cualquier otro acontecimiento que hace que repentinamente se corte la comunicación.

Con las relaciones 2.0, la muerte se hace patente con el corte de los canales de comunicación con nuestro contacto fallecido, con la inactividad de su identidad virtual. Pero estos hechos por sí solos, nunca nos dejarán certeza alguna sobre lo que puede haber sucedido a nuestro contacto.

Con las relaciones 2.0, la muerte se hace patente con el corte de los canales de comunicación con nuestro contacto fallecido, con la inactividad de
su identidad virtual.
Puede que se haya molestado con nosotros y decidido eliminarnos de su círculo o tal vez quiera comenzar una nueva etapa haciendo borrón y cuenta nueva. Lo que es claro es que en este tipo de relaciones, si no tenemos otra forma de contacto, la muerte se hace notar por que se corta la comunicación, pero no podemos asegurar que se haya producido el fallecimiento.

Y aunque nadie responderá a nuestros mails y nos encontraremos su móvil apagado o fuera de cobertura, el perfil de nuestro amigo/a continuará visible en las redes sociales a las que pertenecía. El silencio y la inactividad nos darán a entender que algo ha pasado, pero en muchos casos, no tendremos forma de saber exactamente qué.

Protocolos para la muerte en el ciberespacio
Conscientes de esta realidad, las empresas que operan redes sociales o cuentas de mail están empezando a utilizar protocolos de actuación para casos de muerte que revisten mayor o menor grado de complejidad según los casos. (http://www.elmundo.es/elmundo/2009). Así hay cuentas de correo que son canceladas tras un período prefijado de inactividad; en otros casos se requiere una solicitud fehaciente de alguien que acredite su relación con la persona fallecida; también puede ocurrir que sea política de una red social mantener el perfil aún después de la muerte. (http://www.elpais.com/articulo)

Hemos asumido como normal tener una identidad digital además de nuestra identidad real….qué queremos que ocurra con aquélla a la hora de nuestra muerte física.Aunque también para los previsores existe la posibilidad de dejarlo todo preparado para que cuando se produzca el óbito, nuestro entorno 2.0 sea debidamente informado, hacerle llegar nuestros mensajes post-mortem, e incluso para los más refinados, celebrar un "ciberfuneral" con todo el glamour que requiera la ocasión. (http://es.onsoftware.com)

En definitiva, puesto que hemos asumido como normal tener una identidad digital además de nuestra identidad real, tal vez tengamos que empezar a pensar en qué queremos que ocurra con aquélla a la hora de nuestra muerte física y dejar todo dispuesto para que nuestra muerte 2.0 acontezca conforme a nuestros deseos. Solo así podremos descansar completamente en paz.

*Rafael de Sádaba es Ingeniero de telecomunicación/Consultor. Experto en TIC y RSE. Ex-directivo de Telefónica

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