Marca personal e identidad digital

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Se estima que cada seis meses se duplica la cantidad de información acumulada a nivel mundial y que en la actualidad, se produce en un solo día tanta información como a lo largo de períodos seculares en épocas pasadas. En 2020 habrá 50.000 millones de dispositivos conectados a la red, que generarán y captarán enormes cantidades de datos. Los usuarios de estos dispositivos serán tanto personas como máquinas, que interaccionarán en la Internet de las cosas.

Pero la utilidad de la información sólo se hace patente si da lugar a conocimiento Al igual que la invención y proliferación de las máquinas fue el catalizador de la revolución industrial, que produjo profundos cambios en la sociedad, la generación, difusión y proceso de la información, son el nuevo paradigma que sustenta la revolución del conocimiento, dando lugar a lo que se ha dado en llamar sociedad de la información o mejor, sociedad del conocimiento.

Pero la utilidad de la información sólo se hace patente si da lugar a conocimiento. De ahí la necesidad de herramientas de almacenaje, manejo y procesamiento de información en cantidades que crecen exponencialmente. Conceptos como Big-data y Cloud-computing son tecnologías dirigidas a estos fines.

Y como casi siempre suele ocurrir, el manejo de la información disponible puede ir dirigido a muy distintos fines. De ahí que si se trata de información sensible o personal, haya que se especialmente cuidadoso con ella. Porque conscientemente o inconscientemente, nuestras interacciones con la red van dando forma a lo que podíamos llamar, nuestro perfil o identidad digital., que según se construya, puede convertirse en un aliado o en nuestro peor enemigo. Lo queramos o no, la identidad digital será una componente de nuestra marca personal e incidirá decisivamente en la percepción que de ella se tendrá, con repercusión tanto en el ámbito personal como profesional.

En EEUU es habitual que lo departamentos de recursos humanos utilicen Internet para buscar información sobre los candidatos que participan en un proceso de selección, buceando especialmente en redes sociales como Linkedin, Facebook y Twitter. Un 35% de los reclutadores afirma haber descartado a un candidato en base a la información obtenida en redes sociales. En suma, la identidad digital y como ésta se construya, juega un papel decisivo: puede arruinar tu marca personal, pero también puede darle relevancia y potenciarla.

Si la huella digital de un adulto medio se remonta hoy día a 10 15 años atrás, los menores hoy día ya están construyendo su identidad digital a edades mucho más tempranas  La cantidad de información sobre cada uno de nosotros, que se almacena en el mundo virtual, no deja de aumentar. Al mismo tiempo, las herramientas para procesarla y utilizarla son cada vez más potentes. Así que si no queremos que los resultados que de dichas herramientas resulten, vayan en detrimento de nuestra identidad digital, no debemos perder de vista que lo que llevamos a la red, se queda en la red.

Ni que decir tiene que las precauciones deben acentuarse en el caso de los menores. Si la huella digital de un adulto medio se remonta hoy día a 10 15 años atrás, los menores hoy día ya están construyendo su identidad digital a edades mucho más tempranas. Muchos bebés están ya en Internet de una forma u otra a los dos años de edad y tendrán una vida digital de más de dos décadas, al alcanzar la edad adulta.

En definitiva, la disponibilidad de enormes cantidades de información tiene un gran potencial y su manejo para obtener conocimiento, constituye la base de una sociedad nueva, que será mejor o peor según la información se utilice en un sentido u otro. Viene a mi memoria la serie de la cadena de TV estadounidense, que bajo el título «Person of Interest» gira alrededor de un «supercomputador» al que todo, absolutamente todo, está conectado; de forma que a través de las ingentes cantidades de información que procesa, detecta amenazas y peligros potenciales para los ciudadanos, con lo que es posible prevenirlos y evitarlos. De momento suena a ficción, pero, ¿será algún día realidad?