¿Las tecnologías promueven la violencia?

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¿Pueden las TIC fomentar conductas violentas? Probablemente sí. ¿Son por ello las TIC culpables o cuestionables? Definitivamente no. Las TIC son una magnífica herramienta y la base del progreso de nuestra sociedad. Pero como siempre suele ocurrir con cualquier nuevo instrumento o descubrimiento, es su utilización en uno u otro sentido lo que habrá que vigilar y reconducir.

Últimamente es frecuente encontrar noticias sobre acciones violentas cuyos presuntos autores son jóvenes, muchas veces menores de edad, en las que de una forma u otra, concurre el uso de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Bien sea como instrumento de divulgación, bien como herramienta de relación que conlleva en estos casos a contactar con la persona equivocada, es inevitable preguntarse si las TIC pueden actuar como un catalizador de la violencia. Si el hecho de poder difundir con detalle e inmediatez la acción constituye un incentivo para realizarla.

Violencia, machismo y TIC
Es muy reciente la violación perpetrada en Tarragona, presuntamente por un joven, mientras un amigo la grababa con su teléfono móvil. Casos similares vienen ocurriendo cada vez con mayor frecuencia. Sus autores parecen recrearse, no sólo en la violencia propiamente dicha, sino que su grabación y posterior divulgación, sea en su ámbito privado o de forma generalizada, parece constituir para ellos un estímulo adicional.

Resultante de una sociedad machista, la asociación de liderazgo a conductas violentas y abusivas, es frecuente entre el género masculino, aunque también puede encontrarse entre las mujeres.

Resultante de una sociedad machista, la asociación de liderazgo a conductas violentas y abusivas, es frecuente entre el género masculino, aunque también puede encontrarse entre las mujeres. El aspirante a liderar el grupo se vale de la violencia, física o moral, para imponer su dominio y necesita ser reconocido, respetado e incluso temido. Demostrar su poder constituye una necesidad para imponerlo y un estímulo para ejercerlo. Y las TIC aparecen como una excelente herramienta de exhibición y divulgación.

Volvemos al inicio: las TIC pueden entonces fomentar conductas violentas pero no por ello son culpables o cuestionables y por lo tanto como magnífica herramienta que son es su utilización sobre la que deberemos prestar atención.

Generación 2.0
Estamos en la generación 2.0. ¿Qué significa esto? Pues que ya no tenemos que conformarnos con acceder a los contenidos que otros distribuyen. Nosotros mismos podemos generarlos y divulgarlos. Algo tan habitual como un teléfono móvil con cámara y conexión a internet nos permite hacerlo de forma instantánea, en cualquier momento y lugar. Y esta capacidad está en nuestras manos a edades cada vez más tempranas. Ante esta realidad, parece necesario abundar en la prevención de su utilización para actividades delictivas o que atenten contra las libertades y derechos de las personas. Esto es especialmente importante cuando de menores se trata.

Estamos en la generación 2.0. ¿Qué significa esto? Pues que ya no tenemos que conformarnos con acceder a los contenidos que otros distribuyen.

En mi anterior etapa laboral, iniciamos estrategias orientadas a promover el uso responsable de las nuevas tecnologías, centradas en la labor formativa y educativa, dirigidas tanto a los menores propiamente dichos como a sus progenitores. Por las noticias que me llegan, se sigue avanzando en el camino emprendido, que pasa por encontrar un equilibrio entre la gestión responsable y el negocio.

Educar es prevenir
La labor educativa aunque necesaria, no es suficiente cuando existe voluntad decidida de utilizar las TIC de forma cuestionable. Por eso se trabaja también en herramientas de restricción y filtraje, que permiten bloquear el acceso a determinados contenidos. Esto funciona cuando los contenidos y su fuente son conocidos o detectados. ¿Pero qué ocurre cuando estos contenidos son generados por aquéllos que realizan las acciones? Hoy por hoy, estas herramientas tampoco impiden su difusión y el acceso a ellos por terceros.

En consecuencia aparece una nueva vía por la que avanzar, en la que la ingeniería tiene mucho que aportar, centrada en el desarrollo de algoritmos que pudieran detectar contenidos inadecuados o violentos y bloquear su transmisión a nivel de la red. No poder difundir sus acciones tal vez desincentivaría a sus autores de cometerlas.

Pero mientras esto llega, hay que seguir trabajando para que las TIC no se conviertan en una amenaza para los menores. Fomentando un uso adecuado y garantizando que el acceso a las TIC se realiza a la edad apropiada, primando la protección del menor frente al negocio. Y en este terreno la Responsabilidad Social Empresarial debe ser la protagonista.

*Rafael de Sádaba es Ingeniero de Telecomunicación/Consultor. Ex-directivo de Telefónica, hoy es colaborador del Área del Conocimiento de Fundación Telefónica y Miembro del Consejo Asesor de Media Responsable.

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