Las palabras justas

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El lenguaje lentamente empieza a democratizarse bajo el impulso de mujeres y varones de este país, observadores de una realidad que excluye y desconoce la diversidad.

En esa línea, el Senado argentino aprobó, el 22 de octubre pasado, un proyecto de ley impulsado por la senadora oficialista María Perceval, cuyo propósito es hacer efectivo el principio de igualdad de derechos, oportunidades y trato, así como la promoción de la utilización del lenguaje no sexista.

El texto propone armonizar la terminología empleada en la administración pública nacional con el principio de igualdad entre los sexos, eliminar todo tratamiento sexista en su producción escrita, revisar la normativa que instala prácticas sexistas en el tratamiento de las personas que ocupan cargos en la administración pública nacional e instar a su modificación.

También sugiere que, desde la cartera de Educación, se impulse la utilización de un lenguaje no sexista.

La iniciativa invita al Poder Judicial y a los medios de comunicación a revisar los tratamientos sexistas que da a sus integrantes, así como sus actuaciones escritas, y a elaborar un Manual de Estilo. Además, estipula que la puesta en marcha de estas acciones y la autoridad de aplicación de la medida sería responsabilidad del Consejo Nacional de la Mujer. En la sesión del Senado, los promotores de esta idea manifestaron que la entrada y discusión del texto en el recinto fue tardía, hecho que consideraron no casual porque "el lenguaje es parte de la construcción del poder". "Que este dictamen demorara tanto tiempo en bajar al recinto, tiene que ver con ello", remarcó la senadora Silvia Gallegos.

"El lenguaje no es solamente la manera de expresarnos -continuó Gallegossino también un vehículo que puede simbolizar violencia o no violencia y que, además, contribuye a la construcción de las relaciones de poder y al mantenimiento de una masculinización significativa en nuestra sociedad".

La senadora Perceval expuso que la iniciativa pretende dar cumplimiento a las recomendaciones y convenciones de la UNESCO y sostuvo que, aunque la expresión sexismo lingüístico "parece relacionada con un trasnochado feminismo"; la realidad es que la idea enfoca hacia "cómo usamos las palabras y cómo construimos la sintaxis del lenguaje".

A modo de ejemplo, se refirió a las arcaicas normas de protocolo que utiliza la institución democrática a la que pertenece, donde a todas las mujeres se les llama Senador. Luego, relató haber recibido una invitación en la que decía: "tenemos el agrado de invitar a usted y su señora esposa".

En la misma sesión, el senador oficialista Daniel Filmus sostuvo que la idea del proyecto "no es un tema feminista ni que sólo incumbe a las mujeres. La discriminación por el lenguaje es un tema ideológico, que nos incumbe a todos, porque se trata de un asunto vinculado con los derechos humanos".

Alguna vez la antropóloga mexicana Marcela Lagarde afirmó que "el castellano transita por las vías de la modernidad, en tanto incorpora la democracia genérica y la democracia vital con que se están suprimiendo en ella el racismo, la xenofobia, el clasismo, el sexismo y la misoginia aún prevalecientes".

Por esto se espera que el proyecto tenga la media sanción que falta para que se convierta en ley, lo que sin dudas será un avance para una nación que intenta materializar las simbologías de la vida democrática.

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