Las mujeres y el PP

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¿Cómo se gana el poder? Muchos factores influyen, pero en el siglo de la información en el que las noticias se conocen en tiempo real, más importante que hacerlo bien es hacerlo ver, y una vez bien hecho y dicho hay que conseguir una actitud favorable hacia lo que trasmites para llevarte el gato al agua.

Como afirmaba Abraham Lincoln “con la opinión pública a tu favor nada puede fallar; con la opinión pública en contra nada puede salir bien”.

¿Por qué los dirigentes populares han permitido que su máximo oponente en las urnas se haya adueñado de una bandera que el PP podía haber rentabilizado desde hace muchos años?

Mejorar la comunicación no consiste en hacer una web nueva o potenciar la 2.0 para movilizar a tus convencidos. Esas pueden ser buenas herramientas complementarias si van acompañadas de una acertada elección en el eje global de la comunicación, si seleccionas correctamente el mensaje, si consigues bloquearlo para que tu oponente no pueda manipularlo, si sabes ser dueño del discurso propio y te anticipas al del adversario.
Pero también si alcanzas unas alianzas sólidas con los medios claves y líderes de opinión, si sabes atacar de una manera contundente y si delegas en expertos cuando tú no dominas la materia. Esto lo hizo el PSOE de 2001 a 2004 de la mano de uno de los mejores publicistas del país, Juan Campmany, consiguiendo el marketing político más ingenioso y acertado de la democracia, perfecto en ejecución gráfica y conceptual.

Dominar la comunicación emocional dará el golpe definitivo a la consecución de tu objetivo, algo que Platón fue capaz de sentenciar hace más de veinte con estas palabras: “El mejor comunicador es el que conoce el alma de a quién se dirige”.Ahora entenderán dónde quiero ir a parar. Si la semana pasada analizaba los inteligentes guiños de Zapatero hacia las mujeres traducidos en las últimas elecciones generales en un millón de votos femeninos más que su adversario, hoy me pregunto por qué los dirigentes populares han permitido que su máximo oponente en las urnas se haya adueñado de una bandera que el PP podía haber rentabilizado desde hace muchos años.

No tener buenas herramientas es un problema, pero tenerlas y no saber utilizarlas es casi un delito.Rajoy no se ha quedado atrás. Loyola de Palacio fue la fundadora y primera Secretaria General de Nuevas Generaciones, además de la primera española Vicepresidenta de la Comisión Europea. Luisa Fernanda Rudi ha sido la única mujer Presidenta de las Cortes, nombrada por Aznar en el 2000, año en el que por primera vez también hubo mayoría femenina en la Mesa del Congreso. Esperanza Aguirre, primera Presidenta del Senado en nuestro país y única Presidenta de una Comunidad Autónoma. Soledad Becerril alcaldesa de Sevilla en los noventa, y Rita Barberá lo es de Valencia desde el año 91, con mayorías absolutas consecutivas hasta 2007 cuando obtuvo un máximo histórico electoral cercano al 60% de los votos y una ventaja de más del 10% en todos los distritos.

En todos estos casos sin cuotas impuestas ni obligados porcentajes. Se trata de mujeres con poder real de decisión y que han ocupado, u ocupan en la actualidad, puestos de los más altos en el escalafón institucional – Presidentas del Congreso y Senado – de importancia estratégica internacional – Comisión Europea – o torean en “plazas de primera” – ciudades como Sevilla y Valencia o la Comunidad de Madrid. Ha nombrado por primera vez una Secretaria General, Dolores de Cospedal – la número dos y responsable de la organización interna del partido – y una Portavoz Parlamentaria del Grupo Popular, Soraya Sáez de Santamaría – el cargo de mayor visibilidad ante la opinión pública y que otorga el control de su grupo en el Congreso – Esto implica que tras él, los puestos de más autoridad y mando en el partido los ocupan mujeres. Dos señoras con una excelente formación profesional – ambas son abogadas del Estado – y un perfil personal muy alejado de la derecha rancia.

Poder real frente a rédito electoral, cuota frente a mérito, eficacia en la gestión frente a acciones de impacto emocional. No se trata de elegir entre una cosa u otra, sino de saber compatibilizar la valía personal y el interés partidista con una estrategia de comunicación acertada. De momento es evidente quien gana la batalla mediática y emocional ante la pasividad de su oponente. No tener buenas herramientas es un problema, pero tenerlas y no saber utilizarlas es casi un delito. ¿Hasta cuándo?

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