Crear es crecer

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Para organizar el crecimiento de la empresa pueden seguirse diferentes pautas, pero siempre lo más imporante es planificar el modelo que se aplicará cuando llegue el momento de expansión. La mayoría de pequeños empresarios apuesta por una misma sociedad a la que se van añadiendo sucesivas divisiones o áreas de negocios, aligerando la carga administrativa que cae sobre el empresario. Sin embargo, esta no tiene por qué ser siempre la mejor alternativa.

Frente a este tipo de estructura se puede optar por una algo más compleja, aunque sólo sea por la forma: crear sucesivas empresas para cada nueva área de negocio. Es decir, formar una nueva compañía con su propia sede social, CIF, capital social… Lo que en principio parece más complicado también puede ayudar a simplificar la forma de afrontar cada área de negocio.

Esta ‘mitosis’ empresarial plantea varias ventajas sobre el modelo tradicional siempre que se gestione de forma adecuada. En contra de las impresiones iniciales, su administración puede ser hasta más fácil, porque también es más sencilla desde el punto de vista organizativo.

Crear una nueva empresa para crecer puede ser una alternativa muy válida siempre que se planifique de forma adecuada y sólo es cuestión de dedicarle el tiempo necesario para hacerlo.

En primer lugar, aporta una clara diferenciación de clientes, incluso si un mismo comprador opera con dos de las empresas. Al tratarse de corporaciones diferentes cada una facturará la parte correspondiente a sus servicios sin luchas interdepartamentales. Además, de esta forma es más sencillo presentar ofertas separadas y siempre se puede recurrir a una misma propuesta a través de una de las enseñas que subcontrate los servicios de la otra.

En segundo lugar, permite al empresario enfocar mejor los esfuerzos en cada área de negocio, ya que se trata de compañías distintas y no existen distracciones de otros departamentos. En el caso de los equipos comerciales es especialmente útil, ya que se pueden crear incentivos financieros específicos.

Además, se trata de una alternativa muy útil para, por ejemplo, una nueva escisión de una marca con la que venía trabajando la empresa desde tiempo atrás. Así es posible diferenciar los servicios que se prestan a un mismo cliente sin que este perciba una de ellos simplemente como un añadido al producto principal. Además, es una buena fórmula para acceder a diferentes mercados o contar con varias líneas de negocio de forma más organizada. También es un buen medio para protegerse frente a las grandes corporaciones, ya que al ser todas compañías independientes, es muy difícil que puedan hacerse con todas de golpe.

Pero no todo son ventajas, ya que siempre es posible (y a veces incluso probable) que aparezcan rencillas entre empresas si estas interactúan con frecuencia y, como es lógico comparten recursos. De hecho, la optimización de servicios compartidos puede ser uno de los mayores quebraderos de cabeza, no tanto del lado administrativo, sino más bien desde el comercial. Si se trata de empresas diferentes será más complicado convencer a la fuerza de ventas para que promocione el producto de otra empresa y también puede ser algo más complejo establecer la política de incentivos al respecto.

En definitiva, crear una nueva empresa para crecer puede ser una alternativa muy válida siempre que se planifique de forma adecuada y sólo es cuestión de dedicarle el tiempo necesario para hacerlo en lugar de ’seguir adelante’ a toda costa a través de modelos menos productivos.

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