Chile: ¡Hay que darle un puntapié a la ciudad!

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El calor nos empuja fuera de la ciudad, sonó la campana y queremos recreo, el agua salina y el murmullo adormecedor de las olas, seguro que hace olvidar los días de cemento, el pago de cuentas, el ruido excesivo, las aglomeraciones en el Metro, el colegio de los niños, las promociones telefónicas, las noticias catastróficas  y en muchas ocasiones la impertinencia del celular.

Basta alejarse un poco de Santiago, basta ver pasar los primeros árboles del camino, para que la risa se haga fácil, para que el alma se distienda.

Ya a fines del siglo XIX, el médico austríaco Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, valoraba los beneficios que el acto de reír aporta al organismo, y aseguraba  que la risa nos libera de lo negativo y deja al estrés muy lejos nuestro.

Si tuviéramos que describir la infancia, se podría decir que la risa es la máscara diaria, bueno también el llanto, pero el llanto rápido, el llanto que no deja huella, aquel que más bien se apoda pataleta. El mundo de fantasía de una infancia respetada permite al niño vivir en un mundo paralelo donde la desazón no tiene cabida. En esos espacios de vida lo que sí importa es que el día agregue horas para no tener que dejar de jugar  ni siquiera a la hora de ir a buscar los sueños, la energía es el color preferido de esos años.

Es el idioma de la ciudad el que obliga a estar atento en todo instante impidiendo que aflore la infancia que vive disfrazada de adulto.

Los años pasan y a veces la risa va quedando colgada en el tiempo, pero sólo hay que empinarse y descolgarla. Tal vez sólo necesita ser invitada a pasar, pero claro, hay que abrir la puerta.Estudios hechos por especialistas en la materia, han relacionado a la Risoterapia con una mejoría en  la digestión, el fortalecimiento del sistema inmunológico, el aumento de oxígeno en todos los órganos, y la mejora en la circulación o presión sanguínea. También se recurre a esta terapia como coadyudante del rejuvenecimiento y  el insomnio.

Los años pasan y a veces la risa va quedando colgada en el tiempo, pero sólo hay que empinarse y descolgarla. Tal vez sólo necesita ser invitada a pasar, pero claro, hay que abrir la puerta.

Como sea,  es necesario una vez al año cambiar la dureza del cemento por la aromática tierra recién regada en las tardes de campo, o por una puesta de sol que quiere quedar enmarcada para siempre en el abrir y cerrar de nuestros ojos.

Aprender a soltar las riendas sin siquiera ir muy lejos, tal vez cambiar la rutina habitual por una que quiebre las reglas anteriores simplemente, es decir, esconder bajo llave el piloto automático. Con estas simples conductas deberíamos  comenzar a sentirnos bien con nosotros mismos y con el entorno, mezcla que terminaría sin duda en  la risa.

Pues bien, es trabajo personal el comenzar a sacudirnos del abrazo poco amistoso de la ciudad, apagar las noticias, desconectar los celulares, dejar que Internet tome un respiro y ser capaces de darle un puntapié a la ciudad, título de una hermosa canción de antaño, interpretada por Doménico Modugno y que viene a la mente al comenzar las necesarias vacaciones, acá en  Santiago de Chile.

Hasta la próxima Amigos

*Carmen Bustamante Saavedra
es Bachiller en Letras. Imparte Cursos de Inglés en el Departamento de Educación Continua de la Universidad Santo Tomás. Actualmente presta servicios en la Secretaría Ejecutiva de Cumbres en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.

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