Censurando la celebración de la libertad

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El artículo 20 de la Constitución reconoce y protege el derecho a expresar libremente los pensamientos, ideas y opiniones. La soberanía reside en el pueblo español y se ejerce en las Cortes Generales formadas por el Congreso y el Senado. Tranquilos, no toca hoy lección de Derecho Constitucional, simplemente les pongo en antecedentes: En la celebración del 31 aniversario de nuestra Carta Magna se impidió a un ciudadano expresar su opinión en la tribuna de oradores del Congreso. ¿Existe mayor incoherencia?

Reconozco que alguien me podría rebatir que un acto al que se acude en calidad de invitado no es lugar ni momento adecuado para dar rienda suelta a juicios personales. Y yo podría replicar que con respeto, educación y sin atentar contra la dignidad, el honor o la intimidad, qué mejor sitio para hacerlo que la sede de la representación política de los españoles.

El estudiante que leía el artículo 28 – acerca de los derechos de sindicación y huelga – aprovechó su presencia en el hemiciclo para afirmar que siente pena y vergüenza porque los sindicatos no ejerzan en tiempos revueltos tal derecho. Leyó el artículo y pidió que se cumpliera. Ejerció su libertad de expresión en relación con el texto que acababa de exponer. Y la Vicepresidenta Teresa Cunillera, le interrumpió y retiró la palabra, censurando con tal actitud la celebración de la libertad y la democracia.

Ejerció su libertad de expresión en relación con el texto que acababa de exponer. Y la Vicepresidenta Teresa Cunillera, le interrumpió y retiró la palabra, censurando con tal actitud la celebración de la libertad y la democracia. Pues que quieren que les diga, aún siendo consciente que el chaval pecó de osado y quizá de inoportuno, elijo protagonismo ciudadano en vez de actos institucionales vacíos de contenido, antepongo la voz al silencio, valentía a cobardía, iniciativa a pasividad, rebeldía a conformismo, y por supuesto, libertad a veto.

Siendo mordaz manifestaré que el increpado adolescente hizo más en diez segundos que la mayoría de sus señorías en toda la legislatura, que me resulta gratificante escuchar voces discordantes en la Cámara Baja frente a la habitual pasividad de diputados con corbatas fosforitas que se limitan a votar semanalmente teledirigidos por su partido.

El apunte cromático del complemento masculino no es mío, sino de Arturo Pérez-Reverte que va mucho más allá, manifestando que la clase política española es inculta, acomplejada, bajuna, y encima tiene el mal gusto de ponerse esas corbatas. Tirando de autocrítica debemos reconocer que gran parte de culpa la tenemos todos, más interesados en jalear la opción política de cada cual – aunque lo esté haciendo rematadamente mal – que de luchar por el bienestar común y la unidad que es lo que toca.

Termino con una sugerencia a nuestros representantes para el próximo aniversario constitucional: Eleven sin guión preestablecido la voz de los ciudadanos en un Congreso cada vez más repleto de habitantes acomodados y mediocres. No limiten tan trascendente celebración a conmemorar un hecho pasado: El Estado de Derecho, la Constitución, la soberanía popular, la justicia y la convivencia democrática están vivas, y es nuestra obligación como sociedad civil engrandecerlas a diario.

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