Aprendizajes de la pandemia: el valor del I+D y la conexión de países… y sectores

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Foto de Artem Beliaikin

La pandemia nos va a empujar a romper barreras. Los gobiernos están aumentando sus inversiones en I+D, generando mapas de contagios e intentando dar una respuesta que compense años de recortes en sanidad.

Seguramente, nuestros lectores estén más familiarizados con la situación en España, pero podemos ver otros entornos.

En Reino Unido, por ejemplo, un alto cargo del gobierno, Rishi Sunak ha anunciado “el mayor y más rápido incremento de recursos públicos para la investigación y el desarrollo”. Esto se traduce en que el gobierno va a invertir en ciencia, tecnología y nuevas aplicaciones de sanidad, 22 billones de libras cada año hasta 2024. Es un mensaje claro, pero ¿es suficiente?

Analicemos el contexto. Hasta el momento del anuncio, la OMS (Organización Mundial de la Salud) había anunciado que la suma de la inversión pública y privada destinada al I+D de salud era de un 0’13% del PIB, cuando la media de países del peso de Reino Unido subía al 0’19%.

Austeridad e inversión

Además, mirando solo a la Seguridad Social, en los últimos años, podemos ver que, aunque los presupuestos subían, el ratio de gasto como consecuencia de la austeridad en servicios públicos, se ralentizaba dramáticamente, especialmente, en los últimos diez años.

debemos invertir en innovación para vacunas y terapias de manera global, para asegurar que esto no vuelva a pasar

Es una tendencia que no es única en la Unión Europea ni mucho menos. La reducción de recursos y personal ha sido una consecuencia de años en los que se ha dedicado menos inversión de la necesaria. Y si miramos más allá, en Estados unidos, el gobierno desmanteló en 2018 al equipo responsable de responder a emergencias epidemiológicas o redujo el personal de los centros de controles de enfermedades, entre ellos, los que trabajaban en China.

Y debemos añadir un elemento más, las respuestas a una pandemia como el COVID-19 no son algo temporal, incluso después de ella, tenemos amenazas de enfermedades infecciosas, terrorismo biológico o nuevos saltos de enfermedades desde animales.

Tedros Adhamon Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud, en el encuentro de líderes del G20 sobre el COVID-19 fue claro “debemos invertir en innovación para vacunas y terapias de manera global, para asegurar que esto no vuelva a pasar”.

La crisis del COVID-19 debe crear relaciones internacionales más robustas para responder a amenazas globales y esto debe extenderse al I+D. Si no lo hacemos, simplemente no estaremos preparados para la siguiente.

La clave de la colaboración internacional y también de sectores

Desgraciadamente, no todos los países han actuado con el mismo rigor en su respuesta. El mismo Bill Gates opinaba hace poco “son pocos los países que han dado la respuesta óptima al COVID-19”, y en un mundo globalizado, esto hace que los esfuerzos de un territorio puedan verse arruinados por políticas erróneas de otro.

Si miramos números totales, China y EE.UU. son las dos economías que más han aportado a los presupuestos mundiales de I+D, en concreto, Estados Unidos empleó 549 billones, un 25% del global, y China 496 millones, un 23%. Parece un dato evidente teniendo en cuenta que son las dos economías más grandes, pero si lo miramos porcentualmente, Japón, Alemania y Corea del Sur, invirtieron más. Pero esos esfuerzos, pueden no funcionar si otros territorios no trabajan en la misma dirección.

Esta pandemia, además de exigirnos más coordinación entre países, nos reta a unir esfuerzos del sector público y privado

Esta pandemia, además de exigirnos más coordinación entre países, nos reta a unir esfuerzos del sector público y privado. Necesitamos pues respuestas coordinadas al más alto nivel que incluyan el conocimiento generado por distintas zonas y distintos actores, tanto del sector público como del privado, desde los científicos de la Universidad de Oxford o la Johns Hopkins, a los ingenieros de Google.

Colaboración y filantropía

Pongamos por ejemplo la Coalition for Epidemia Preparedness Innovations (CEPI), es un encuentro global entre sector público, privado y organizaciones filantrópicas para unir fuerzas y acelerar el desarrollo de vacunas de futuras epidemias. Se lanzó en 2017 y tiene aportaciones de más de diez naciones. Ha sido uno de los principales actores de lucha contra el COVID-19 y tienen en desarrollo ocho posibles vacunas ya. Es fácil pensar qué habría ocurrido si hubieran tenido más dotaciones.

La CEPI es un caso de éxito que demuestra que el futuro de la epidemiología recae en una mejor integración de las políticas de los países, sí, pero también de las organizaciones supranacionales, de iniciativas privadas y de científicos de todo el mundo, después de todo, las enfermedades no conocen fronteras.

Debemos tener un enfoque holístico, trabajar juntos, como una comunidad global para garantizar un acceso equitativo

En palabras de Richard Hatchett, CEO de CEPI: “Las vacunas que estamos desarrollando existirán por el bien de toda la Humanidad. Debemos tener un enfoque holístico, trabajar juntos, como una comunidad global para garantizar un acceso equitativo”.

Este enfoque, además de ético, es el único valido, ¿se imaginan en un mundo hiperconectado como el nuestro, qué eficacia tendrían unas vacunas solo disponibles para algunos colectivos?