¿Delegar o no delegar?

Acabo de llamar a un canguro para poder quedar a tomar un café con mi amiga Cristina. No aguanta más, se ha derrumbado por teléfono. Los problemas en la oficina la superan y hace tiempo que no disfruta con su trabajo. No es algo repentino: de un año a esta parte ha ido cambiando su idea de estar involucrada en un proyecto fascinante por una falta de ganas inconcebible para ella.

Cristina, 29 años. Trabaja en una multinacional desde hace cuatro años. Lista, luchadora y profesional. Pese a su corta edad, ha llevado a buen puerto proyectos complejos de gran envergadura. Pertenece desde hace un año al equipo de Julián. La relación con su jefe, al que continuamente ve desbordado, no es fluida. Intuye que no apuesta por ella. Se siente infravalorada y confusa. Tiene pendiente una conversación con él.

Querida audiencia lectora, os comparto algunas reflexiones que le hago durante nuestro café.

El miedo a perder visibilidad para alguien habituado a aparecer puede ser un factor paralizante.Cristina, sé que siempre has creído en la delegación como una herramienta de crecimiento. Así te lo decía en tono jocoso uno de tus anteriores jefes cuando afirmaba que delegar es “dejar que otros piensen, también”.

Sé que cuando otros han delegado en ti te has sentido más motivada que nunca. Además, es imposible abordar proyectos atractivos y complejos sin delegar.

Ahora bien, ¿has pensado qué puede empujar a Julián a no delegar? El miedo a perder visibilidad para alguien habituado a aparecer puede ser un factor paralizante. O, tal vez, el saberse parcialmente prescindible a una edad y en una época de crisis en la que ciertas empresas tratan a algunos profesionales como pañuelos de usar y tirar.

Me has contado que Julián raya el perfeccionismo patológico, ¿puede que tenga miedo a perder el control? ¿Cómo se relaciona con el error y éxito ajenos? Las equivocaciones, ¿son fuente de aprendizaje o armas arrojadizas? Por otro lado, al delegar hay que asumir que quizá el otro lo haga mejor. ¿Cómo reacciona Julián cuando brillas?

Cristina, sé que manejas las claves teóricas de la delegación. Eres consciente de que no todo es delegable. Si Julián dejara que tú hicieras aquello que es nuclear para su puesto, abdicaría. También sabes que cuándo se busca en quién delegar el candidato debe estar a la altura en actitud y aptitud. Si uno no sabe, tiene que “ponerse las pilas”. Es más, la delegación, con un riesgo controlado y sin ser autistas a la gradualidad del proceso, puede usarse como herramienta formativa. ¿Cómo manejas estas variables? ¿Tienes identificado qué puede delegar Julián en ti? ¿Dominas los temas? ¿Tu disposición es la apropiada?

¿Cómo se relaciona con el error y éxito ajenos? Las equivocaciones, ¿son fuente de aprendizaje o armas arrojadizas?Sin la confianza, se hace impensable la delegación. ¿Te has planteado si tu jefe confía en ti? No me refiero sólo a tu capacidad de lograr resultados en aquello que se te delegue. Él debe saber que no te interesa figurar por figurar, que no vas a utilizar la delegación para puentearle…

¿Desbordas y arrollas, aún sin pretenderlo, o caminas silenciosa aportando valor? ¿Eres humilde?

Aristóteles en su Metafísica escribía, “para soltar el nudo hay que encontrarlo”. ¿En qué medida has profundizado en estas cuestiones para intentar solucionar el tema con Julián? El otro día leía a Hermann Hesse. “Cuando alguien lee un texto cuyo sentido quiere descifrar, no desdeña los signos ni las letras, ni los considera una ilusión, un producto del azar o una envoltura sin valor, sino más bien los lee, los estudia y los ama, signo por signo y letra por letra”. ¿Qué signos puedes sacar de lo vivido este año para entender la situación?

¿Están presentes las Cristinas y los Julianes en nuestro día a día? Las Cristinas pueden ser un torrente de talento y energía que las organizaciones no se pueden permitir perder. También pueden ser foco de soberbia, yermo de actitudes humildes, a la espera de jefes perfectos inexistentes. Los Julianes puede que sean directivos acorazados, virreyes de un territorio blindado o, tal vez, personas normales esclavas de sus miedos en un mundo difícil y complicado. No creo en una vida salpicada de recetas. Las decisiones maduras requieren enfoques serios y rigurosos. Sacar lo mejor de las Cristinas y los Julianes es, no sólo profesional y humano, sino divertido.

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