Vuelco en Japón: expectativas de jóvenes, mayores y mujeres

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Yukio Hatoyama, será el próximo primer ministro japonés. Hatoyama contribuyó hace 14 años a forjar el único instante que vio a la derecha fuera del poder en el Japón de posguerra. El triunfo de su Partido Demócrata sobre el Partido Liberal-Demócrata fue aplastante. El PD triplicó el número de sus diputados y consiguió dos tercios de un parlamento de 480.

Hay una posibilidad alta de que lo que entonces fue el efímero gobierno (agosto-93 a abril-94) de una coalición de ocho partidos y en la que estaban los socialistas, sea ahora un cambio que llega para durar, porque el completo control del aparato legislativo (la oposición ya tenía mayoría en la cámara alta, el Senado) lo hace técnicamente posible.

El descrédito del PLD,
cuya hegemonía en la vida política nipona no tiene comparación posible entre las democracias liberales, es de origen económico.
El desgaste del poder
El descrédito del PLD, cuya hegemonía en la vida política nipona no tiene comparación posible entre las democracias liberales, es de origen económico y es seguro que si todo el mundo estuviera persuadido en Japón de que su pensión está blindada y de que habrá trabajo cualificado para todos como hasta ahora, nada de lo que ocurre habría ocurrido.

El malestar social de los japoneses habla tanto de economía como de una patología más digna de psiquiatras que de políticos por su duración y la condición depresiva que la define. La crisis nipona es muy anterior a la vigente crisis mundial, pero el periodo de Junichiro Koizumi (2001-2006) animado por la personalidad calurosa del primer ministro y un respiro económico, le dio una prórroga para terminar con un nuevo declive y el caos en el PLD. La eterna derecha gobernante no logró aportar estabilidad alguna tras su último éxito electoral y vio los fracasos de tres primeros ministros sucesivos, Shizo Abe, Yasuo Fukuda y Taro Aso, quien ha tenido que convocar elecciones anticipadas.

Las recetas de Hatoyama
Exactamente lo mismo que sus predecesores, el nuevo jefe de gobierno es un rico profesional de la política (el más adinerado de todos los diputados, según el registro de la Cámara) y, también como todos, es hijo y nieto de ministro o primer ministro y procede del vivero inagotable del Partido Liberal Demócrata. La diferencia es que la escisión que él protagonizó hace quince años para formar su pequeño partido, el “nuevo Sakigaki” , ha crecido hasta generar un estado de ánimo que ha alentado el gran cambio, el que cree que “fuera del PLD” hay salvación.

Por fin hoy se ha confirmado y la erosión lenta e implacable del gran dinosaurio es un hecho y parece saludable: primero perdió las senatoriales y, ya en este año, lo que se vio como el termómetro que medía la temperatura nacional, el gobierno del Gran Tokio. Las malas cifras económicas sucesivas hicieron el resto y el adelanto electoral fue inevitable.

La escisión que Hatoyama protagonizó hace quince años para formar su pequeño partido, el “nuevo Sakigaki” , ha crecido hasta generar un estado de ánimo que ha alentado el gran cambio, el que cree que “fuera del PLD” hay salvación.Los números de la derrota
Tales cifras son bien conocidas: un desempleo de casi un seis por ciento (un porcentaje que haría felices a muchos gobiernos europeos) es el más elevado de la posguerra, la renta por cabeza, unos 33.000 dólares anuales, se estanca, como la población, que envejece y llega ya a una esperanza media de vida de 83 años…lo que podría comprometer las pensiones a corto plazo, sobre todo porque la deuda pública ha llegado, con los sucesivos planes de estímulo económico, a un nivel peligroso que bordea el 200 por cien del PIB.

El público ha terminado por divorciarse del PLD, pero la oposición del Partido Demócrata, obra del tenaz Ichiro Ozawa, a quien Hatoyama sucedió como líder hace solo tres meses, tiene poco margen de maniobra para enderezar el rumbo y, de hecho, su esperanza, como en medio mundo, es que la crisis termine y la potencia exportadora nipona, su baza eterna, se ponga a hacer dinero a toda velocidad.

Las nuevas recetas
Las recetas demócratas son genéricas y de tono “laborista” o “social-liberal”, como dice Hatoyama cuando se le pregunta sobre qué cosa es su partido, pero ha optado sagazmente por llamar al gobierno al Partido Socialdemócrata, aunque no necesite sus votos. La vertiente social y reformista del nuevo gobierno es la credencial del cambio en un país anquilosado políticamente y donde gran cantidad de ciudadanos se sentían al margen.

Así pues, hablar de “cambio” histórico sea tal vez exagerado, pero determinadas tendencias en política exterior como el deseo de que el país sea “más autónomo respecto a los Estados Unidos” es un giro notable. Los matices no tardarán en llegar porque desprenderse de la alianza con Washington, el pilar intocable de la política exterior y de seguridad de Japón, sería un terremoto. Digamos que se trata de un vuelco histórico del estado de ánimo de los japoneses, que buscan aire fresco y el fin de una ansiedad social demasiado prolongada.

*Por Elena Martí para elplural.com

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