Telma Ortiz y la revolución del mérito

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Todos cometemos errores. La imperfección es implícita a la naturaleza humana. Saber canalizar esos desaciertos nos hace madurar y enriquece nuestra experiencia vital. Si las equivocaciones son necesarias e incitan a la indulgencia en los que nos rodean, la incoherencia y la infidelidad hacia uno mismo son harina de otro costal.

Es una contradicción denunciar a todo medio de comunicación que se precie y trabajar en un organismo público. Es incongruente querer preservar la propia imagen y dedicarse a las relaciones institucionales. Telma Ortiz, no pondré peros a que una economista con experiencia laboral en diversos países que domina idiomas acepte un trabajo que encaja con su perfil profesional, para el cual y hasta que no se demuestre lo contrario, está cualificada por formación académica. Pero si yo tuviese que cubrir alguna rueda de prensa o redactar noticias relacionadas con tu nuevo departamento, pasaría de acudir o publicarlas.

Con casi cinco millones de parados, inventarse un cargo que se cubre mediante designación directa y remunerarlo con un sueldo tres veces superior a la media nacional para la hermana de la Princesa de Asturias, provoca suspicacias.Por lo demás, cualquiera hubiese hecho lo mismo que tú. Aceptar una oportunidad profesional que cubre expectativas y mejora condiciones anteriores. Ir más allá son ganas de hacer sangre. Los que se merecen un tirón de orejas por zotes son los representantes del consistorio barcelonés. Con casi cinco millones de parados, inventarse un cargo que se cubre mediante designación directa y remunerarlo con un sueldo tres veces superior a la media nacional para la hermana de la Princesa de Asturias, provoca suspicacias, comentarios maliciosos y hasta cabreos razonables.

No está el horno para bollos: Hay miles de jóvenes con igual o superior preparación que la susodicha – cobrando bastante menos o en la cola del paro – para los que no se crean puestos ex profeso.

¿Qué hubiese pasado en Estados Unidos si a la hermana menor de Michelle Obama la meten a dedo en la Casa Blanca con un sueldazo? Pues que se hubiese organizado un escándalo de considerables dimensiones no exento de dimisiones. Pero esto es España y para nuestra desgracia, el fichaje de Telma no deja de ser anecdótico. Porque el enchufismo, intercambio de favores e intereses en cualquier organismo público, apesta. Así está el país, caminito del abismo y con desprecio creciente de los ciudadanos hacia instituciones, partidos políticos y sus representantes. La mayoría de los alcaldes españoles se quedan en el graduado escolar, tenemos ministros que no han aprobado ni primero de carrera, presidentes de comunidades autónomas con el bachillerato elemental, a la par que millones de jóvenes preparadísimos no pueden desarrollar su potencial por falta de oportunidades y por pertenecer a un país en el que el mérito y la cualificación puntúan menos que el amiguismo.

Mientras tanto, mi amiga Gema que podría ser una renombrada periodista por gran cultura y mejor pluma, busca trabajo, Enrique ilustrador de tronío y muchas cosas más, lucha por hacerse un hueco – sin padrinos le costará diez veces más – mi querido Alejandro está marginado por hacer y decir lo que la mayoría critica en público y alaba o envidia en privado… Todos podríamos enumerar a decenas de gemas, enriques y alejandros de nuestro entorno, infinitamente más valiosos que los que están ahí arriba. ¿Seguimos siendo borregos conformistas o nos atrevemos a liderar la revolución del mérito? Otras revoluciones también tienen cabida…

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