Si perdonas, acabas antes

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Acabas antes porque consigues la paz que necesitas para vivir tu vida bien y a gusto. Además alcanzas libertad interior, sin la cual, ser feliz se convierte en un sueño imposible.

Lo cierto es que perdonar tiene su dificultad. Popularmente se considera que el perdón tiene que ver con el gesto de decirle al otro “te perdono”, pero los tiros no van por ahí.

Lo primero: acertar
Sin tener más experiencia que la de la vida, puedo decir, a modo de guía, que lo primero que tienes que lograr es tener claro cuál es el problema. No es fácil. A veces creemos que tenemos un problema y luego resulta que es otro bien distinto. Ayúdate de lo que haga falta para conseguir un diagnóstico objetivo y cierto. No te compliques la vida. A veces, estamos tan ofuscados con el sufrimiento que no sabemos ver donde está lo que origina el dolor.
Cuando definitivamente tengas claro el origen de TU mal, la segunda parte es tratar de resolverlo. Ahí se abre un abanico de posibilidades en el que no vamos a entrar. Cada caso tendrá su propia solución. Pero, independientemente de ésta, la clave está en reconciliarse con uno mismo.

Cuando un mal se enquista y se queda fijo y sin posibilidad de ser resuelto: ¡hay que ponerse manos a la obra! Es nuestra obligación para con nosotros mismos. No podemos dejar que se nos pase la vida en medio de un mar de sufrimiento. Para eso necesitamos dominar el ARTE DEL PERDÓN.

El perdón no es cosa de dos
Ya lo dice el dicho: “Perdonar es de sabios”. Sí, y sabios hay pocos. Y es que no todo el mundo es capaz de hacer la “gimnasia interior” que es precisa para conseguir alcanzar una “buena forma emocional” y por tanto ponerse en disposición de liberarse de la carga que le oprime.

Las pequeñas cosas del día a día las resolvemos con más o menos habilidad pero los grandes abismos que se producen entre las personas que nos afectan y nosotros mismos, nos pueden oprimir hasta decir basta.
Perdonar no tiene nada que ver con el cómo te relacionas con aquel que tienes el conflicto. No es cosa de dos. Es cosa de uno mismo. Puedes llevar sin hablarte con tu padre diez años, no tener intención de volverle a ver jamás y haberle perdonado. Da igual lo que haga él, lo importante es lo que sucede dentro de ti. ¿Qué bulle dentro de aquél que perdona al delincuente que le mató a un ser querido? ¿Cómo logras pacificarte después de pasar el trago agotador de un divorcio cruel (aquél en el que el otro ha actuado con maldad)?.

Para ponerte en disposición de perdonar desde lo más profundo de tu ser y, por tanto, reconciliarte contigo, tendrás que controlar tu ira, alejarte del dolor, y manejar tus miedos con destreza. Tendrás que emprender un viaje hacia el centro de tu ser. ¿Meditación, escuelas del dolor, terapias alternativas, etc.? Busca tu camino. Es muy difícil dar el salto desde los aspectos materiales de la vida hacia los espirituales. Al menos para algunas personas. Pero es en el terreno de lo espiritual donde anida lo que necesitamos para liberarnos y alcanzar la capacidad que es precisa para perdonar adecuadamente.

Y después del perdón ¿qué?
La transformación. Os puedo asegurar que hay un antes y un después. Y si cambiar los aspectos materiales de tu vida es inviable -sigues viviendo con una hermana que te maltrata; tu madre es una tirana; tu jefe es un killer… ¡lo que sea!- Da igual. Consigues “caminar sobre las aguas”. Porque ya no estás atrapad@. Emocionalmente has roto las ligaduras.
En esta fase, sólo necesitas un plan. Sí, el que te lleve a conseguir tener una vida como a ti te guste. El que te lleve a ser completamente feliz.

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