¿Se ha convertido una opción sexual en grupo de presión?

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No podría responder a esa pregunta con certeza. Tampoco sé, porque nadie me lo ha demostrado, que exista un lobby gay. En caso de existir, desconozco quién lo constituye, cuándo se creó, dónde se reúne y cómo es su estructura organizativa.

El amor verdadero está por encima de cualquier formalidad, la pasión entre dos seres humanos no atiende a razones ni a leyes.Igual que reconozco que las teorías de la conspiración – vengan del lado que vengan – me provocan urticaria, debo admitir que de un tiempo a esta parte, la justa normalización social se les está yendo de las manos a estos colectivos – colectivos en plural porque hay muchos, cada uno con su propia identidad: Lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, etc. –

Soy una firme defensora de la igualdad de derechos humanos y civiles. Creo que las cuestiones referidas a la conciencia y los sentimientos no deberían ser legisladas. Tampoco me resulta escandaloso que la unión civil entre homosexuales se llame matrimonio. El amor verdadero está por encima de cualquier formalidad, la pasión entre dos seres humanos no atiende a razones ni a leyes, hay matrimonios bendecidos por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana que son una farsa o un juego de intereses, y sin embargo, hay parejas que sin haber pasado nunca por el altar son la viva imagen de la felicidad y ejemplo del amor con mayúsculas.

Existen relaciones de amantes eternos más plenas y satisfactorias que matrimonios de conveniencia, deseos que desgarran el alma y complicidades no convencionales que se comparten hasta la muerte o más allá, y parejas que en una sola noche sienten más que otras en toda una vida: Hallaremos tantos tipos de relaciones como personas que las disfrutan.

Dicho todo esto, espero que no me tachen de homófoba porque no lo soy, al igual que nadie me acusa de machista por estar en contra de la discriminación positiva
hacia la mujer.

Me resulta indiferente que exista un día de fiesta para que se reúnan y promocionen su homosexualidad. Porque en España, uno de los países del mundo más abierto respecto a tolerancia sexual ya no se trata de un día de orgullo reivindicativo de derechos, sino de pertenencia a un grupo. Si el espectáculo no me gusta no asisto, pero quién soy yo para oponerme a que cada cual presuma de lo suyo como le plazca. Que todos los formatos o series de televisión y guiones de cine estén repletos de protagonistas gays lo veo más como una moda que como el resultado de un grupo oculto en la sombra moviendo los hilos. Cine y televisión son industrias con intereses económicos y cuando priman los beneficios del balance contable, no hay presión adicional que valga: Poderoso caballero es don dinero.

Dicho todo esto, espero que no me tachen de homófoba porque no lo soy, al igual que nadie me acusa de machista por estar en contra de la discriminación positiva hacia la mujer. No creo que la mejor manera de conseguir el respeto de los conservadores más reacios a admitir la evolución de la estructura social tradicional – el mío ya lo tienen – pase por un muestrario a todo color de actitudes libidinosas a plena luz del día, exhibicionismo estrafalario de cuerpos semidesnudos o insultos reiterados a otras instituciones y creencias – ¿no es eso caer en lo que ellos han criticado y por lo que tanto han luchado, el respeto al diferente y la transigencia con otras formas de ser, vivir y pensar? – Tampoco ayuda la hipersensibilidad creciente hacia todo lo relacionado con la homosexualidad: Ahora cualquier comentario inofensivo resulta insultante e inapropiado si hace referencia a un gay – ¿dónde quedó el sentido del humor? No hay nada más sano que la risa, ni hombre más sabio que aquel que sabe aceptarse tal cual y reírse de sí mismo –

La orientación sexual es un rasgo innato en la personalidad humana. Disfrutemos nuestra sexualidad según las preferencias individuales y aprovechemos las ventajas de la normalidad democrática en una sociedad libre y plural. La saturación y las imposiciones terminan provocando rechazo hacia el que tensa la cuerda en exceso.

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