Salir de la zona de confort

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La complejidad de la comunicación humana es la base de nuestra ventaja evolutiva con respecto a otras especies y no está exenta de dificultades. En especial, en lo tocante a la comunicación que se establece en las relaciones interpersonales. En ellas subyace todo un mundo personal detrás , ya que intervienen creencias, valores, capacidades y todo ello se traduce en comportamientos que es lo que, realmente, ponemos sobre la mesa al relacionarnos.

Por un lado, hay una resistencia a relacionarnos que proviene de nuestro cerebro instintivo, también conocido por cerebro reptil, que hace que desconfiemos de los desconocidos como un mecanismo de defensa y supervivencia. Por otro lado, como animales sociales, buscamos la compañía del grupo, entre los que se establece una relación de confianza. Esa situación nos conduce a encontrarnos cómodos en las relaciones interpersonales con aquéllos a los que ya conocemos porque, más o menos, hemos aprendido los códigos a utilizar con cada uno. Todo ello nos lleva a situarnos en la “zona de confort”.

Como animales sociales, buscamos la compañía del grupo, entre los que se establece una relación de confianza. Esa situación nos conduce a encontrarnos cómodos en las relaciones interpersonales con aquéllos a los que ya conocemos. Además de que es prácticamente inevitable conocer a personas nuevas con frecuencia, en el entorno profesional, en concreto, nos vemos impulsados a ello por necesidades laborales. Así que ¿Qué ocurre cuando alguien nuevo entra en nuestra esfera? Hay que salir de la zona de confort para interactuar. El grado de sociabilidad, de disfrutar de la compañía de los demás, varía de unos a otro y, por otra parte, las habilidades sociales para establecer relaciones también.

En esta ocasión concreta, me voy a referir a estas habilidades que, como tales, pueden ser innatas o entrenarse. Al principio cuesta pero, como un músculo, a medida que se ejercita, es más fácil moverlo.

Algunas pautas para salir de la zona de confort y empezar a entrenar el músculo, son las siguientes:

  • Como en la mayoría de las cosas y, sobre todo, en lo que atañe al desarrollo personal, hay que marcarse pequeños retos que supongan algo de esfuerzo y, a la vez, que sean alcanzables.
  • Para automotivarnos por el esfuerzo y los logros conseguidos, conviene recompensarnos. Puede ser con algo oneroso o gratuito, pero gratificante, como dedicar una hora en exclusiva a leer nuestra revista favorita o una sesión de masaje relajante (si puede ser en un resort en Bali, mucho mejor).
  • Para dar los primeros pasos, hay que elegir un día en que nos sintamos positivos puesto que nuestra actitud corporal abierta va a ser una gran aliada. Es preferible no hacer un nuevo contacto que dejar una impronta negativa en la primera impresión.
  • Ante un grupo variopinto de personas, acercarse a la que menos nos intimide. Ya habrá tiempo para lanzarse sin escoger cuando se haya practicado más.
  • Pensar que es algo que hemos hecho en muchas ocasiones con anterioridad (ya tenemos amigos a los que conocimos en algún momento). Esto sirve para acallar al falso Pepito Grillo que nos sabotea y nos recuerda nuestras creencias limitantes haciéndonos sentir tímidos e inseguros en presencia de otros.
  • Practicar al escucha activa, es decir, prestar atención a nuestro interlocutor con los oídos, los ojos, el cuerpo y la mente. Nos llevará a conocer más a la otra persona y sentirnos más cómodos.

Animarse a salir de la zona de confort dando pequeños pasos, reforzará nuestra autoestima, y nos dará la oportunidad de conocer a personas maravillosas que entrarán a formar parte de nuestras vidas.

 

*Cuadernos de comunicación personal. Abril 2010.

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