Racismo sistémico y feminismo: una lucha común

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Miles de personas se han lanzado a la calle, a nivel mundial, para protestar en contra del racismo sistémico. Fue tras el asesinato del hombre afroamericano George Floyd a manos de un agente blanco en EE.UU. Se piden acciones concretas y compromiso político para impulsar mejoras reales. ¿Jugará el feminismo un papel importante dentro de este proceso de cambio?

Dos caminos y una meta: La igualdad

Las mujeres han sido y son víctimas directas del cincel patriarcal.Es el que se ha esculpido, históricamente, el del funcionamiento y mantenimiento de los modelos democráticos en que vivimos.

Por mucho que no nos consideremos racistas, los micro-racismos son parte de nuestro día a día.

Los mecanismos institucionales que regulan nuestras vidas discriminan a la mujer de la misma manera sistémica que se racializa y discrimina a la población negra y a otras minorías. La alienación y fragmentación a la que nos exponen estas distorsiones del sistema nos hacen más vulnerables. No sería responsable solapar las tribulaciones de unos y otras, por sus peculiaridades heredadas, socioeconómicas y demográficas.Pero el feminismo comprende y comparte la necesidad de empatizar, educarse y movilizarse contra el racismo con el mismo aplomo con el que apela a que nos enfrentemos al machismo y a la desigualdad.

El trabajo, una vez más, comienza en casa. Por mucho que no nos consideremos racistas, los micro-racismos son parte de nuestro día a día. Toleramos muchas expresiones xenófobas y ofensivas justificando que forman parte de nuestra idiosincracia. Y es ahí donde radica el problema. Esta retórica tradicional busca fomentar la discriminación, la estratificación social disfrazada de patriotismo.

Lejos de ser una broma inocente, los comentarios racistas (tal y como sucede con los comentarios antifeministas) tienen un gran impacto sobre la socialización del individuo y su subconsciente. Lo que se consigue tolerando estas conductas es la legitimación de actitudes racistas, convirtiendo este problema en sistémico y permanente. ¿Existen ejemplos concretos de esta relación causa-efecto? Desgraciadamente sí, a raudales. Abusos de poder a manos de la fuerzas de seguridad, discriminación y explotación laboral, etc. Son muchos los casos en los que la única razón por la que se trata distinto a una persona es, exclusivamente (que no abiertamente), por su color de piel.

La concienciación social es fundamental de cara a reconocer la existencia de un problema tan exacerbado como es el racismo sistémico.

Concienciación y acción colectiva

Más allá del trabajo que debemos dedicarle a la lucha antirracismo en nuestra esfera privada, el cambio tiene que venir acompañado de modificaciones legales, institucionales y estructurales en el ámbito público. De la misma manera que se le está exigiendo al Estado que actualice la legislación para combatir la violencia machista (con mayor o menor éxito/presupuesto), éste es el responsable de corregir otras desigualdades sistémicas como el racismo. El estado debe velar por los derechos e intereses de todas las personas. Sin embargo, los datos no mienten: Si no eres una persona de piel blanca, la probabilidad de que veas limitado el libre ejercicio de tus derechos es alta, así como lo es el incremento en la arbitrariedad de trato por parte de las autoridades.

La concienciación social es fundamental de cara a reconocer la existencia de un problema tan exacerbado como es el racismo sistémico. Sin embargo, en la lucha por la igualdad hay un momento en el que se tiene que pasar a la acción.

En EE.UU. la participación y movilización ciudadana ha conseguido que, en tan solo tres semanas, se haya acusado formalmente a los miembros de la policía responsables del asesinato de George Floyd. Además, la presión social ha logrado que se derogue la sección 50-a de la Ley de Derechos Civiles que limitaba el acceso público a los registros de investigaciones sobre la conducta de los agentes de la policía.

Tal y como sucede con el feminismo, el camino es largo y por delante quedan muchas medidas por implementar y un proceso de resocialización que se prevee largo, pero que es necesario para garantizar la igualdad y ponerle freno al racismo.