Paradojas de la identidad femenina

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Como investigadora y consultora, muchas veces me he preguntado porqué las mujeres somos siempre tan obsesivas con el trabajo , porqué nos sentimos culpables cuando no hacemos lo que se espera de nosotras, porque tenemos que ser buenas y altruistas, porqué las mujeres, habitualmente ganan un 30% menos que los varones, porque no somos un poquito más egoístas…

Estos son algunos de los interrogantes que me formule al iniciar una investigación para el Centro de Investigaciones Sociológicas (estudio 2744) para buscar explicaciones al comportamiento de directivos / as, y los factores que limitan o potencian el desarrollo del potencial, tomando como punto de partida los valores y mandatos familiares, en el hogar de origen. El estudio , inédito aún, se realizó a nivel nacional, con una muestra de 500 participantes clasificados por edad, género y área de actividad.

Entre los resultados destaca que La mayoría de los mensajes que recibieron nuestros entrevistados / as , era predominantemente, económico-profesionales Ambos padres han insistido en ”el valor de la honestidad y la integridad por encima de cualquier otro valor”., con un 40, 9 % por parte del padre y un 28,3% por parte de la madre El padre ha destacado la necesidad del “trabajo duro, esfuerzo, constancia, lucha con un 21.5%.

Estos datos constituyen una explicación importante al porque las directivas siempre se auto imponen un exceso de obligaciones”. Las mujeres suelen ser adictas al “mito de la perfección”. A nivel organizacional, se reproducen comportamientos que se han heredado del entorno familiar. Las mujeres desean “demostrar al padre”, y no a sus colegas masculinos, como habitualmente se cree, que han interiorizado y aplicado los mandatos paternos. Esta reiteración de los mensajes vertidos por el padre, pero también con menor intensidad, por la madre, dan cuenta del comportamiento organizacional diferencial, por parte del colectivo femenino.

El subtotal de la reiteración del mensaje profesional y económico totaliza un 69.4%, por parte de los padres, frente a un 19.8, que alude a los valores emocionales, por parte de la madre. La alfabetización emocional, tan valorada en la sociedad global que requiere mentes flexibles1 y sensibles. recae, casi en su totalidad en las madres, con el agravante que la mayoría de las mujeres no reciben, una capacitación específica, para ello.

Otro aspecto en el que los mensajes familiares, a la hija, han incidido mucho han sido el “ser respetuosa y buena persona”. Son las madres sobre todo las que han insistido con una 19.4% frente un 13.2% por parte de los padres, en este hecho. Lo que frena a las mujeres no es el miedo al éxito, sino los “sentimientos de culpa cuando se incumplen estos mandatos”., entendiendo por culpa que se ha infringido una ley y se es por tanto una persona mala.

Así se va construyendo en el imaginario social una orden de que tienen que ser “siempre buenas”. Buenas madres que relegan sus propias necesidades ante la de sus hijos, buenas hijas, que anteponen las necesidades de sus madres a sus propios deseos, buenas esposas que tienen que hacer de trampolín de despegue, para sus maridos, buenas compañeras de trabajo que tienen que ceder el paso de sus colegas hacia la cumbre. El respeto a las normas de convivencia, el amor a la familia y la preservación de su unidad , así como , la búsqueda del amor, la pareja y el cariño de los demás, constituye el mensaje de las madres con un 7.9%, frente al de los padres que inciden en este aspecto con sólo un 2.2%.

Los mensajes dirigidos a los hijos varones parecen más monocordes, más lineales, lógicos, dirigidos fundamentalmente al trabajo. La educación en los hijos varones suele estar más reforzada en la obtención de resultados., esto también constituye una trampa que a veces los “entrampa” valga la redundancia, en actitudes de “urgencia” y “competencia”. Es el producto del mandato de ser el proveedor material, en contraposición al mandato femenino de ser la proveedora emocional, sino haber recibido una preparación específica para ello.

La variable emocional no ocupa ningún lugar en el mensaje de los padres hacia los hijos varones.En los mensajes dirigidos a las mujeres, se observa, una transmisión de valores, basados en la diversidad, por parte de ambos progenitores. Esta socialización, incide particularmente en, el aspecto emocional y potencia “el pensamiento en red”, básico para la supervivencia de las organizaciones modernas. La educación de las mujeres enfatiza los procesos2 , ya que su tarea principal ha sido fundamentalmente el acompañamiento en las etapas vitales de los distintos miembros de la unidad familiar

”. Según UTE Ehrhardt3 en cuanto a los mandatos, dirigidos particularmente a las mujeres, se reitera hasta la saciedad que las mujeres han de ser buenas “desde la cuna hasta la tumba”.

A partir de los datos presentados, hemos visto que este constituye el mensaje que invariablemente, transmiten los padres y las madres, a sus hijas, independientemente de su edad. De allí que ese sea a la vez, el mensaje que cala profundamente en su “software mental”, convirtiéndose, sin ser consciente en parte de ella misma. Esta orden , familiar se exterioriza en una casi constante búsqueda de aprobación. Es así como la sumisión ” se convierte en la clave del éxito. Cuando lo cierto es que ocurre todo lo contrario. Quizás la vida ofrece una segunda oportunidad, a mediana edad, cuando se dispone de nuevo de la libertad de pensar y actuar para si mismas, de recuperar su verdadera identidad.

En suma, del estudio se desprende que lo que se recuerda de la escala de valores transmitida por vía paterna es aquello que suele constituir el núcleo rector de la vida laboral y económica, como así también un modelo de identificación., lo que también explicaría , en parte, el porqué algunas veces se comportan como hombres , desplazando así , su parte femenina. Por lo tanto, más allá de la ley de igualdad, será necesario explorar la construcción social del software mental y detectar los limitantes internos en cada historia personal….

*Catedrática de Sociología Universidad de Alcalá.

Directora de Alika Nueva Visión Formación

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