¡No te resistas! Tú eres tu propia aventura

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Ya lo he escrito antes. La vida es movimiento. Nada permanece eternamente. No existe la eternidad  más que para las obras que levantamos. Y no todas. ¡Ya se encarga la naturaleza (cuando no la mano del hombre) de enviarlas a paseo!. Un volcán arrasador; el mar que retrocede y avanza para aplastar lo que encuentre a su paso; un cielo roto en millones de pedazos de lluvia que desborda ríos y anega los campos.  Una larga lista que mejor paro aquí.

Conscientes pues de que estamos de paso, ¿qué sentido tiene resistirse a aceptar los cambios que nos trae la vida?.  Insisto en el término: "conscientes".  Lo digo porque  a mi me da que  lo somos poco y mucho menos cuanto más acostumbrados estamos a lo que tenemos y a como somos. ¡Ojo con la palabra!: sí, sí, acostumbrados. Y a más años, mayor aferramiento a los patrones mentales, ya sean de comportamiento o de pensamiento. ¡Valiente pérdida de tiempo y energía!. El inmovilismo y la "papanatez" mental se dan la mano.

TRANSICIÓN  CON GIMNASIA    

Entre un momento de tu vida y el que llega después, a veces, te puedes permitir  hacer una transición. Cuesta darse cuenta de que eso está sucediendo. Las transiciones, en términos generales,  son poco amigas y suelen doler. Por visualizarlas de alguna manera diré que se parecen a un túnel.  Más o menos oscuro y largo  dependiendo de quien lo atraviese.  

Elige pensar en positivo  y organízate para pasar a la acción. Eso es lo bueno de no resistirse a los cambios. Acabas antes el "paseo" y en lo que dura disfrutas de él. Y si no, como mínimo, sufres menos y eso ya cuenta.

Yo, cuando me doy cuenta de que estoy en una, saco una vela  imaginaria. La de la ilusión. No porque tenga alguna en especial. Pero instalarme en la emoción que me provoca sentirme  ilusionada es una gimnasia mental que me ayuda mucho. ¡Ah! y me empeño en no perder la esperanza  bajo ningún concepto. Es una esperanza sin concretar. Como suelta.  Me genero la emoción que me provoca el tenerla y tan ricamente.

Cuesta saber que entras en él (me refiero al túnel) y sobre todo cuesta aceptar que ha llegado el momento de cambiar. No es fácil. Pero si eres capaz de reaccionar ante tanto "coste" ¡es genial! y todo empieza a fluir. Elige pensar en positivo  y organízate para pasar a la acción. Eso es lo bueno de no resistirse a los cambios. Acabas antes el "paseo" y en lo que dura disfrutas de él. Y si no, como mínimo, sufres menos y eso ya cuenta.

¡TU ERES TU GRAN AVENTURA!

La vida es un camino de aprendizaje.  Puede sonar a rollo de escuela espiritual pero es una verdad como un templo. Por otra parte y siendo prácticos, más nos vale aprender. Aprender para evolucionar y enriquecernos  interiormente para ser mejores personas y fuentes inagotables de energía positiva.  ¿El resto?: ¡ya vendrá después!.
 
Mientras no aprendamos viviremos en un círculo vicioso y nuestra inteligencia será incapaz de crear pensamientos útiles y valiosos.  Sin ellos no podemos ejercer la mejor cualidad que tenemos los humanos: amar de verdad.  Ese es el vértice desde donde parte todo.  Es como el ingrediente mágico de cualquier plato.  Una pizca de amor por aquí y otra por allá tiene un efecto bastante liberador sobre la forma de pensar. Eso ayuda mucho. ¡Créeme!

El sentimiento del amor aplicado a la vida cotidiana es muy valioso. Provoca emociones que te reconcilian con lo que te rodea y es un excelente compañero. Cuando nos sentimos así vibramos bien y las malas energías no contaminan nuestra mente, entonces estamos realmente preparados para el gran viaje y empieza la aventura.   Esa que consiste en que antes de irnos de aquí hay que dejar algo hecho que valga a los demás.

Nosotros nos vamos, pero nuestras obras, sean del tamaño que sean, permanecerán si son valiosas y verdaderas y, sobre todo, si se cocieron en la fragua de cualquier tipo de amor: a la profesión, a los hijos, a la pareja, a la vida en general, a la literatura, a la naturaleza, da lo mismo. Terminado el viaje y concluida nuestra obra, ya estamos listos. Nos vamos con lo puesto y para la ocasión no hay mejor gala que la satisfacción de haberlo dado todo.

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