¡Mujeres, a la política!

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Mientras la avanzada femenina va adquiriendo nuevas formas, los prejuicios machistas también se renuevan. Así, el obsoleto modelo corporativo, productivista, a la sombra de las jerarquías masculinas, transmuta en una nueva forma de discriminación y atenta contra la igualdad de género, extendiéndose hacia la política.

El centro que estudia el comportamiento sociológico de la opinión pública en España, este mismo año, ha vuelto a confirmar que hay un 25% de ciudadanos españoles que consideran que no es una buena noticia que una mujer ocupe cargos de máxima responsabilidad política.

El hecho de que el liderazgo femenino aporta registros diferentes es indiscutible. Indiscutible por la práctica y por los resultados. Las formas son el fondo y las formas del liderazgo femenino tienen un fondo muy interesante, muy diferente, muy rico, muy complementario.  Dobles de riesgo

A las mujeres se las juzga el doble, se las perdona la mitad y no se les da ni la mitad de la visibilidad y el espacio que deberían ocupar. Eso evidentemente debilita el liderazgo femenino en la política. Los patrones de análisis y de evaluación de sus competencias son siempre excesivos. Si se hace un análisis del tiempo que llevan las parlamentarias en las legislaturas de Chile o en España , no llegan a 2 años, mientras que los legisladores alcanzan casi a 4. Entonces, evidentemente alguna forma de discriminación se evidencia.

Mujeres públicas

Por otro lado, debemos reparar en la exposición pública que la política incorpora al universo de estas féminas. Con el empoderamiento politico, se asumen también las responsabilidades que la sociedad proyecta sobre sus modelos, a través de los medios. Las mujeres públicas son auditadas permanentemente. Parecen no tener derecho a una vida privada. Son observadas todo el tiempo. Y sus errores siempre serán doblemente graves que los de los mismos ciudadanos, cuyas ideas se cuecen a la luz de la caja boba.

Dentro de estos márgenes, se juzgan todo el tiempo las aptitudes políticas de las posibles legisladoras o gobernantes. Por lo cual, su propia labor debe verse reforzada por adaptarse a un modelo que nada tiene que ver con sus capacidades sino con apariencias, imágenes que construyen los hombres sobre mujeres ideales, sin comprender y sin siquiera intentarlo, a las verdaderas mujeres.

Liderazgo femenino

Hay varias cualidades que destacan a las mujeres en cargos importantes. Sin embargo, algunas de esas aptitudes las diferencian visible y marcadamente. Cuando ellas gobiernan, según el último Informe Parlamentario Mundial:

1.       El gasto público de orientación social aumenta. Educación, cultura, salubridad, ciencia, vivienda, familia.

2.       La política es percibida de otra manera por parte de los ciudadanos. Más próxima, más dialogante, más cercana, etc.

El hecho de que el liderazgo femenino aporta registros diferentes es indiscutible. Indiscutible por la práctica y por los resultados. Las formas son el fondo y las formas del liderazgo femenino tienen un fondo muy interesante, muy diferente, muy rico, muy complementario. De esto mismo, se desprenden las principales y más significativas características de un liderazgo femenino: 

1.       Un liderazgo cooperativo.

2.       Un liderazgo social.

3.       Un liderazgo emocional.

Liderazgo cooperativo

El éxito de las empresas del siglo XXI radica, en buena parte, en incorporar el talento, de afuera hacia adentro y de adentro hacia adentro. Las mujeres son pieza clave para mover ese talento, para reconectarlo, para vincularlo.

Liderazgo social

Las mujeres se vinculan mejor con el entorno. Lo ven y lo observan con una mejor capacidad de integración y de relación, con menos hostilidad y, sobre todo, con menos autismo. Las empresas del siglo XXI deben de saber que teniendo una cuota de mercado; pero perdiendo la sociedad, están condenadas al fracaso y están minando la capacidad de desarrollo sostenible de la empresa. De la misma manera, lo sufrirán aquellos gobiernos que se priven de las capacidades socioculturales de las mujeres que denigran.

Liderazgo emocional

Esto se refiere a todo aquello que tiene que ver con las relaciones humanas, el trato, la capacidad de crear ambientes positivos, la manera de reconocer el talento de otros, la posibilidad de promocionar a otras personas, de comprender la complejidad. Es decir, todo lo inherente al rico mundo de las emociones, imprescindible en personalidades vinculadas con posiciones de liderazgo. No se puede reconocer las emociones de otras personas e intentar comprenderlas si no se dispone de la libertad para aceptar las propias emociones, actitud esta, que históricamente se ha celebrado entre los hombres durante centurias.

Conciliación

Y aquí, volvemos a la igualdad en general. Tomemos a la política como un trabajo más, como parte de las responsabilidades que asume un ciudadano que intenta representar a otros. En este caso, tenemos que reducir nuestra ocupación para repartir el trabajo y para hacerlo más saludable y más creativo y más interesante. Por lo tanto, para hacerlo más productivo. Esto va a favorecer la concurrencia competitiva entre hombres y mujeres. Cuando las reglas del juego empiecen a cambiar y bajemos la carga laboral, para repartir el trabajo y para hacerlo más rico, las mujeres van a poder competir en mejores condiciones de igualdad. Repartir el trabajo en la casa y repartir el trabajo en el trabajo. Y eso sí que es una situación ideal.

 

*Sobre reflexiones de Antonio Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación.

 

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