Nos llevamos a las abuelas

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Se acabó el verano, volvemos al trabajo, empiezan los colegios, y de nuevo las  prisas, los  horarios y la falta de tiempo. De las vacaciones ya sólo nos queda el recuerdo…el leve recuerdo que activamos cuando nos reencontramos con compañeros, amigas o vecinos y nos hacen la típica  pregunta… ¿Que tal las vacaciones? ¿Donde has estado?…

Y automáticamente se convierte en una competición, en un esfuerzo dialéctico para describir las vacaciones de ensueño. Parece una carrera para demostrar quien ha hecho el viaje más exótico, quien ha realizado la aventura o el deporte más emocionante, o quien ha gastado más dinero. Para acabar siempre concluyendo de forma algo fatua, que nuestras vacaciones han sido mejores que las de los demás.

Hay vacaciones que se tratan de dedicar el tiempo libre para disfrutar de una compañía muy especial, la compañía de nuestros mayores, de nuestros padres, de nuestros abuelos. Pero cada uno disfruta de las vacaciones a su manera.
Hay vacaciones en las que no buscas los destinos exóticos, ni deportes de aventura, ni experiencias interculturales en otros países. No son glamorosas, ni quizás tan divertidas pero son muy enriquecedoras… Se trata de dedicar el tiempo libre para disfrutar de una compañía muy especial, la compañía de nuestros mayores, de nuestros padres, de nuestros abuelos. Personas que han dado tanto  y piden tan poco, personas que se han hecho mayores sin darnos cuenta, sin dedicarles tiempo, sin avisarnos. Pero siempre  han estado ahí, vigilándonos, esperándonos.

 Merece la pena aprovechar el verano o parte del verano  para intentar que nuestros padres y nuestros hijos pasen más tiempo juntos. Se nos olvida que no estarán siempre. Que el tiempo corre y acabara separándonos.

Y merece la pena por el sólo hecho de su compañía  pero además porque los abuelos transmiten enseñanzas que los padres no siempre sabemos hacer llegar a nuestros hijos, porque transmiten valores como la educación, la generosidad, el esfuerzo y sobre todo el cariño y porque aunque no tengan muchos conocimientos teóricos transmiten sabiduría, sabiduría que viene de su experiencia. Nosotros conocemos las reglas, los abuelos saben las excepciones. Nosotros nos dedicamos a aprender, los abuelos se dedican a entender.

Siempre me ha llamado la atención que a pesar de que muchos de ellos han vivido una guerra, o posguerra, han pasado hambre, han perdido seres queridos y han conseguido lo que tienen con mucho esfuerzo siguen manteniendo la alegría de vivir, la alegría  de recordar y la alegría de transmitir. Quizás sólo tras el sufrimiento extremo eres capaz de valorar los pequeños detalles.  Y siempre me ha llamado la atención el hecho de que ellos, que de jóvenes siempre querían gustar, ahora con el paso de los años, lo único que pretenden es no molestar.

Demos la satisfacción a nuestros padres de ver que educamos a nuestros hijos con las mismas pautas que ellos iniciaron, que a pesar de las diferencias entre generaciones hay valores que siempre permanecen.Demos la satisfacción a nuestros padres de ver que educamos a nuestros hijos con las mismas pautas que ellos iniciaron, que a pesar de las diferencias entre generaciones se den cuenta que hay valores que siempre permanecen, que hay enseñanzas que nunca se pierden. Que sepan que sus esfuerzos finalmente dieron sus frutos.

Y demos la oportunidad a nuestros hijos de entender como y por qué sus padres han sido educados de una determinada manera, de entender por qué damos tanta importancia a la familia y de entender el hecho de que querer y respetar a los abuelos es una cuestión de justicia no de caridad.

Tienen arrugada la piel pero conservan el arte de envejecer con ilusión. Salidas nocturnas, viajes exóticos y deportes de aventuras están muy bien  pero la riqueza afectiva y psicológica que reciben nuestros hijos, tengan la edad que tengan, al pasar tiempo con sus abuelos no es fácil de encontrar de otra manera.  

A mi personalmente me encanta ver como mi madre les cuenta cosas a mis hijos y ver como ellos escuchan con atención. Es como si salpicara sus vidas con un polvo de estrellas… Algún día ella ya no estará pero el polvo de estrellas continuará.

No se de que cosas hablan quizás de chicos con mi hija, de fútbol con mi hijo mayor y del colegio y los amigos con el pequeño. De esas cosillas sin importancia pero que llenan sus vidas. No hablan mucho tiempo ni todos los días, y sin embargo el efecto es…infinito

A mí también me preguntaron de una manera fatua:

_ ¿Que tal las vacaciones? ¿El año que viene también os lleváis a las abuelas?
_ Si, el año que viene también  nos llevamos a las abuelas contesté sin vacilación y con orgullo.

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