¿Necesitas algún cambio?

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Estrenamos año. Quizá no tengas necesidad o si la tienes no te das ni cuenta. ¡Que eso pasa y mucho!. Párate y obsérvate.  Si te sientes estupenda, ¡genial!. Pero si detectas que algo no está bien plantéate que quizá te toque cambiar algunas cosas. Tanto da si le toca el turno a las que “están contigo” como a las que están “en ti”.

NO APURES HASTA EL FINAL
Para cualquier cambio necesitas más energía de la habitual. Al final, en las rutinas del  estar nos acomodamos y cuando lo estamos el cerebro va en automático.  Lo cual es un arma de doble filo. Por una parte te sientes relajada, pero por la otra si algo te tiene “desajustada” aprendes a vivir con ello. El desgaste interno que produce el citado “desajuste”  es muy sutil y, casi siempre, altamente dañino a largo plazo.

Por eso es importante darse cuenta a tiempo. Cuando todavía cuentas con energía suficiente (y recursos) como para generar los cambios que te propongas.  ¡No te abandones!.

 Ser felices desde la paz interior y el sentimiento de plenitud nos permite proyectarnos hacia los demás desde el amor incondicional, la aceptación, la tolerancia y el respeto que nos debemos los unos a los otros como humanos que somos.

SIENTE LA LLAMADA Y CONECTA
Sentir la llamada no es fácil. Hace falta cierta quietud y silencio. Sobre todo interior. Además hay que abandonarse a la observación  de lo que hay alrededor y de lo que sucede cada día.  Observa fuera y mira dentro de ti.  ¿Qué ves?. Si sientes plenitud y que estás en paz: ¡ya estás conectada!. ¡Enhorabuena!. Si no es así, tienes tarea por delante.

Estar conectada es sinónimo de felicidad y ejercerla es nuestra misión.  Ser felices desde la paz interior y el sentimiento de plenitud nos permite proyectarnos hacia los demás desde el amor incondicional, la aceptación, la tolerancia y el respeto que nos debemos los unos a los otros como humanos que somos.

¿Y QUÉ ES SER HUMANO?
Si yo no fuera humana y nos observase como una especie dentro de un planeta no la entendería.  Somos lo peor para nosotros mismos y lo mejor todo unido en una mezcla indomable. 

¿Cómo unificarnos hacia lo mejor?. ¿Y qué es lo mejor?. Generalizar es complejo porque siempre te lleva a error y, en cuestiones de calado, como es el caso, no procede. Para evitarlo y poder responderme a la pregunta he intentado  “deshacer” al humano para reducirlo a su esencia.  He hecho el recorrido desde el anciano al bebé una y mil veces. Y he llegado a la conclusión de que el  humano auténtico, en estado puro, es un generador de energía. Así, en seco y sin más adornos.

¿ENERGÍA PARA QUÉ?
No se me ocurre respuesta alguna.  Con todo, y desde una lógica de esas de estar por casa, yo diría que no tenemos un fin concreto. Nos ubicamos entre cielo y tierra en un espacio cargado de otras muchas fuerzas que van y vienen de más a menos sin razón aparente para el conocimiento de gente corriente y cuya justificación última se encuadra en el ámbito religioso porque en algún sitio hay que ponerla.

En esta especie de función de “intermediarios energéticos” yo diría que alcanzamos un nivel óptimo cuando  el cerebro conecta con el corazón a través de la emoción que provoca el sentimiento del amor incondicional.  Cuando el humano conecta con este aspecto de su naturaleza  (imposible para muchos) todo lo que le rodea se modifica para bien. Invariablemente.   De ahí el nivel óptimo del que hablo.   Lo cual nos dota de un poder para transformarlo todo impresionante.  Nuestro fallo, como especie, radica en el miedo. Nos inutiliza y nos separa de nuestra capacidad.

¡CONFÍA!
¡Conecta y confía!. Céntrate en el aquí y ahora. La memoria hazla selectiva. Recuerda sólo lo positivo de la vida y lo negativo considéralo un camino de aprendizaje del que saliste fortalecida.  En general no te preocupes, ¡ocúpate!.  Acepta los cambios que te lleguen y evoluciona hacia la paz interior y la plenitud.  ¡Relájate y disfruta!. Es lo que piden los tiempos que corren.

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