Lo que no mata fortalece

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Tengo un amigo que cuando habla sentencia y en un momento difícil me confesó: “Las malas rachas siempre anteceden a los triunfos, nunca hay que desistir; si no cesa tu empeño, un fracaso suele convertirse en empujón definitivo hacia el éxito”. Si estos días alguien puede presumir de levantarse tras una caída – Olimpiadas de Pekín, 17-08-2008 – y alcanzar la gloria – Mundial de Berlín, 17-08-2009 – es Marta Domínguez, nueva campeona del mundo.

Por cuestiones profesionales en los últimos años he asistido a muchos eventos deportivos de élite. Mi experiencia me lleva a afirmar que el espectáculo, circo mediático y mamarrachos con vocación de celebridad que aderezan estos saraos nada tienen que ver con el deporte.

Desconozco si la familia olímpica nos elegirá finalmente, pero no será por falta de persistencia, ilusión, coraje, tesón y voluntad de los nuestros…Cantidades ingentes de dinero para el enriquecimiento de cuatro organizadores avispados, niñatos encumbrados a la fama a los que colores y banderas les vienen grandes, masas adoradoras de becerros de oro, advenedizos en busca de la foto que les abra puertas a la prensa del colorín y lucimiento de los invitados a palcos VIP.

Aterricé en Berlín sugestionada por estos antecedentes, con planes alternativos ajenos al campeonato y simplemente me reencontré con el deporte auténtico. Atletas entrenando duro al amanecer por calles emblemáticas como la Unter Den Linden, conversaciones distendidas con deportistas anónimos de las delegaciones que se hospedaban en mi hotel, calles invadidas por diversas nacionalidades presumiendo de sus símbolos con orgullo y en armonía, familiares llegados de todas partes para estar al lado de los suyos en los escasos minutos – en algunas disciplinas segundos – en que se juegan el sacrificio de todo un año.

La inmensa emoción que supone contemplar en vivo el estratosférico récord mundial de Usain Bolt ante un Estadio Olímpico vibrando es indescriptible. No pude evitar desear de todo corazón revivir la experiencia dentro de siete años en mi ciudad, y no debo dejar de alabar la incansable labor del equipo de Madrid 2016 allí presente, que desde hace meses no deja de asistir – hasta convalecientes – a cualquier lugar en el que se encuentra un miembro del Comité, luchando cada voto del CIO como si en ello les fuese la vida. Desconozco si la familia olímpica nos elegirá finalmente, pero no será por falta de persistencia, ilusión, coraje, tesón y voluntad de los nuestros…

Marta Domínguez, flamante campeona mundial, nos ha demostrado como la mejor arma para alcanzar sueños es creer en uno mismo.La guinda llegó con la española que un año antes tras una caída a pocos metros de conseguir una medalla olímpica, se levantó con dignidad, aceptó una derrota dolorosa y nos dejó aquella frase premonitoria: “Esta caída me hará más fuerte para seguir”.

Marta Domínguez, flamante campeona mundial, nos ha demostrado como la mejor arma para alcanzar sueños es creer en uno mismo. Que desterrado el desánimo no hay imposibles. Que la humildad, modestia y una permanente sonrisa no son incompatibles con los grandes campeones. Que el esfuerzo y la constancia son básicos para conseguir objetivos. Que en nuestros días la edad no es obstáculo para casi nada.

Ojalá los medios se vuelquen más en los verdaderos atletas, y patrocinadores e instituciones aporten más recursos a los que son ejemplo de valores para la juventud y dan prestigio a nuestro país. Se necesita más apoyo para los héroes que son capaces de mantener un trabajo alternativo que les garantice recursos económicos, sacrificando vida personal para atender durísimos entrenamientos diarios y que nos llevan al podio en las grandes citas internacionales.

A todos los atletas con los que compartí unas horas inolvidables: Gracias por reconciliarme con el DEPORTE que busca la excelencia, el que refleja amistad, respeto, honestidad, deportividad, lealtad, juego limpio, modestia en la victoria y serenidad en la derrota.

Los valores recogidos en la Carta Olímpica no dejan de ser valores humanos que deberían trascender de la competición para abanderar el espíritu de nuestra sociedad.

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