Llamar a las cosas por su nombre, hacerse ver… dejar huella

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Semana ajetreada con múltiples encuentros que profundizan vías sobre las que debemos caminar. Desayuno en Michael Page y expongo ante un plantel de jóvenes directivas lo que creo es el abc del desarrollo profesional: equilibrio y ambición en cuotas similares; ante un grupo de partyicipantes del Foro Mujer y Liderazgo en Aliter, hablo de mujeres y poder, conocimientos y habilidades. Imparto un taller en The Women Station sobre visibilidad y huella personal ante una platea abrumadoramente femenina y me percato de que en cada ocasión repito palabras como oportunidad, determinación, constancia…

Pienso en Laurene Powell Jobs la viuda de Steve, el factotum de Apple y una de las mujeres más ricas del mundo. Hasta ahora de bajísimo perfil reaparece para hablar de la necesaria reforma migratoria que de más oportunidades a los hijos de los inmigrantes para convertirse en ciudadanos. Protagoniza un documental en el que trabajó -«The Dream is Now»-, para sensibilizar a los legisladores para que aprueben el acta «DREAM» – Desarrollo, alivio y educación para menores extranjeros.

¿Qué necesidad tiene la heredera del imperio Jobs de convertirse en agitadora social, de  dedicarse a mejorar la vida de los demás? Quizás, me digo mientras cruzo la Castellana azotada por un viento invernal, se haya dado cuenta de que la felicidad no tiene patrones
y este sea el suyo.

«Estos son niños que son traídos a este país como adolescentes que son criados como americanos y que van a escuelas americanas, y luego, cuando se gradúan de secundaria ya no tienen ningún futuro frente a ellos porque son indocumentados», dice Powell Jobs.

¿Qué necesidad tiene la heredera del imperio de convertirse en agitadora social, de dedicarse a mejorar la vida de los demás? Quizás, me digo mientras cruzo la Castellana azotada por un viento invernal, se haya dado cuenta de que la felicidad no tiene patrones y este sea el suyo.

Contrasta con el lodo y la basura que vemos a diario de este y otros lados del mundo y que nos alcanza en el humor y la conversación cotidiana.

Leo que Vargas Llosa, en un momento de su vida ha tenido que elegir entre responder correos y leer centenares de libros que le envían a escribir los propios. Y por supuesto ha optado por escribir. Magnífica gestión del tiempo que un día cualquiera interrumpe para hojear un libro y en el sumario encuentra un capítulo dedicado a un escritor que admira. Entonces sucede el milagro. Se detiene, lee el capítulo, se sumerge en el libro y de pronto siente la felicidad, el asombro, el respeto por una escritora argentina a la que la Universidad de Chile a dedicado una humilde edición. Entonces, de manera fortuita, dedica una página entera de El país dominical, a Leila Guerriero, una periodista que no hubiera soñado con aquello. Pero que tuvo la determinación de enviar ese libro que fue abierto, leído y admirado.

¿Cuántas probabilidades hay de que las cosas sucedan? Depende. Lo que es claro es que si no nos movemos, no tomamos la palabra, no expresamos, no exigimos, la bruma del silencio y la medianía lo cubrirá todo.

Hablar, llamar a las cosas por su nombre, pedir, hacerse ver,  actuar con firmeza, respetar la impronta, lo que nos mueve y nos hace dejar huella. Estoy convencida de que es el camino para cualquiera pero de que es aún más necesario de que las mujeres lo tengan en la cabeza.

No son tiempos para pasar inadvertidas sino para poner en la mesa aquello que debería ser de otra manera. Sumar las voces, dar la nota, poner coherencia al discurso y a los hechos. Aquello que echamos en falta y nos provoca muecas cuando deglutimos las noticias, es una manera de saber por qué caminos no ir.

Si sólo se trata de ser felices, debemos saber que la urgencia está marcada por el tiempo. Ese truhán que se escapa y nos deja con las cosas a medio hacer. Ese díscolo al que no podemos atrapar pero al que podemos sacarle el jugo si tenemos las agallas para hacer lo que creemos, si somos persistentes, si dejamos la pereza…para la otra vida.

 

*Mercedes Wullich es directora de Mujeres&Cia.