Las mujeres y el estrés laboral

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Estamos en la sociedad del “estrés”, un mal demasiado común en la vida de todos nosotros, y hoy este padecimiento se ha engrandecido, alimentado por el miedo a perder el puesto de trabajo.

El estrés actual al que estamos sometidos tiene unas raíces diferentes al que padecían nuestros antepasados perseguidos por animales salvajes, o peligros ambientales extremos, hoy las amenazas son otras, pero sus manifestaciones siguen siendo las mismas.

En una época de crisis como la actual, la incertidumbre, el aumento de las exigencias laborales o el miedo a tener que entrar en la oficina del paro nos hace caer en manos de ese tóxico emocional que envenena nuestra salud. Por eso, somos muchos los que sufrimos uno u otro síntoma de este mal común: palpitaciones, molestias digestivas, sensación de ahogo, irritabilidad o insomnio, formas en las que se expresa este antiguo padecimiento que se ha puesto tan de moda.

A través del sutil método de apoyar a otras personas y de buscar ayuda en los otros podremos ahuyentar el miedo o el desánimo que circulan en estos tiempos.Desde hace un tiempo la prensa nos va desgranando los suicidios que han cometido hasta 25 empleados de la empresa France Telecom en los últimos dieciocho meses. La cifra nos asusta y también nos hace pensar la gran influencia que el ambiente laboral puede ejercer sobre nuestro equilibrio mental.

Porque estos suicidios son sólo la punta del iceberg de lo que está sucediendo en muchas empresas en estos momentos de dificultades. En general juzgamos a nuestras “organizaciones” como entes abstractos e impersonales, pero, su ambiente está profundamente influido por los valores de sus dirigentes, por las emociones de cada jefe, o por la calidad de los vínculos que establecemos en equipos, grupos, ó departamentos.

Más que la cuenta de resultados es la calidad humana y la convivencia la que marca, en gran parte, nuestro bienestar ó malestar laboral. Estos valores que no cotizan en bolsa son, sin embargo, capaces de generar confianza o recelo, de asustar o de dar serenidad a los trabajadores. Pero, este gran secreto capaz de generar riqueza o enfermedad permanece todavía infravalorado y descuidado en la mayoría de nuestras oficinas. Por eso el estrés hoy se desplaza por el aire de nuestras empresas contagiándonos a todos.

Pero ahora se ha descubierto que nosotras, las mujeres, gracias a nuestras hormonas somos más capaces de combatir esta enfermedad empresarial. La Dra Shelley Taylor ha estudiado un tipo de respuesta al estrés que aparece mayoritariamente en las madres y que consiste en proteger a sus crías y recurrir al entorno social para compartir la preocupación o los problemas.
El estrés hoy se desplaza por el aire de nuestras empresas contagiándonos a todos.Porque los sucesos estresantes pueden desencadenar en nosotras la liberación de oxitocina, la llamada hormona del amor, y esta poderosa sustancia nos conduce hacia el apego a otras personas para huir del estrés.

No en vano, las mujeres nos buscamos para hacernos confidencias, compartir problemas, ó tan sólo para quejarnos y llorar. En definitiva para sentimos escuchadas y apoyadas en nuestros problemas y esto alivia gran parte de la sensación agobiante de estrés.

Aún sin saberlo, recurrimos a ese gran amortiguador del estrés que es el apoyo social cuando sentimos esa asfixia existencial. Mientras, los hombres en la misma situación son más proclives a liberar testosterona, hormona que facilita la respuesta típica de lucha o huida, que fueron conductas, probablemente con un claro valor adaptativo para nuestros ancestros, pero que en el mundo actual de poco nos sirven para manejar las situaciones que despiertan el estrés.

Quizá pronto los departamentos de Recursos Humanos se empiecen a preocupar de esta pandemia empresarial que nos está afectando más que la gripe A en la actualidad. Pero mientras tanto, yo os aconsejaría a todos que utilizarais este método tan femenino de hablar de lo que nos preocupa para evitar caer en brazos de la hostilidad y del malestar interno. Con probabilidad, a través del sutil método de apoyar a otras personas y de buscar ayuda en los otros podremos ahuyentar el miedo o el desánimo que circulan, en estos tiempos, por nuestras organizaciones.

*Inmaculada Gilaberte es psiquiatra y autora del libro Equilibristas: Entre la maternidad y la profesión

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