La ética ha muerto: ¡viva la RSE!

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También, porqué no reconocerlo, hemos caído circunstancialmente en la incredulidad y el desánimo, sensaciones que, muy a nuestro pesar, son cada vez más frecuentes; ya que siendo la doctrina encomiable, su puesta en práctica no lo ha sido tanto: no ha ido mucho más allá de utilizarse como una herramienta de marketing, con la que encubrir o maquillar conductas poco ortodoxas.

Cómo si no interpretar el hecho de que algunas de las empresas que presumen de RSE, sean las mismas que promueven el desahucio de ancianos y enfermos, dejan sin energía viviendas de familias necesitadas o con todos sus miembros en desempleo, promueven expedientes de regulación de empleo mientras sus beneficios no dejan de crecer y contratan a presuntos delincuentes, con sueldos y condiciones que sus mejores empleados nunca podrán alcanzar ni siquiera soñar; promocionan la mediocridad; recortan sueldos del personal mientras los miembros del Consejo de Administración y de la Alta Dirección se aseguran retribuciones millonarias…

¿No ha sido la crisis producto de una gestión irresponsable en los ámbitos empresarial y político? Se planteó la RSE como el remedio a estos comportamientos: ¿está consiguiendo su objetivo? No parece que así sea.  No es ésta una apreciación personal ni gratuita. Basta detenerse a analizar el panorama empresarial y político de este país o consultar la 11ª edición del informe “La Responsabilidad Social Corporativa en las memorias anuales de las empresas del Ibex 35”, que el Observatorio de RSC presentó en Madrid recientemente. (http://goo.gl/RHOATk) (http://goo.gl/3PEUc1)

Algun@s estamos convencidos de que la aparición de la RSE ha sido el resultado de la postergación de la Ética y que si ésta fuese el referente de la actividad empresarial, probablemente no estaríamos hablando de la RSE. Pero la Ética parece estar dormida o tal vez haya muerto. ¿Intenta entonces la RSE cubrir el vacío que deja la falta de Ética? ¿Puede considerarse la RSE componente de una Ética Corporativa de más amplio espectro, como propone en sus estudios mi colega Dr. Yamashita? (http://goo.gl/GfjxdU ).

Sea como fuere, el panorama que podemos percibir dista mucho de ser alentador. La corrupción campa a sus anchas, la precariedad se extiende y la situación social parece retrotraerse a la de épocas que creíamos ya superadas. Se culpa a la crisis, sí; pero, ¿no ha sido la crisis producto de una gestión irresponsable en los ámbitos empresarial y político? Se planteó la RSE como el remedio a estos comportamientos: ¿está consiguiendo su objetivo? No parece que así sea.

Prescindir de la Ética es un grave error, como lo es confiar la implantación efectiva de la RSE a la voluntariedad y la autorregulación. Las muchas carencias que se constatan en las empresas  en lo que se refiere a RSE, son achacables a la vía que se ha elegido para  implantar la RSE, no a ésta en sí misma.

Resucitar la Ética puede ser un proceso largo, que debería hacerse extensivo a todos los estamentos de la sociedad. Que la RSE sea una realidad, tal vez requiera de mecanismos coercitivos que impongan sus principios y sancionen ejemplarmente su carencia. En ambos casos, una sociedad (y las empresas forman parte de ella) que se dice moderna, no puede vivir de espaldas a la realidad. Y ésta nos dice que enterrar la Ética y maquillarse de RSE, no sólo no es la vía para revitalizarse y progresar, sino que conduce directamente al suicidio como país.

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Rafael de Sádaba es Ingeniero de Telecomunicación. Directivo jubilado de Telefónica. Colaborador para España del World Bank Group. Colaborador/asesor en Technovation Girls. Forma parte del Consejo Asesor de Media Responsable. Colabora ocasionalmente con Fundación Telefónica. Ha participado como coordinador, profesor o conferenciante con diversas Instituciones (ETSIT, CEPT, UIT-T, Unión Europea, ESIC, Escuela Superior Militar, Universidad Carlos III, EOI, etc). Autor de publicaciones y ponente en foros internacionales.