La huella de Rita Levi-Montalcini

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"Me impresionó esta mujer de noventa y nueve años que narró con fluidez una vida interesantísima, que poca gente conoce, y que contiene todos los ingredientes para fascinar a cualquiera."

Cuando comenté a unos amigos que había asistido a la investidura de Rita Levi-Montalcini como Doctora Honoris Causa comprobé que ignoraban quién era esta mujer admirable. Sin embargo estoy casi segura de que la respuesta hubiese sido distinta ante un comentario como: “Ayer estuve en una fiesta con Paris Hilton”. Elijo este nombre al azar entre otros muchos que seducen con brillo ostentoso de bisutería en el escaparate mediático, mientras la nobleza de las verdaderas joyas permanece en la trastienda. No voy a dilucidar ahora sobre las causas por las que en nuestra sociedad se imponen unos valores sobre otros, eso se lo dejo a los sociólogos o a quien quiera polemizar sobre ello. Lo que sí quiero contar es que el pasado 23 de Octubre tuve el honor de asistir, en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid, a la investidura como Doctora “Honoris Causa” de la doctora Rita Levi-Montalcini. Me impresionó esta mujer de noventa y nueve años que narró con fluidez una vida interesantísima, que poca gente conoce, y que contiene todos los ingredientes para fascinar a cualquiera.

Una vida apasionante
La doctora Levi-Montalcini nació en 1909 en Turín en una familia judía de clase media. Estudió medicina en los años treinta, contra la voluntad de su padre, en una Escuela de Medicina donde había sólo siete mujeres entre 300 hombres. Se inició en la investigación científica con el eminente neurobiólogo Giuseppe Levi, considerándose también seguidora de Ramón y Cajal como manifestó durante el acto de investidura. Cuando terminó sus estudios se vio imposibilitada para ejercer ante el Manifiesto de Defensa de la Raza de Benito Mussolini que prohibía la presencia de los judíos en las Universidades. Trabajó como médico para los anglo-americanos, en 1944, para ayudar a los evacuados que los nazis expulsaron de Florencia. Finalizada la pesadilla bélica se trasladó a Estados Unidos donde continuó sus investigaciones de neurobiología experimental iniciadas en Italia en laboratorios clandestinos e improvisados. Refiere la doctora que llegó a investigar en la cocina de su casa. Su tenaz labor condujo en 1952 al descubrimiento del NGF, factor que ejerce una acción fundamental sobre el crecimiento de determinadas poblaciones de células nerviosas. Este descubrimiento de gran alcance para la biología, la genética, y la medicina ha posibilitado el tratamiento actual de tumores y el avance en los estudios sobre el comportamiento del sistema nervioso hasta el punto que mereció la concesión del Premio Nobel de Medicina en 1986. La doctora Levi-Montalcini trabajó en estrecha colaboración con reputados científicos de la talla de Giuseppe Levi o Víktor Hamburger.

Investigación y Ética
Además de por su descubrimiento, fundamental en el terreno de la neurobiología, Rita Levi-Montalcini se ha destacado por su dedicación y entrega a problemas ético-sociales relacionados con la salud femenina y la ayuda a los más desfavorecidos del planeta a través de la fundación que lleva su nombre. Asimismo, en septiembre de 2001 se propuso bajo su iniciativa la creación de un Instituto de Investigaciones del Cerebro (EBRI ) para atender a las patologías de naturaleza neuro degenerativa; un centro al que pueden acceder jóvenes investigadores italianos que antes se veían forzados a marchar a laboratorios extranjeros. Premio Nobel, Medalla de la Ciencia de los Estados Unidos, senadora vitalicia de Italia, estos son algunos de los reconocimientos obtenidos por la doctora Levi-Montalcini.

Para conocerla mejor me parecen muy significativos los versos de William Butler Yeats que figuran al comienzo de su autobiografía titulada, en su modestia, Elogio de la Imperfección:

El intelecto del hombre ha de elegir
entre la perfección de la vida y de la obra;
y si elige ésta, debe renunciar
a la morada celestial, rabioso y a oscuras,
y al final, ¿qué queda?
Con fortuna y sin ella, la labor dejó su huella:
aquella vieja perplejidad, un bolsillo vacío
o la vanidad del día, remordimiento de la noche.

Las elecciones
He aquí la contradicción implícita en toda vida humana en general: la inevitable encrucijada entre vida y obra o, incluso, entre nuestros más íntimos deseos y lo que se espera de nosotros. División agudizada, en el caso de Rita, como mujer en particular. Elección y, tras ella, renuncia a una vida “ordinaria”: lo que en aquel entonces se traducía para una mujer en “vida matrimonial”; lucha para conseguir sus deseos en el ámbito de lo familiar y también en ese otro más amplio de lo político en el tiempo que le tocó vivir. Sin aceite y contra el viento (Senz’olio controvento). Esta expresión, título de uno de sus libros, refleja de forma muy bella algunos momentos de su situación vital. Se dice que los marineros italianos vertían aceite sobre las olas para contrarrestar el ímpetu del mar durante las tempestades. La vida de Rita Levi-Montalcini es un ejemplo de lucha tenaz y continuada contra los múltiples escollos que surgieron en su camino.

Probablemente Rita, una científica genuina, además de tener que luchar y elegir, tuvo fortuna, y, como ella misma contó, fue capaz de aprovechar magníficamente ciertos hechos para lograr sus descubrimientos. Sin embargo, la presencia poderosa de esta mujer de noventa y nueve años y su narración, me dieron la certeza de que es alguien que no lleva los bolsillos vacíos. Me emocionaron vivamente su fuerza y su fragilidad durante la investidura. Como en el momento en el que, con los acordes de la música interpretada por la orquesta de cámara, entró en la sala del Paraninfo acompañada por sus padrinos: sus pies menudos lucían unos zapatitos abotinados de tacón, una concesión a la coquetería muy enternecedora a su edad que es algo anecdótico en una figura impresionante por su capacidad intelectual. Allí estaba ella, toda energía, el ejemplo vivo que es para todos. Una mujer que, con o sin tacones, siempre estará muy por encima y dejará huella.

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