¿Cómo superar una ruptura?

Para mí los finales siempre son comienzos: finaliza una etapa y algo nuevo nace. De cada uno depende que lo que está por venir merezca la pena. Y lo que quedó atrás siempre hay que optimizarlo: si fue negativo para aprender la lección y fortalecernos; si resultó ser una experiencia inolvidable, para recordarla eternamente y ser conscientes del privilegio que supuso formar parte de ella.

¿Es obligatorio pasar siempre página? Pues no, resulta que en multitud de ocasiones lo que provoca una ruptura son deseos de reconquistar a la persona que se aleja. Obviamente hay relaciones que no tienen marcha atrás, pero algunas son recuperables. Es complejo saber manejar los hilos en un entorno de dolor, rabia, despecho e incluso desesperación por la aparente pérdida de la persona amada, pero con autocontrol, focalizando la perspectiva al medio plazo y al objetivo final, se pueden conseguir los resultados anhelados. No es fácil -menos aún cuando entran en juego sentimientos- pero con voluntad y fortaleza interior -aplicables también a la consecución de otras metas vitales- las probabilidades de alcanzar lo deseado se incrementan considerablemente.

Nada escuece más al que no te valoró lo suficiente que verte feliz, exultante y triunfador. Las personas lastimosas, suplicantes, que se arrastran y se rebajan en la búsqueda de una segunda oportunidad jamás despiertan admiración ni ganas de volver a compartir momentos mágicos.  Detesto el rencor porque siempre hace más daño al que lo padece que al que se destina, pero ¿saben cuál es la mejor venganza? El éxito. Nada escuece más al que no te valoró lo suficiente que verte feliz, exultante y triunfador. Las personas lastimosas, suplicantes, que se arrastran y se rebajan en la búsqueda de una segunda oportunidad jamás despiertan admiración ni ganas de volver a compartir momentos mágicos.Lo que motivan es pena, y desde mi punto de vista, la amargura es incompatible con la pasión y la fascinación, tan necesarias en cualquier relación que se precie.



Ante un abandono inesperado, haz preguntas si las crees necesarias, pero si las respuestas son ambiguas o no te satisfacen, jamás pierdas los papeles. Si alguien no te ha apreciado en tu justa medida, no es merecedor de un sofocón ni de lágrimas innecesarias. Mantén la dignidad y sigue tu camino. Rodéate de los que te quieren, déjate mimar, cuidar y consentir. Dirige tus esfuerzos hacia tus proyectos personales y profesionales. Viaja, conoce, sonríe, amplía tus miras y perspectivas.

Y el día que menos te lo esperes -quizá cuando ya no te apetezca, lo tengas superado o seas feliz al lado de otro- aquel o aquella que se marchó por sorpresa, regresará a buscarte. Cierto es que hay relaciones problemáticas que no merecen segundas oportunidades, ni remota apetencia de rememorar la infelicidad que nos provocaron. También que en ocasiones tras la separación lo que apetece es tiempo para uno mismo –la bendita soledad deseada- o una temporadita de desenfreno y jolgorio ininterrumpido.  

Pero si lo que te pide el cuerpo es recuperar al culpable del abandono, te recomiendo cocinar esta receta a fuego lento: templa tus nervios para no montar ningún numerito, aléjate sin reproches, pasa una larga temporada sin dar señales –los sms son una tentación, pero sé estratega y piensa en el largo plazo: un mensaje a destiempo puede obstaculizar tu objetivo final- rehaz tu vida, triunfa, no descuides mostrarte cada día radiante al mundo entero. Volverán a buscarte. No es una ciencia exacta, pero casi. Lo que ocurra a partir de ese momento ya depende de ti…

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