El 7 de abril se celebró el Día Mundial de la Salud, una fecha que en 2025 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que sabemos sobre el cuerpo humano se construyó sin tener en cuenta a la mitad de la población? La respuesta es conocida, aunque sus implicaciones siguen subestimándose: la investigación médica ha operado durante décadas bajo un sesgo sistemático que ha tomado al varón adulto como modelo universal, dejando a la salud femenina en un terreno de incertidumbre científica con consecuencias clínicas reales.
Para las mujeres que gestionan su salud con la misma exigencia con que gestionan su vida profesional, este es un asunto que va más allá de la reivindicación: es una cuestión de acceso a información precisa, diagnósticos oportunos y tratamientos ajustados a su biología. La brecha en la investigación no es una abstracción académica; se traduce en infartos que no se identifican a tiempo, en enfermedades crónicas que tardan años en recibir nombre y en etapas vitales —como la menopausia— que siguen abordándose con recursos insuficientes.
Para analizar el estado actual de esta deuda y los desafíos que aún quedan por resolver, hemos reunido la mirada de dos profesionales de perfiles complementarios: Margarita Esteban Herrero, médica especializada en medicina estética y del envejecimiento con casi tres décadas de práctica clínica en el País Vasco, y Asun Arias, farmacéutica, divulgadora científica y emprendedora, cuyo trabajo se centra en mejorar la calidad de vida de la mujer adulta a través de la formación, la evidencia y soluciones específicas para el climaterio y la menopausia.
Las entrevistadas

Margarita Esteban Herrero, médica en Clínica Estética ME
Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco (1994), es especialista en medicina estética y del envejecimiento con formación complementaria en nutrición, homeopatía y oncología estética. Máster en Medicina Estética por la Escuela Española de Medicina Estética y posgrados en Bases Científicas en Medicina Cosmética y Medicina del Envejecimiento por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ejerce desde 1996 en Bilbao, con consultas en Vitoria y Pamplona, y forma parte de la Sociedad Española de Medicina Estética y la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética.

Asun Arias, farmacéutica y divulgadora científica
Farmacéutica con más de treinta años de experiencia en farmacia comunitaria, formación especializada y salud femenina, Asun Arias ha trabajado de forma directa con más de 1.600 farmacias a nivel nacional en los últimos cinco años. En 2024 lanzó Sweet by Asun Arias, una marca de complementos nutricionales y dermofarmacia concebida para acompañar los cambios físicos y emocionales del climaterio y la menopausia. Es creadora, además, de la línea Olyvia, y una referencia en divulgación sobre salud hormonal femenina.
Durante décadas, gran parte de la investigación médica se ha basado en modelos masculinos. ¿En qué aspectos concretos sigue teniendo consecuencias hoy ese sesgo en el diagnóstico, la prevención o el tratamiento de la salud de las mujeres?Margarita Esteban Herrero · Médica especialista
Durante décadas, la investigación médica ha tomado como referencia al hombre como modelo universal. Este sesgo ha dejado una huella profunda que todavía afecta al diagnóstico, la prevención y el tratamiento de la salud femenina. Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en la enfermedad cardiovascular, primera causa de muerte en mujeres. Mientras que en los hombres el infarto suele manifestarse con dolor torácico intenso, en las mujeres puede aparecer con síntomas más sutiles: fatiga, náuseas, dificultad respiratoria o dolor en la espalda y la mandíbula. Esta diferencia ha provocado, durante años, diagnósticos tardíos y peores resultados clínicos.
«La investigación médica ha tomado como referencia al hombre como modelo universal»
Otro caso es el dolor crónico, que históricamente se ha infravalorado en las mujeres, que ha sido atribuido con demasiada frecuencia a causas emocionales o psicológicas. Algo similar ocurre con muchas enfermedades autoinmunes —más prevalentes en mujeres—, cuyo diagnóstico suele retrasarse tras un largo peregrinaje médico.
En prevención, también persisten desigualdades. Las herramientas clásicas para evaluar el riesgo cardiovascular se desarrollaron a partir de poblaciones mayoritariamente masculinas, lo que ha llevado a infravalorar el riesgo real en etapas como la menopausia, donde los cambios hormonales desempeñan un papel determinante. La farmacología tampoco escapa a esta realidad: las mujeres presentan diferencias en la absorción, distribución y metabolismo de los fármacos, y sin embargo han estado infrarrepresentadas en los ensayos clínicos.
El resultado práctico es una mayor frecuencia de efectos adversos y tratamientos que no siempre responden a sus necesidades específicas. A todo ello se suma un factor menos visible, pero igualmente relevante: muchas mujeres refieren no sentirse escuchadas en la consulta, lo que puede retrasar diagnósticos y limitar el acceso a tratamientos adecuados.
Asun Arias · Farmacéutica y divulgadora científica
La mujer no puede abordarse desde el mismo enfoque biológico que el hombre, porque su fisiología responde a reglas propias. Hay tres factores que lo explican con claridad.
El primero es el eje hormonal: la mujer vive en un sistema cíclico con fluctuaciones constantes que impactan en el metabolismo, el sistema nervioso, la piel y la percepción del dolor.
El segundo es la cronobiología femenina, que condiciona la respuesta del organismo a lo largo del ciclo y de las distintas etapas vitales.
El tercero son precisamente esas etapas: desde la menarquia hasta la menopausia. Hoy sabemos que, dada la esperanza de vida actual, las mujeres pasarán más de un tercio de su vida en esta última fase, lo que exige un abordaje mucho más profundo y basado en evidencia.
Sin embargo, durante décadas la mujer ha estado infrarrepresentada en los ensayos clínicos, con el argumento de su variabilidad hormonal o el potencial embarazo. Esto ha generado una evidencia científica sesgada que todavía hoy impacta en la práctica clínica. Las diferencias no son menores: afectan al sistema inmune, al metabolismo, a la microbiota y a la farmacología. La mujer no solo necesita tratamientos distintos, sino también dosis ajustadas para evitar efectos adversos y garantizar la eficacia terapéutica.
«La mujer no solo necesita tratamientos distintos, sino también dosis ajustadas»
Más allá de los avances médicos, ¿qué aspectos de la salud femenina siguen infradiagnosticados, mal entendidos o poco atendidos en la conversación pública y en los sistemas sanitarios?
Margarita Esteban Herrero · Médica especialista
A pesar de los avances médicos y tecnológicos de las últimas décadas, la salud de las mujeres sigue teniendo zonas de sombra. El dolor crónico es uno de los ámbitos más claramente infradiagnosticados: muchas mujeres conviven durante años con síntomas persistentes —como en la fibromialgia o el dolor pélvico crónico— sin un diagnóstico claro o con la sensación de no ser tomadas en serio. Con demasiada frecuencia, estos cuadros se atribuyen al estrés o a factores emocionales, retrasando el abordaje adecuado.
La salud ginecológica no reproductiva es otro gran punto ciego. Enfermedades como la endometriosis, que afecta a millones de mujeres, siguen diagnosticándose con años de retraso. El dolor menstrual intenso continúa normalizándose socialmente cuando, en muchos casos, es un signo de patología subyacente. También la salud hormonal —más allá de la fertilidad— ha sido históricamente simplificada o ignorada: la menopausia afecta profundamente a la calidad de vida, pero sus síntomas —insomnio, niebla mental, cambios emocionales— no siempre reciben la atención clínica que merecen.
«El dolor menstrual intenso continúa normalizándose socialmente cuando, en muchos casos, es un signo de patología subyacente»
En salud mental persiste una doble lectura: mientras las mujeres son diagnosticadas con mayor frecuencia de ansiedad o depresión, condiciones como el TDAH en la mujer adulta o los trastornos del espectro autista en niñas siguen pasando desapercibidos, en parte porque los criterios diagnósticos se basaron en patrones masculinos. Respecto a las enfermedades cardiovasculares, aún existe una falsa percepción de menor riesgo femenino que contribuye a que muchas mujeres no identifiquen los síntomas a tiempo ni reciban intervenciones preventivas adecuadas.
La conversación pública empieza a cambiar, pero aún de forma insuficiente: hablar de salud femenina no puede limitarse a la maternidad o la estética. Implica abordar el bienestar físico, emocional y social de las mujeres a lo largo de toda su vida.
Asun Arias · Farmacéutica y divulgadora científica
Son muchos los frentes abiertos, pero hay tres especialmente relevantes. El primero, y quizá el más grave, es el riesgo cardiovascular. Aunque durante años se ha considerado una patología más frecuente en hombres, es la primera causa de muerte en mujeres. Tras la menopausia, el riesgo se iguala, pero los síntomas difieren: mientras el hombre suele presentar un dolor torácico claro, la mujer puede experimentar fatiga, disnea o náuseas, lo que retrasa el diagnóstico de forma sistemática.
El segundo gran punto es la invisibilidad de la endometriosis, que puede tardar hasta diez años en diagnosticarse, con un impacto profundo en la calidad de vida. El tercero es el síndrome de ovario poliquístico, cada vez más prevalente, asociado a infertilidad, resistencia a la insulina y un mayor riesgo metabólico y cardiovascular. A esto se suma la falta de prevención en momentos clave: la diabetes gestacional —especialmente en mujeres mayores de 35 años— no solo afecta al embarazo, sino que incrementa significativamente el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 años después.
En conjunto, seguimos llegando tarde: tarde al diagnóstico, tarde a la prevención y tarde a un abordaje verdaderamente adaptado a la biología femenina.


