Vivimos una nueva carrera espacial

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Nicole Junkermann, carrera espacial

La inversión en tecnología espacial, algo que para muchos era “el último reto para un inversor” está creciendo a un ritmo exponencial en todo el mundo.

En 2018, el banco americano Merrill Lynch estimó que el mercado espacial, entendiendo por ese mercado desde la fabricación de productos de ingeniería espacial a las infraestructuras necesarias para ellos, las aplicaciones del tipo de teléfonos por satélite o todo lo necesario para los servicios meteorológicos, movía, nada más y nada menos, que 339.000 millones de dólares.

Una carrera oficial con motivaciones diferentes

En ese informe, el banco además ofrecía otro dato aún más interesante, la inversión en ese sector llegará en 2045 hasta los 2.7 billones de dólares. En esta subida, será clave la aparición de un nuevo actor: los satélites de bajo coste. Esta tecnología extenderá la banda ancha, mejorará el transporte aéreo o hará llegar conectividad a las 4.000 millones de personas que, no lo olvidemos, aún no tienen acceso a Internet como nosotros.

El motor de esta nueva carrera oficial no es tanto la tecnología militar sino los intereses comerciales

Ante ese mercado potencial, no debe sorprendernos estar viviendo una nueva carrera espacial. Mientras las anteriores se habían librado entre las superpotencias del momento por llegar a la Luna o conseguir que un ser humano orbitara alrededor de la Tierra, ahora la protagonizan compañías privadas, y el motor no es tanto la tecnología militar como los intereses comerciales. Los consumidores de todo el mundo se han beneficiado de esta carrera disfrutando de mejoras como Internet, mejor calidad de televisión, o todo lo que suponen los satélites… pero nos espera mucho más.

Satélites del tamaño de un teléfono móvil

Para hacernos una idea, estos satélites de bajo coste no solo son más baratos de hacer, son también cada vez más eficientes y caben en la palma de una mano. Se llaman nanosatélites o CubeSats y es muy interesante pensar en todo lo que nos van a traer en campos como la agricultura, la energía, el transporte terrestre, los envíos internacionales o los coches autónomos. Puede sonar a ciencia ficción, pero ya hoy en día, un agricultor puede estar en cualquier parte del mundo y seguir cómo llega la información de un satélite a su producción y según esos datos se lanzan tareas a tractores y demás maquinaria de agricultura no manejados por humanos. Una de estas empresas tiene un lema claro “Mi papá solía conducir un tractor”.

Un futuro lleno de posibilidades

Pero estar conectados con estos satélites no solo ayudará a los agricultores, también se prevé que mejorará la calidad del agua, la del aire, facilitará las comunicaciones en momentos de emergencias y nos dará información vital para controlar el cambio climático.

Y eso es solo lo que prevemos según lo que vemos hoy, pero vendrán muchas más aplicaciones sorprendentes, así que… ¿no es el espacio algo en lo que vale la pena invertir?