El debate sobre cómo nombrar y categorizar la escritura femenina volvió a la superficie en uno de los escenarios literarios más relevantes de América Latina. Con motivo de la inauguración de la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), las escritoras Selva Almada, Leila Guerriero y Gabriela Cabezón Cámara protagonizaron una conversación que dejó en evidencia una tensión de fondo: la distancia entre la mayor presencia de las mujeres en la industria editorial y las categorías con las que aún se las encuadra.
El liderazgo y la visibilidad femenina en el sector cultural han crecido de forma sostenida en los últimos años, tanto en la producción literaria como en los espacios de decisión de editoriales, festivales y medios especializados. Ese avance, sin embargo, convive con dinámicas que tienden a agrupar a las autoras bajo etiquetas colectivas que, según ellas mismas, reducen la complejidad de su obra y su trayectoria individual.
Una crítica a la categorización
La periodista y escritora Leila Guerriero fue directa en su posicionamiento: señaló que la idea de «literatura femenina» no existe como categoría literaria y que colocar a las autoras en mesas específicas para hablar de ello funciona como un mecanismo que las separa del conjunto. «Nos ponen en una mesa con mujeres para hablar de literatura femenina, cuando tal cosa no existe», afirmó. Para Guerriero, esta clasificación aplana la conversación literaria y opera como un freno disfrazado de reconocimiento.
Selva Almada ofreció un matiz complementario: destacó que existe mayor visibilidad para las autoras en la actualidad, pero subrayó que eso no significa homogeneidad. Las mujeres que escriben hoy lo hacen desde lugares muy distintos, con voces, géneros y preocupaciones que no responden a un patrón común.
Gabriela Cabezón Cámara apuntó al fondo del argumento: las mujeres escriben como cualquier persona y el foco en el género como etiqueta no contribuye al reconocimiento real de su trabajo, del mismo modo que ocurre con otros grupos históricamente subrepresentados.
Una conversación con implicaciones más amplias
Este debate trasciende el ámbito literario y conecta con una pregunta que también recorre el mundo empresarial y profesional: ¿cuándo las iniciativas de visibilidad refuerzan la igualdad y cuándo terminan por segmentar en lugar de integrar? En sectores como la tecnología, las finanzas o la comunicación, muchas profesionales se enfrentan a dinámicas similares: son convocadas en representación de su género antes que por su área de especialización.
La discusión abierta en la Feria del Libro de Buenos Aires pone sobre la mesa una distinción útil para cualquier entorno profesional: la diferencia entre visibilizar el talento de las mujeres y reducirlo a una categoría de identidad. El primero amplía la conversación; el segundo, según las tres autoras, la limita.
Un aniversario con contexto
La 50ª edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, celebrada como uno de los principales eventos culturales de América Latina, reunió este año a autoras y autores de múltiples nacionalidades, con Perú como país invitado de honor y una destacada presencia de escritores españoles. La charla inaugural, moderada por la periodista María O’Donnell, fue uno de los momentos más comentados de la apertura, tanto por su contenido literario como por las reflexiones sobre el momento político y social que atraviesa Argentina.
El debate iniciado por Almada, Guerriero y Cabezón Cámara no es nuevo, pero sí pertinente. En un sector que avanza hacia una mayor representación femenina, la pregunta sobre cómo nombrar ese avance sin encorsetar a quienes lo protagonizan sigue siendo relevante, y no solo en las páginas de un libro.


