Repensando la paternidad

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La paternidad también está cambiando y hay hombres que reflexionan sobre esto. Lo sabe Francisco Aguayo un psicólogo chileno que no sólo forma parte sino que alienta debates y reconoce que queda mucho camino por recorrer. Dirige EME, Masculinidades y Equidad de Género, un espacio dedicado a la investigación social y el desarrollo de programas y redes en temas de masculinidades y equidad de género.

¿Cómo se articulan las nuevas conversaciones sobre paternidades?

Se está conversando cada vez más sobre la paternidad de los hombres, tanto en los medios de comunicación, en la academia, entre activistas, como en la vida cotidiana.

En los hechos, la mayoría de las funciones de cuidado –de niños y niñas, de ancianos y enfermos- es realizado por mujeres, muchas veces sin remuneración y con baja valoración de esas labores.Algunos de ellos traen consigo nuevas formas de disciplinamientos sociales, de culpabilización de algunas personas o identidades, de discriminación. Los estudios sobre hombres y en particular sobre paternidades están aportando desde hace un tiempo en nuestra región a la comprensión del fenómeno de las paternidades, a la visibilización de sus complejidades y a la ampliación de sus bordes. Aun queda mucho camino por recorrer.

¿Por qué hay muy pocos datos fácticos sobre paternidades en el mundo y no es una variable demasiado registrada?
La mayoría de los datos sobre cuidado y crianza son leídos desde la maternidad de las mujeres. Y en los hechos la mayoría de las funciones de cuidado –no solo de niños y niñas sino también de ancianos y enfermos- es realizado por mujeres, muchas veces sin remuneración y con baja valoración de esas labores.

Esto se debe en parte a la existencia de un discurso dominante acerca de quienes tendrían que hacerse cargo del cuidado y crianza de las/os niñas/os que plantea que es papel de las mujeres. Este discurso se basa en la tradición y en la naturalización del cuidado: si las mujeres son quienes gestan por nueve meses y luego amamantan, entonces ellas tienen que cuidar.

Los datos sobre el positivo impacto que tiene la presencia involucrada de los hombres en la paternidad atentan contra los privilegios masculinos de mantenerse alejados de las labores de cuidado y domésticas.

En realidad los datos sobre el positivo impacto que tiene la presencia involucrada de los hombres en la paternidad no son convenientes para el discurso dominante, son disruptivos, producen ruidos, y atentan contra los privilegios masculinos de mantenerse alejados de las labores de cuidado y domésticas y contra los privilegios femeninos como tener mayor contacto y cercanía con los hijos e hijas.

Los privilegios y las inequidades
Por otro lado, el modo como es construida socialmente la paternidad resulta en privilegios para los hombres. Así se observa, por ejemplo, en el privilegio de no cuidar de manera compartida con la madre si ocurre un embarazo, o de poder alejarse de sus hijos o hijas sin tanto castigo social como ocurre en cambio cuando una madre se aleja. De este modo hay más hombres que mujeres que no cuidan de sus hijos o que tienen poco contactos con ellos. Asimismo los hombres aportan menos porcentaje de sus ingresos al ingreso familiar.

Finalmente, es preciso decir que este ordenamiento también otorga privilegios para las mujeres – no solo inequidades o desventajas-, como poder estar más cerca de los hijos o hijas, mayor órbita de decisión en la socialización, e incluso a veces la posibilidad de excluir al padre o reemplazarlo por otro.

¿Cómo se relacionan cuidado y domesticidad con la paternidad?
Me parece estratégico hablar de cuidado en el término más amplio posible, considerando todas las formas de cuidado de otras personas, material y afectivo, y que puede ser ofrecido por cualquiera, desde los padres biológicos hasta cuidadores institucionales. De este modo paternidad y cuidado se relacionan íntimamente.

Por otro lado, observamos un discurso de mayor interés por la participación más activa de los hombres en tanto padres. Sin embargo, este discurso permea hacia las otras funciones domésticas distintas del cuidado de hijos o hijas, como las tareas domésticas, el cuidado de ancianos y de personas con problemas de salud física y mental. Se requiere mayor equidad de género en todas estas dimensiones. Para ello precisamos modificar el orden de género en sus cimientos, y socializar y educar a los hombres en el cuidado de otros. Adicionalmente se requieren mejores condiciones sociales para el cuidado como salarios adecuados, trabajos con adecuada protección y que permitan una mejor conciliación de la tensión entre el trabajo y la familia, entre la sobrevivencia y el cuidado.

*Extracto de la entrevista de Hugo Huberman a Francisco Aguayo para Artemisa

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