¿Qué queremos las mujeres?

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Siempre se habla de ello como si fuese la panacea, la Caja de Pandora, el Santo Grial… Miles de estudios profesionales, test, estadísticas, tesinas, recurrir a la metafísica y hasta a las cartas astrales sin conseguir desvelar ese misterioso “Expediente X”… ¡Pero si está “chupao” que dirían en mi tierra! Basta con preguntárnoslo a nosotras y lo confesaremos sin más complicaciones. Siempre hay excepciones: pérfidas mujeres que se supone disfrutan con conseguir la demencia -o el desplume- del panoli al que embaucaron con segundas intenciones. Pero las chicas de gran corazón -la mayoría- lo tenemos claro y además coincidimos en lo esencial.

Que nos cuidéis, nos miméis y nos hagáis sentir la única mujer del planeta aunque a nuestro alrededor abunden unos pibones de escándalo es un buen comienzo. Que respetéis nuestra opinión, nuestra forma de ver y vivir la vida, haciendo gala de grandes dosis de comprensión ayuda bastante. Si además sois capaces de prestarnos la atención deseada, sabiendo combinarla con diversión a gogó y un despliegue permanente de sentido del humor sin descuidar las constantes muestras de cariño, nos habréis ganado para siempre… ¡Ah, se me olvidaba! Sin agobiarnos y con una predisposición innata a la sinceridad. Ahí es na´, ¿eh? A priori puede parecer tarea titánica, pero todo es ponerse…

Más complicado resulta llegar a ser máster en Play Station -con tanto botón, vaivén, movimiento y colorín-, meter la bolita en el hoyo a más de cien metros con el swing adecuado, aprender a volar sobre las olas surfeando y habéis dedicado horas de esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas -y pasta, mucha pasta- hasta conseguir la perfección en tales cometidos. No hay excusas pues, para no alcanzar idéntica esmero en el trato a una dama, sin duda muuuuuuucho más valiosa que un videojuego, un palo o una tabla. Os daremos pistas para facilitaros la tarea ya que todos saldremos ganando. Las flores nunca fallan. Nos encanta recibir flores, por decenas, por docenas, por centenas… Las velas, las cenas románticas, las burbujas de un buen champagne rosado, la espuma de una bañera rebosante de pétalos de rosas, los sms que derriten (y los poemas escritos de puño y letra) no son cursis, son necesarios. Y no debéis olvidaros de las sorpresas. Ni de las joyas. Os aseguro que ninguna mujer hace ascos a una esmeralda del tamaño de un melón -podéis tomar como ejemplo las del Palacio de Topkapi-. Más cositas a tener en cuenta.

Cuando decís que nos vais a llamar a las siete, ¡debéis llamarnos a las siete! No aceptamos justificaciones del tipo “tengo memoria de pez”. Al igual que la tecnología que tanto idolatráis os avisa de reuniones y demás citas con 5, 10 o 15 minutos de antelación (a elección del usuario), también os puede avisar de que ha llegado la hora de la llamada prometida. Cuando nos arreglamos nos apasionan los piropos y que repitáis hasta un millón de veces lo estupendas que estamos. Pero mucho mejor que todo eso, es cuando después de una buena sesión de amor, o recién levantadas, o saliendo de la ducha, o con la cara lavada, o todo a la vez, nos miráis con cara de embobados para llamarnos reguapas. No dejéis de hacerlo.

Alguna -o muchas- estarán pensando que para qué tanta palabrería cuando en realidad lo que todas deseamos y nadie se atreve a confesar es que el hombre soñado sólo necesita dos requisitos: ¡buena cartera y mejor sexo! Pero yo os voy a confesar mi secreto: ¿sabéis que busco yo en un hombre? Trrrrrrrr (redoble de tambores…) Simplemente, ¡qué me haga feliz!

PD. Tirando de ironía, de humor, de verdades y de topicazos a partes iguales, este artículo es una manera divertida de desearos felices vacaciones y despedirme hasta septiembre.

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