Nuevo paradigma: la mujer posible

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Si el hombre Neosexual reemplazó al Metrosexual, la Supermujer habría dado paso a la Mujerposible. A este tema le da vueltas Mariela Mociulsky, quien llega a algunas conclusiones que marcan tendencia.

Cada sociedad sostiene cierto consenso sobre cuál es la imagen de hombre y de mujer socialmente deseable, imágenes que guían o advierten, y por las cuales los individuos son juzgados. Se trata de modelos o anclas, que constituyen la base de la auto percepción y la autoestima para los individuos. El género no está dado por la diferencia biológica entre hombres y mujeres, sino que es una construcción social, cultural afectada por los valores de época e históricamente construida. La evolución del modelo de mujer en nuestra sociedad fue iniciada por las mujeres junto con los reclamos y las conquistas del feminismo.

De Supermujer a Mujer Posible
Hasta hace poco, uno de los modelos más deseados para las mujeres fue el de “Supermujer”, lograr esa inalcanzable “completud” y poderlo todo. Y encontrábamos gradientes en relación a este ideal, que iba desde las más clásicas o tradicionales, las más “equilibradas” (o equilibristas) que valoran la armonía y que en general lograban encontrar algo de ésto ya pasados los treinta y pico, hasta las más “superadas”, liberales y emancipadas. Por supuesto con diferencias por nivel socioeconómico y edades, pero en general compartían este ideal de buscar ser “Super”, supermamá, supertrabajadora o supertodo.

El ideal femenino se perfila hacia una mujer más segura de sí misma, con menos necesidad de demostrar que se parece a un hombre o que puede tanto o más que él.

Desde los 90 aproximadamente, este modelo ha ido cambiando. La transformación y posibilidad de cambio, la capacidad de disfrute son valores de época, el ideal femenino se perfila hacia una mujer más segura de sí misma, con menos necesidad de demostrar que se parece a un hombre o que puede tanto o más que él, que puede tomar sus propias decisiones, que reconoce la fortaleza de su propia forma de percibir las emociones, que puede elegir qué tomar y qué no. Una mujer más sabia y menos “impostora”, que hace “lo posible”. La gran paradoja es que lo que encontramos en las investigaciones es que ese “lo posible” muchas veces termina siendo “TODO” (incluido el imperativo de disfrute!).

Modelos y vida cotidiana
Lo cierto es que nuestra época genera modelos más exigentes tanto para mujeres como para hombres.
Algunos rasgos permiten construir perfiles, anclados fundamentalmente en la diferencia por NSE y por generación:
La mujer ya no compra el modelo de la super mujer. Buscando equilibrio encuentra mayores desafíos que se solucionan a veces en la retracción del mundo laboral (por elección), la búsqueda de una vida más simple (reconsideración de expectativas demasiado exigentes) y las prácticas relativas al bienestar (anti stress, wellbeing, fitness). Si bien el multitasking eleva la autoestima (todo lo que soy capaz de hacer), también es la mayor fuente de agotamiento (¡24 horas no alcanzan!). Las mujeres ganaron terreno sin resignar los tradicionales, sumando así exigencias.

La motivación para la vida laboral está altamente condicionada por el NSE: en los NSE más bajos se trabaja para mantener el hogar, mientras que en los NSE medios/altos se está la profesionalización como mandato. Con la independencia económica sube la independencia personal que muchas veces se traduce en más exigencias en la vida de pareja. Vivir juntos conlleva el deseo/mandato de “ser felices” y no solamente continuar juntos porque no hay recursos económicos para vivir separados.

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