La semilla del cambio

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Hace diez meses Ted Turner impartió una sesión a un elenco de jóvenes emprendedores en la USC Marshall School of Business. Durante la misma, utilizó los versos que el siempre genial Shakespeare pone en boca de Ricardo II, “honor es mi vida y al revés. Quíteseme honor, vida también (mine is my honor, both grow in one. Take my honor from me and my lifeisgone)” para explicar su aproximación al concepto de liderazgo.

Mr. Turner afirmó que para él ser líder es, sobre todo, “ser íntegro”. La credibilidad y ascendencia para influir en otros la otorga el autoritas que emana del ejemplo humilde y constante del que actúa con honestidad y rectitud, me permito añadir. Liderar tiene mucho que ver con la capacidad de generar confianza y lograr que emane lo más excelso del ser humano.

Liderar tiene mucho que ver con la capacidad de generar confianza y lograr que emane lo más excelso del ser humano.Dicho esto, juguemos a diagnosticar. Si liderazgo, integridad y credibilidad son primos hermanos, ¿qué podría decirse del nivel de liderazgo de las instituciones presentes en la sociedad española en los albores del siglo XXI?

Algunos ejemplos de muestra. ¿Qué servicio puede dar a la democracia una judicatura en la que a la diosa Iustitia se le ha caído la venda? ¿Qué opinión le merece al ciudadano medio una clase política que en muchas ocasiones parece más preocupada en maquillar su imagen que en tratar con rigor y seriedad los asuntos de estado?

¿Qué visión se están forjando nuestros hijos de muchas grandes empresas que exigían a gritos lealtad y compromiso y ahora despiden masivamente a sus mayores con criterios ajenos al talento y a la profesionalidad? ¿Qué tranquilidad les da a los padres un sistema educativo reformulado en demasía y cuyos resultados están alcanzando mínimos históricos en comparación con nuestros vecinos europeos?

¿Qué servicio puede dar a la democracia una judicatura en la que a la diosa Iustitia se le ha caído la venda?Ahora tornemos la mirada hacia nosotros. En la radiografía anterior, ¿tengo algún grado de responsabilidad a nivel personal? C. Rogers en el proceso de convertirse en persona nos recordaba que “lo más personal es lo más universal”.

¿Qué hay en esa foto a nivel macro que me pone nervioso a nivel micro? ¿Qué podría hacer en mi día a día para cambiarla? Por ejemplo, ¿en cuántas ocasiones, si alguna, mis decisiones no se han visto guiadas principalmente por el valor justicia sino que otros intereses han ocupado su lugar? O, ¿cuál es mi grado de conciencia política a nivel individual? ¿Sirvo a la comunidad o me sirvo de ella? ¿Trampeo? ¿Lo justifico? ¿Cómo es mi día a día en al ámbito laboral? ¿Blindo mis contratos, aspiro a bonus extraordinarios y exijo a otros comprensión y flexibilidad ante los despidos alegando que no hay más remedio que apretarse el cinturón? ¿Cómo fomento el pensamiento crítico en mis hijos? ¿Qué tiempo de calidad dedico a ello?

¿Por dónde empezar? Me aventuro a soñar con que el cambio en la dimensión pública -judicatura, política, educación, empresa…- acontecerá si protegemos, mimamos y nos responsabilizamos de nuestra pequeña parcela individual. En el cultivo paciente, sereno y constante de la tierra se esconden las claves de una buena cosecha. La rutina anónima diaria es nuestra gran oportunidad. Cojamos el testigo. Nosotros nos lo merecemos, la sociedad también.

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