La alargada sombra del machismo

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Cuando después de mucho tiempo y esfuerzo trabajando para defender una causa se analiza la situación y se comprueba que se ha avanzado muy poco o que, lo poco que se ha conseguido corre el riesgo de perderse, la sensación es de desánimo, de estar frente a una misión imposible y que sería mejor tirar la toalla.

Estas son las sensaciones que a veces percibo cuando de hablar de machismo y su erradicación se trata; la tolerancia hacia actitudes machistas no parece haber decrecido y lo que es peor, estos comportamientos se manifiestan a veces en personajes públicos, que deberían ser una referencia y un ejemplo para la sociedad. Sorprende además la tolerancia de las organizaciones a las que pertenecen estos personajes, que muchas veces, en vez de encontrar un merecido rechazo, son amparados por el silencio y la comprensión de las mismas (y ya se sabe, quien calla otorga).

En efecto, nada habrá cambiado en una organización, por elevado que sea el número de mujeres que integre en sus equipos, si su modelo de comportamiento y gestión continúa basado en valores típicamente masculinos. El concepto de machismo es amplio y una interpretación del mismo sería considerarlo como una actitud de prevalencia del hombre y de los valores masculinos frente a la mujer y lo femenino. Desde este punto de vista, que la mujer consiga abrirse camino en el ámbito profesional y que progresivamente aumente su presencia en puestos de poder, no garantiza la erradicación del machismo.

En efecto, nada habrá cambiado en una organización, por elevado que sea el número de mujeres que integre en sus equipos, si su modelo de comportamiento y gestión continúa basado en valores típicamente masculinos. El machismo no habrá perdido la batalla, antes bien, habrá sumado adeptos a sus filas, paradójicamente reclutados entre las filas de quienes deberían aprovechar su nueva posición para combatirlo con más intensidad.

Son muchos los ejemplos que podrían citarse, pero ahí van algunos: Directivas que pudiendo aprovechar su nueva posición para racionalizar horarios laborales y favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar, se adaptan a los patrones establecidos y convocan reuniones a las 8 de la tarde. Mujeres en cargos públicos que en lugar de demostrar que otra forma de hacer las cosas es posible, aparecen involucradas en las mismas corruptelas que sus colegas varones. Competitividad, nepotismo, luchas de poder, intrigas de todo tipo, no parecen reducirse con la irrupción de la mujer, que incluso como hemos visto recientemente, presuntamente, dirimen sus diferencias a tiros, emulando al mejor de los "matones".

Una sociedad machista no habrá cambiado si los modelos machistas siguen vigentes, con independencia de quien los ostente. Si la mujer en su incorporación al mundo profesional o político lo hace haciendo profesión de fe de lo establecido, si no apuesta decididamente por los valores femeninos, por cambiar el statu-quo, no está luchando contra el machismo, lo está reforzando.

*Rafael de Sádaba es consultor de tecnologías y negocios.

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