Finaliza el ciclo: Las mujeres también investigan

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El ciclo anual “Las mujeres también investigan” ha celebrado en el Instituto Internacional la última ponencia de este año, en la que ha participado la catedrática de física nuclear Elvira Moya, que ha contado su trayectoria profesional de una forma amigable y cercana.

Llegar a ser catedrática de física nuclear no es fácil, sobre todo si añadimos la dificultad de serlo en la época en la que empezó Elvira, donde las ciencias de investigación estaban reservadas “al mundo de los hombres”. Esto no ha pasado desapercibido entre los asistentes, que han reconocido el mérito de esta brillante mujer.

A lo largo del extenso currículum de Elvira Moya, destaca, además de su cátedra, su título de Doctora en Ciencias Físicas por la Universidad de Zaragoza. En 1969 comenzó trabajando como profesora ayudante en la Universidad de Zaragoza y después ha continuado enseñando en otras universidades como la Universidad Complutense de Madrid, UNED, Universidad Autónoma de Madrid, Universidad de Extremadura y en el Massachusetts Institute Technology (MIT). Además, ha participado en más de 20 proyectos de I+D financiados en convocatorias públicas ha nivel nacional e internacional, ha ofrecido numerosas charlas y ponencias y ha dirigido tesis doctorales.

Entrevistada por la presidenta de la división “Mujeres en Física”, Pilar López Sancho, Elvira ha contestado de forma cercana y amigable a las preguntas sobre su vida profesional y cómo ha conseguido conciliarla con su vida familiar, ya que está casada y tiene dos hijos.

Biografía
Elvira asegura que desde pequeña tuvo vocación de humanista, pero al ser la menor de siete hermanos que habían dedicado su vida a las letras, su madre la instó para que estudiara ciencias, algo que le agradece. Se decantó por la física porque le parecía lo más difícil, “un reto personal”, porque en realidad le gustaban más la química y las matemáticas.

“La conciliación de la vida profesional y laboral ha sido muy dura”, ha añadido Elvira, que asegura que a veces tenía cargo de conciencia al dejar a su hija y su hijo de dos años solos para ir a trabajar. Se presentó a la oposición sin esperanzas de aprobarla. “Tuve suerte, porque el tema que me tocó me encantaba y lo clavé, supongo que el resto de opositores patinó en sus exámenes porque siendo mujer lo tenía más difícil que los demás”. Sacar la plaza supuso en la vida de la científica un impulso tremendo, algo que le ha dado mucha seguridad en sí misma.

A lo largo de su vida ha habido personas que le han ayudado y otras que le han puesto la zancadilla, “como a todos/as”, pero, sí es verdad que, si sus colegas de profesión no la conocían mucho, la juzgaban por el hecho de ser mujer, lo que a menudo le ha hecho sentir incómoda.

Dice que su marido le ha dado apoyo moral, pero como es de otra época, a ella siempre le ha quedado claro que lo primero en su vida es su familia, y el trabajo sólo un segundo plano. Le parece que la Ley para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres es muy positiva, pues “el machismo que hay en nuestro esquemas mentales no se cambian con argumentos, sino con hechos”.

Mujeres científicas
La primera Catedrática de física española ha sido Inmaculada Paz Andrade (1981). El Premio Nobel en Física sólo se ha concedido a mujeres en dos ocasiones: Marie Curie, en 1906, por sus trabajos en fenómenos de radiación y Marie Geppert-Mayer, en 1960, por su estudio de la estructura de las capas del núcleo. Ambas estaban casadas y tenían dos hijos e hijas.

La jornada finalizó con una interrogación sobre el futuro de Elvira Moya de Guerra ante su posibilidad y sueño de alcanzar el Premio Nobel. De momento, ha vuelto a dar clases en la universidad para transmitir el caudal de experiencia que tiene su vida a la gente joven.

 

 

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