De mercados perfectos a tormentas perfectas

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En mi anterior artículo –Emociones decisivas– comprobábamos cómo las personas persisten en errores propios y cómo se necesita gestionar inteligentemente las emociones para tomar decisiones efectivas.

La ilusión de racionalidad nos genera un sentimiento de certidumbre que, cuando es compartida, provoca la acumulación de sesgos colectivos. Es difícil escapar del "pensamiento grupal" que nos lleva a aceptar como válidas soluciones equivocadas porque es socialmente doloroso mostrarse en desacuerdo cuando hay conflictos de interés. Este fenómeno explica, que no justifica, el comportamiento grupal de las agencias de rating. Podemos comprobarlo en las conversaciones de mensajería instantánea de abril del 2007 entre empleados de S&P, que se han publicado estos días:

  • "Esta operación es ridícula"
  • "Lo sé, el modelo no captura la mitad del riesgo"
  • "No deberíamos calificarla"
  • "Nosotros calificamos todo". "Podría estar estructurada por vacas y nosotros la calificaríamos"
  • "Pero hay un montón de riesgo asociado"

En 2006, otro empleado de S&P envió un correo electrónico a un compañero en el que decía: "Espero que estemos todos jubilados cuando se venga abajo el sistema financiero".

En cuanto a Moody´s, un empleado anónimo declaró a finales de 2007 que "hemos estado llevando anteojeras, nunca hemos cuestionado la información que se nos daba…., hemos vendido nuestra alma al diablo por dinero". El propio consejero delegado, Raymond McDaniel, reconoció en el Comité de Dirección de octubre de 2007 que "la calidad del rating tiene pocos amigos", ya que emisores, inversores y banqueros presionaban para mantenerlos altos. Esto, junto con la presión interna por la cuota de mercado y los márgenes, podía "poner en riesgo el sistema financiero entero".

Alan Greenspan, en su comparecencia del 23 de Octubre ante el Comité de Supervisión del Congreso, declaró estar "en estado de estupefacción" por la magnitud del tsunami financiero, una auténtica tormenta perfecta. Admitió una imperfección en el modelo de libre mercado, que "las instituciones de préstamo no han cuidado del interés de sus accionistas". Reconoció que estuvo "parcialmente equivocado" al insistir en la desregulación de titulizaciones, contratos destinados a trasladar las pérdidas o ganancias a un nuevo titular, a los que Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo, llamaba "armas financieras de destrucción masiva".

El que fue presidente de la Reserva Federal hasta el 2006 también dijo que todavía no entiende bien lo que pasó. "La vigilancia de los gobiernos era indispensable y yo no lo vi". Parece decir "Yo pasaba por aquí", o como dice Bart Simpson: "Estaba así cuando llegué". Aunque alguien lo pueda poner en duda, Greenspan también es humano, por lo que funcionan en él los mismos mecanismos de eludir la responsabilidad y evitar el dolor de reconocer un error.

En la Global Alumni Reunion del IESE, el pasado 24 de octubre, tuve ocasión de escuchar el profundo análisis que hizo Michel Camdessus, director gerente del Fondo Monetario Internacional desde 1987 hasta 2000, de las causas e implicaciones éticas de la actual crisis. Habló de la ley de la historia económica que siempre olvidamos: que las crisis son siempre costosas, alrededor de 20 puntos del PIB y que el precio lo pagan siempre los más pobres. Dijo que la crisis vino de un sector desregulado de la economía y que, en la aldea global, cuando no hay guardias reinan los ladrones de gallinas. Ante un público de 1.500 empresarios y directivos, señaló una serie de faltas éticas, sin ahorrar calificativos:

  • Greenspan: Mantener artificialmente bajos los tipos de interés al 1%
  • Ausencia culpable de reglas
  • Comportamientos culpables: Atraer a personas sin solvencia con intereses bajos, exponiéndoles a perder sus ahorros.
  • Una falta grave: vender instrumentos derivados de esos créditos sin entenderlos ni explicarlos.
  • Negligencia grave: fiarse sólo de los organismos de rating, sin más análisis de riesgos
  • Error grave de los supervisores y gobiernos: no reaccionar más rápido ante comportamientos colectivos que ignoran las consecuencias.

Algunos de estos comportamientos los calificó directamente de criminales, pero como los transcribo directamente de su discurso oral, no me siento autorizada a reproducirlo aquí. Sí creo que será importante delimitar responsabilidades para que no acaben pagando justos (y pobres) por pecadores.

Hemos visto cómo la psicología individual y social pueden aportar al entendimiento de las causas que generan las crisis económicas: los comportamientos grupales, las decisiones individuales y el círculo vicioso que generan. También nos pueden ayudar a prevenir, más que predecir, las consecuencias de nuestros actos y tomar decisiones más efectivas.

*Beatriz Valderrama es Socia Directora de Alta Capacidad (www.altacapacidad.com), Licenciada en Psicología y PDG del IESE.

*El artículo fue originariamente publicado en Capital Humano.

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