De la Diversidad y el Derecho a la Vida

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El milagro de la vida tiene su nido en el vientre materno, y ni siquiera el robot más inteligente puede superar la exactitud y eficiencia con la que se encontrará este ser en desarrollo. Se alimentará cómodamente, oirá las voces de los que le aman, estará protegido del medio, y se moverá con facilidad en su hábitat acuoso.

Su ADN y estructura molecular traerán programado el impulso incontenible  de vivir la vida, su instinto reproductor hablará de multiplicación y luchará por ser aceptado como una verdadera entidad. Afuera se tejerá la vida y cada una de las tenidas a usar sin siquiera alterar su condición biológica y menos  psicológica.

La diversidad cultural, patrimonio común de la Humanidad, estará desplegada sobre su mesa en forma de razas, cultura, idiomas, acceder a este festín no será fácil habrá que pasar la lección del tiempo, de las probabilidades, oportunidades y capacidades.

Ya está declarada la Vida y según el artículo 3° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos esa vida a partir del primer día, es una vida respetable y esta acepción es vasta, elástica, ancha, contiene todos los haberes imaginables.

Ya está declarada la Vida y según el artículo 3° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos esa vida a partir del primer día, es una vida respetable y esta acepción es vasta, elástica, ancha, contiene todos los haberes imaginables.El amor a la vida o su desapego y poco respeto a ella, no sólo determinará a ese ser humano, sino a la sociedad que lo contiene. Así ocurre con el descontrol sobre el medio ambiente, con la industria de la guerra, con la drogadicción masiva, con el consumismo excesivo que fomenta la individualidad y la separación del humano de la naturaleza interna y externa. Todos estos hechos provocan  en mayor o menor grado un desequilibrio que llega a nosotros, agitando nuestras aguas. Ni siquiera este discernimiento me permite comprender el hecho deleznable que ha venido a tocar no sólo el alma materna de Chile, sino la de todo un  pueblo.

Se ha quitado la vida a un ser humano llamado Daniel Zamudio, joven gay de 24 años denigrándolo hasta su último suspiro, esto por ser diferente o más bien por parecer diferente frente a los ojos que lo juzgaron. Volvía de una fiesta, su familia y amigos lo describen como una persona de naturaleza tranquila que había aceptado  su condición y vivía sin alterar el mundo  de los demás.

La vida, independiente de la motivación que ella nos produzca, es un hecho extraordinario y respetable, es una casa a construir de la forma que cada obrero pueda, con los elementos que cuente, a veces sin un plano prediseñado, con cambios climáticos que producen demora, pero con el sueño y la determinación de lograr ese objetivo digno. Debería entonces, pensar que tal acto fue realizado por seres humanos alienados, desconectados de la realidad, empobrecidos espiritualmente, tal vez carentes de afectos, sin posibilidades, con un horizonte inexistente, y podría enumerar epítetos concluyentes en  este tema intentando la comprensión, pero como madre  exigiría  la justicia terrenal y el derecho a la pluralidad, así como sabiamente nos lo muestra la madre Naturaleza.

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, reza otro pasaje de la Declaración de los Derechos Humanos” que bien nos conviene  tener presente.

*Carmen Bustamante Universidad Santo Tomás y  Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile

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