Concluyó la novena edición del programa De Mujer a Mujer, impulsado por Fundación Integra y Banco Santander. Durante seis meses, 15 mujeres que han vivido situaciones de violencia de género participaron en un proceso de acompañamiento personalizado con el apoyo y compromiso de 15 profesionales voluntarias del Banco Santander. El objetivo principal fue facilitar su acceso al mundo laboral, con especial foco en la recuperación de la autoestima, la resignificación de las experiencias vividas y la construcción de un nuevo proyecto vital y profesional.
El programa se basa en una relación de mentoría individual entre cada participante y la profesional voluntaria. Esta mentora no actúa como instructora ni como figura salvadora, sino como referente cercana, disponible para compartir conocimientos, escuchar sin juicio y acompañar desde la empatía.
Antes de comenzar, las mentoras reciben una formación específica, a cargo de Fundación Humaniza, que les brinda herramientas para gestionar el acompañamiento emocional y comprender las particularidades del contexto de violencia que han atravesado las participantes. El proceso incluye sesiones individuales, talleres de empoderamiento, simulaciones de entrevistas, formación profesional y visitas a entornos laborales reales. Es un recorrido diseñado para fortalecer habilidades, recuperar la confianza y ofrecer una perspectiva concreta de futuro.
El programa se basa en una relación de mentoría individual entre cada participante y la profesional voluntaria
De mujer a mujer: el poder del acompañamiento profesional y humano
Desde su lanzamiento en 2017, el programa ha acompañado a más de 130 mujeres, con un índice de inserción laboral que ronda el 80%. Estos resultados reflejan la eficacia de una propuesta que no se limita a formar para el empleo, sino que trabaja sobre los múltiples factores —personales, emocionales y sociales— que inciden en la exclusión. La experiencia acumulada en ediciones anteriores ha permitido ajustar el enfoque e incorporar aprendizajes clave: la necesidad de contar con mentoras formadas específicamente, el valor de los vínculos sostenidos en el tiempo y la importancia de crear entornos de confianza donde las participantes puedan reconocerse como sujetas activas de su recuperación.
El testimonio de Ana y Leonor, recogido en una edición anterior y publicado por Mujeresycia, ilustra con claridad el funcionamiento del programa. Ana, con experiencia en recursos humanos y coaching, acompañó a Leonor, una mujer con formación cualificada que había dejado su carrera en pausa tras una situación de violencia.
Para Leonor, volver a proyectarse en el mundo laboral requería algo más que redactar un currículum. Era necesario reconstruir una narrativa de sí misma que no estuviera marcada por la condición de víctima. En sus palabras, “volver a sentir que soy una persona antes que una víctima fue crucial para mí”. Ana, por su parte, entendía que el rol de la mentora no era resolver, sino estar presente con respeto y constancia: “Lo más importante es tener empatía, ponerte en sus zapatos… mucha escucha, mucho refuerzo de sus habilidades”.
Historias como la suya muestran que la mentoría entre mujeres puede tener un impacto real y duradero. Al acompañar desde la experiencia profesional y la cercanía emocional, las mentoras ayudan a restablecer el vínculo entre las participantes y el mundo del trabajo. No se trata solo de facilitar el acceso a un empleo, sino de construir las condiciones para que ese acceso sea sostenible y se inscriba en un proceso más amplio de recuperación de autonomía.

Reflexiones finales
Durante el acto de cierre de esta novena edición, Celina Íñiguez, directora global de Cultura de Banco Santander, destacó el valor del voluntariado como herramienta para generar impacto social: “Esta iniciativa refleja nuestro compromiso con la inclusión y la empleabilidad, y demuestra cómo, a través del voluntariado, es posible generar un impacto real en la vida de las personas y avanzar hacia una sociedad más justa«.
Desde Fundación Integra, su directora general, Ana Muñoz de Dios, puso el foco en la transformación que atraviesan las participantes y en el papel fundamental de las mentoras como referentes y apoyo emocional: «Vuestro apoyo ha sido clave para que recuperen la autoestima, encuentren nuevas oportunidades y comiencen a construir una nueva vida junto a sus familias».
La mentoría entre mujeres, tal como se plantea en De Mujer a Mujer, no es un gesto simbólico ni una acción puntual. Es una práctica profesionalizada, con enfoque de género y capacidad de transformación. En contextos donde la violencia ha generado rupturas profundas, esta metodología ofrece un camino posible para reconstruir vínculos, activar capacidades y recuperar la agencia. Su replicabilidad en otros entornos depende, en gran parte, de que se mantenga el compromiso institucional, se forme adecuadamente a las mentoras y se sostenga el acompañamiento más allá de los resultados inmediatos.


